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La renuncia de Manuel Adorni abrió una nueva etapa en el Gobierno nacional y aceleró las conversaciones internas para definir quién quedará al frente de la Jefatura de Gabinete. En ese tablero, el nombre de Diego Santilli quedó instalado como el principal candidato para ocupar el cargo. El actual ministro del Interior aguardaba este domingo una convocatoria para reunirse con el presidente Javier Milei en la Quinta de Olivos, un paso considerado clave antes de avanzar con una eventual designación oficial.
La salida de Adorni, presentada en medio de las denuncias por presunto enriquecimiento ilícito y del creciente desgaste político que acumulaba desde marzo, provocó un sacudón dentro de la administración libertaria. Milei sostuvo a su exvocero y jefe de ministros hasta donde pudo, pero el escenario parlamentario, la presión opositora y el costo interno de mantenerlo en el cargo terminaron por forzar un desenlace que el Gobierno intentó ordenar como una salida institucional. Ahora, la Casa Rosada busca cerrar ese capítulo y relanzar la gestión con una nueva estrategia política.
Santilli, a la espera de una señal de Olivos
Por estas horas, Santilli espera el llamado presidencial para asistir a una reunión en la residencia de Olivos. Ese encuentro sería el movimiento formal que terminaría de encaminar la sucesión de Adorni y permitiría definir los términos de su eventual desembarco como jefe de Gabinete. Aunque en el Gobierno todavía no hubo una confirmación oficial, en los despachos libertarios reconocen que el exdirigente del PRO aparece como el nombre con mayor volumen político para asumir una función que requiere negociación, articulación y manejo cotidiano de la relación con las provincias.
El viernes pasado, Santilli ya había mantenido una reunión con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, en la que se abordó la posibilidad de que asumiera la Jefatura de Gabinete. En ese diálogo también se conversó sobre una modificación central para la nueva etapa: que el Ministerio del Interior vuelva a quedar bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete, con el objetivo de ordenar la relación política con los gobernadores y concentrar en una misma terminal las negociaciones institucionales del Gobierno.
Una nueva estrategia con los gobernadores
El posible desembarco de Santilli no sería solo un cambio de nombres. En la Casa Rosada lo leen como parte de un intento de relanzamiento político de la gestión de Javier Milei. Después de meses de tensión con distintos sectores de la oposición, dificultades para construir mayorías legislativas y una relación fluctuante con los mandatarios provinciales, el Gobierno apuesta a una figura con mayor experiencia territorial y capacidad de diálogo para encarar la segunda mitad del año.
Santilli llegaría con una tarea concreta: reconstruir puentes. Su perfil, más acostumbrado a la negociación política que al formato confrontativo que dominó buena parte de la comunicación oficial, podría funcionar como una pieza de equilibrio entre el núcleo duro libertario, los aliados parlamentarios, los gobernadores y sectores del PRO que todavía observan con atención el rumbo del Gobierno. La apuesta es que el nuevo jefe de Gabinete pueda transformar la necesidad política en resultados concretos, especialmente en el Congreso.
La Casa Rosada sabe que, tras la salida de Adorni, necesita recuperar iniciativa. El Gobierno no solo debe ordenar la sucesión, sino también mostrar que el cambio responde a una estrategia y no únicamente a una crisis. Por eso, el rol de Santilli aparece vinculado a una etapa de mayor articulación federal, con negociaciones más frecuentes con las provincias y con una agenda legislativa que requerirá acuerdos más amplios para avanzar.
El cierre del capítulo Adorni
La renuncia de Adorni llegó después de semanas de presión política, parlamentaria y judicial. El exjefe de Gabinete había quedado bajo la lupa por acusaciones vinculadas a un presunto enriquecimiento ilícito, mientras la oposición empujaba cuestionamientos cada vez más fuertes en el Congreso. Milei evitó pronunciarse de manera directa sobre su salida y, hasta el momento, solo se limitó a republicar un mensaje de despedida de su hermana Karina Milei y una reflexión crítica de Patricia Bullrich hacia el exfuncionario.
Dentro del oficialismo, la salida fue interpretada como un intento de evitar una crisis mayor. Adorni había sido una de las figuras más visibles del Gobierno, primero como vocero presidencial y luego como jefe de Gabinete, pero su continuidad se volvió cada vez más difícil de sostener. La renuncia, sin embargo, no alcanzó para desactivar los cuestionamientos opositores, que ahora se trasladan a otro frente: su continuidad como representante del Estado nacional en el directorio de YPF.
La oposición apunta a su cargo en YPF
Distintos dirigentes opositores comenzaron a reclamar que Adorni también deje su lugar en el directorio de YPF, donde fue designado como representante del Estado nacional. El planteo se profundizó después de su renuncia a la Jefatura de Gabinete, bajo el argumento de que ya no existirían motivos políticos ni institucionales para que continúe ocupando ese puesto en la petrolera de mayoría estatal.
Uno de los principales cuestionamientos apunta a la remuneración que percibiría por ese cargo, estimada en alrededor de US$15.000 mensuales. La cifra volvió al centro del debate tras su salida de la Casa Rosada y alimentó las críticas contra el Gobierno, que intenta presentar la renuncia como un cierre ordenado mientras la oposición insiste en que el caso todavía tiene derivaciones pendientes.
El diputado nacional Esteban Paulón fue uno de los dirigentes que salió con mayor dureza a cuestionar la salida de Adorni. Aseguró que la renuncia fue consecuencia de la presión política, judicial y parlamentaria, y sostuvo que el Gobierno buscó presentar como prolijo un desenlace que, según su mirada, estuvo marcado por el escándalo. Para el legislador, mantener a Adorni en YPF mientras enfrenta investigaciones judiciales sería un error político y un mal mensaje hacia la ciudadanía.
“Funcionario que está investigado por presunto enriquecimiento ilícito, dádivas y negociaciones incompatibles con la función pública que se quede en una silla de YPF ganando millones de pesos por mes es un insulto a la ciudadanía argentina”, afirmó Paulón. En la misma línea, advirtió que sostenerlo en ese lugar representaría “otro mensaje de este Gobierno de que reproduce lo peor de la casta, que a uno de los propios se lo protege y no se lo deja bajo la lluvia”.
El PRO mira con buenos ojos a Santilli
Mientras crecen los reclamos por el futuro de Adorni en YPF, el PRO envió señales de acompañamiento a la posible designación de Santilli como jefe de Gabinete. En algunos sectores del partido también hubo gestos que parecieron celebrar la renuncia del exfuncionario, cuya permanencia había generado tensiones entre aliados del oficialismo. La eventual llegada de Santilli podría servir, además, para reforzar los vínculos entre La Libertad Avanza y una parte del PRO que viene acompañando al Gobierno en votaciones clave.
El movimiento también permitiría a Milei ordenar mejor la interlocución con los gobernadores. Santilli, que asumió el Ministerio del Interior con la misión de recomponer la relación con las provincias, podría ampliar ese rol desde la Jefatura de Gabinete si finalmente se confirma su designación. La idea que sobrevuela en la Casa Rosada es que la política deje de funcionar como un área fragmentada y pase a tener una conducción más clara, con capacidad para negociar, contener conflictos y anticipar escenarios legislativos.
Ravier y una nueva etapa en la comunicación oficial
El relanzamiento que analiza el Gobierno no se limita a la Jefatura de Gabinete. También incluye una nueva etapa en la vocería presidencial, con Adrián Ravier como voz oficial del Poder Ejecutivo. La combinación de Ravier en la comunicación institucional y Santilli en la gestión política apunta a reordenar dos frentes sensibles para la administración libertaria: el mensaje público y la construcción de acuerdos.
Con ese esquema, Milei busca atravesar la segunda mitad del año con mayor iniciativa, mejores resultados en el Congreso y una relación más funcional con los gobernadores. La salida de Adorni dejó expuesta una crisis que el Gobierno necesita convertir rápidamente en una oportunidad de reconfiguración. Santilli, por ahora, espera el llamado de Olivos. Si esa reunión se concreta, podría empezar formalmente una sucesión que la Casa Rosada imagina como el punto de partida para una nueva etapa política.