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Murió Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y emblema de la lucha por los derechos humanos

La histórica referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora falleció este domingo a los 95 años en el Hospital Italiano. Su vida quedó marcada por la desaparición de su hijo Alejandro y por una militancia incansable por Memoria, Verdad y Justicia.
Domingo, 14 de junio de 2026 20:58
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Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y una de las voces más reconocidas de la lucha por los derechos humanos en la Argentina, falleció este domingo a los 95 años en el Hospital Italiano, donde permanecía internada. La noticia fue confirmada por sus familiares y allegados a través de un comunicado difundido durante la noche, en el que informaron que su muerte se produjo a las 19.20 del 14 de junio y anticiparon que en las próximas horas se comunicarán los detalles de la despedida. “30 mil detenidos desaparecidos, presentes ahora y siempre”, expresaron desde su entorno en el mensaje con el que despidieron a una figura central de la memoria colectiva del país.

La muerte de Taty Almeida provocó una profunda conmoción entre organismos de derechos humanos, dirigentes políticos, militantes, docentes, estudiantes y miles de personas que la reconocieron durante décadas como una de las Madres que transformó el dolor personal en una causa colectiva. “Gracias por haber acompañado sus relatos. Nos dio mucha felicidad a todos”, manifestaron sus allegados al confirmar la noticia. De acuerdo con lo trascendido, el velatorio de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora podría realizarse en el sindicato de Telecomunicaciones FOETRA.

Quién era Taty Almeida

Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, conocida entrañablemente como Taty Almeida, nació el 28 de junio de 1930 en el barrio porteño de Belgrano. Fue docente, madre, abuela, militante y una de las referentes más queridas y respetadas del movimiento de derechos humanos. Su historia personal estuvo atravesada por una paradoja que ella misma solía narrar: creció en una familia de fuerte raigambre castrense y en un entorno social atravesado por miradas conservadoras y antiperonistas, pero terminó convirtiéndose en una de las principales denunciantes del terrorismo de Estado y de los crímenes cometidos antes y durante la última dictadura cívico-militar.

Su vida familiar estuvo marcada por su matrimonio con Jorge Almeida y por el nacimiento de sus tres hijos: Jorge, Alejandro y María Fabiana. Durante años llevó una vida alejada de la militancia pública, hasta que la desaparición de Alejandro Martín Almeida, ocurrida el 17 de junio de 1975, modificó para siempre su destino. Desde entonces, Taty inició una búsqueda que primero fue individual, desesperada y llena de puertas cerradas, y que luego se convirtió en parte de una lucha colectiva junto a otras mujeres que reclamaban por sus hijos desaparecidos.

La desaparición de Alejandro, el hecho que cambió su vida

Alejandro Martín Almeida tenía 20 años cuando fue secuestrado y desaparecido durante el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón. Trabajaba en la agencia estatal Télam, cursaba el primer año de Medicina y también se desempeñaba en el Instituto Geográfico Militar. Su desaparición fue atribuida a la organización paraestatal Triple A, que actuó antes del golpe de 1976 y que fue responsable de persecuciones, atentados y asesinatos contra militantes políticos, sociales, sindicales y estudiantiles. Aquella noche, Alejandro salió de su casa con una frase que su madre repetiría durante toda su vida: “Esperame, ya vengo”. Nunca regresó.

En los primeros años de búsqueda, Taty recurrió a contactos vinculados al mundo militar, confiando en que alguien pudiera darle una respuesta sobre el paradero de su hijo. Golpeó puertas, pidió audiencias y buscó información en ámbitos donde luego comprendió que no encontraría verdad ni justicia. Ese recorrido, atravesado por la desesperación y la falta de respuestas, fue el inicio de una transformación política y humana que la llevaría a convertirse en una de las voces más firmes de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

Los poemas de Alejandro y el nacimiento de una militante

Uno de los momentos más decisivos en la vida de Taty ocurrió cuando revisó las pertenencias de Alejandro y encontró una agenda con poemas manuscritos. En esos textos descubrió una dimensión íntima de su hijo que desconocía: su sensibilidad, sus ideales, sus convicciones y su compromiso político. Aquellos poemas, que años más tarde serían publicados en el libro “Alejandro, por siempre... amor”, se transformaron para ella en una revelación. Taty solía decir que había parido a sus tres hijos, pero que Alejandro también la había parido a ella, porque de ese dolor nació una nueva mujer, una militante de la memoria y de la vida.

Esa transformación fue profunda. Taty dejó atrás prejuicios de clase, mandatos familiares y certezas heredadas para abrazar una lucha que ya no era solo por Alejandro, sino por todos los detenidos desaparecidos. Con el tiempo, su voz se volvió una de las más claras del movimiento de derechos humanos argentino. Su forma de hablar, cálida y firme a la vez, la convirtió en una figura cercana para distintas generaciones. No hablaba desde el odio ni desde la revancha, sino desde una exigencia persistente de justicia legal, como solía remarcar cada vez que defendía los juicios a los responsables del terrorismo de Estado.

Su llegada a Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora

En 1979, Taty Almeida se acercó a Madres de Plaza de Mayo. Allí encontró a otras mujeres que atravesaban el mismo dolor y comprendió que la búsqueda debía dejar de ser solitaria para transformarse en una causa histórica. El pañuelo blanco, símbolo universal de las Madres, pasó a formar parte de su identidad pública y de su compromiso cotidiano. Desde entonces, participó de rondas, marchas, charlas, actos, juicios, homenajes y encuentros con jóvenes, siempre con la misma consigna: Memoria, Verdad y Justicia.

Después de las diferencias internas que atravesaron al movimiento, Taty quedó vinculada a Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, espacio que integró durante décadas y del que llegó a ser presidenta. Desde ese lugar mantuvo una postura inclaudicable en defensa de los derechos humanos, la continuidad de los juicios por delitos de lesa humanidad, la identificación de restos de desaparecidos y el acompañamiento a familiares que aún buscan respuestas. Su militancia trascendió lo partidario y se convirtió en una referencia ética para gran parte de la sociedad argentina.

“La única lucha que se pierde es la que se abandona”

Una de las frases que definió su vida pública fue: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”. Taty la repitió en entrevistas, actos, escuelas, universidades y movilizaciones. Esa consigna sintetizó su manera de entender la militancia: no como una tarea circunstancial, sino como una responsabilidad histórica frente a las nuevas generaciones. Aun en los momentos más difíciles, cuando el paso del tiempo, la edad o el cansancio parecían imponerse, ella insistía en que la memoria debía seguir viva y que el reclamo por justicia no podía quedar encerrado en el pasado.

Su vínculo con los jóvenes fue uno de los rasgos más importantes de sus últimos años. Taty celebraba cada vez que estudiantes, militantes y nuevos colectivos se acercaban a escuchar la historia de las Madres. Veía en ellos la garantía de continuidad de una lucha que había nacido del dolor, pero que se sostuvo por amor, convicción y compromiso democrático. En cada charla, volvía a contar quién era Alejandro, qué significaba buscar a un hijo desaparecido y por qué la democracia argentina debía sostener la memoria como una política activa.

Una vida dedicada a la Memoria, la Verdad y la Justicia

A lo largo de más de cuatro décadas, Taty Almeida se convirtió en una presencia imprescindible en la Plaza de Mayo y en todos los espacios donde se reclamó justicia por los crímenes del terrorismo de Estado. Su militancia fue reconocida por organismos, instituciones educativas, sindicatos, agrupaciones sociales y espacios culturales. En 2011, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires la declaró Personalidad Destacada de los Derechos Humanos, un reconocimiento a su trayectoria y a su aporte a la construcción democrática.

Taty no solo fue una Madre de Plaza de Mayo. Fue también una docente que entendió la transmisión de la memoria como una forma de enseñanza. Su relato tenía la fuerza de la experiencia personal, pero también la claridad política de quien comprendió que la desaparición de su hijo formaba parte de una trama más amplia de violencia estatal y paraestatal. Por eso, cada vez que hablaba de Alejandro, también hablaba de los 30 mil desaparecidos, de las familias que nunca dejaron de buscar y de la necesidad de sostener los juicios como una conquista de la democracia argentina.

 

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