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El 16 de junio de 1955, una treintena de aviones de la Marina de Guerra y de la Fuerza Aérea bombardearon y ametrallaron Plaza de Mayo, la Casa Rosada y la sede de la CGT, en un intento de golpe de Estado que buscaba asesinar al entonces presidente Juan Domingo Perón y derrocar a su gobierno.
El ataque comenzó pasado el mediodía y se extendió durante casi cinco horas, hasta las 17:40, cuando los sublevados se rindieron ante las tropas leales al gobierno nacional. Se calcula que se arrojaron alrededor de 14 toneladas de bombas sobre el centro porteño en pleno horario laboral, lo que multiplicó la cantidad de víctimas civiles.
Según estimaciones de distintos historiadores, el bombardeo dejaría un saldo de más de 350 muertos y cerca de 2.000 heridos, aunque la investigación oficial del Archivo Nacional de la Memoria, realizada en 2009, logró identificar a 308 víctimas fatales y advirtió que la cifra real podría ser mayor debido a los cuerpos mutilados o calcinados que nunca pudieron reconocerse.
Una de las escenas que quedó grabada en la memoria de esa jornada fue la de un trolebús repleto de pasajeros que recibió el impacto directo de una de las primeras bombas. En las morgues, muchas víctimas debieron ser identificadas por sus delantales de trabajo, ya que sus cuerpos resultaron irreconocibles.
Un ataque para quebrar el apoyo popular
El bombardeo se produjo apenas cuatro años después de que Perón fuera reelecto con el 62,54% de los votos. Para los sectores militares, políticos, eclesiásticos y de la Sociedad Rural que conspiraban contra el gobierno, esa diferencia hacía imposible derrotarlo en las urnas. Por eso el objetivo del ataque no era solo militar: buscaba sembrar terror entre la población trabajadora y romper su adhesión al gobierno constitucional, golpeando además la sede de la CGT.
El intento de golpe fracasó esa misma tarde, pero sentó un precedente directo: tres meses después, el 16 de septiembre de 1955, un nuevo levantamiento militar sí logró derrocar a Perón a través de la autodenominada Revolución Libertadora, que lo obligó a un exilio que se prolongaría hasta 1972.
De la "masacre olvidada" al primer monumento
Durante décadas, el Bombardeo a Plaza de Mayo quedó como un capítulo silenciado de la historia argentina. Recién en 2005 la Secretaría de Derechos Humanos abrió la primera investigación oficial sobre lo ocurrido aquel 16 de junio. Tres años más tarde, en 2008, se inauguró frente a la Plaza de Mayo el primer monumento oficial dedicado a las víctimas, bautizado "Del cielo los vieron llegar".
En 2009 se sancionó la ley 26.564, que reconoció el derecho de las víctimas y sus familiares a percibir una indemnización del Estado. Hasta el día de hoy, ninguno de los responsables del ataque fue juzgado por lo ocurrido.