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La salida de Manuel Adorni y el arribo de Diego Santilli le permite al Gobierno contener a los aliados -molestos con la decisión de Javier Milei de sostener al exjefe de Gabinete-, evitar la embestida de la oposición que se encaminada a echarlo, y, a la vez, retomar la agenda parlamentaria paralizada por el escándalo.
La presión de bloques como el PRO, la UCR y legisladores provinciales fue clave para forzar la renuncia. Adorni había intentado defenderse afirmando que sus declaraciones estaban en orden, pero la omisión de más de US$500 mil en su declaración jurada de 2023 terminó debilitando su posición. La situación había frenado proyectos clave del Gobierno en el Congreso y expuesto grietas en La Libertad Avanza.
Después de la sucesión de pruebas que la Justicia recibía sobre el dudoso enriquecimiento de Adorni, el PRO y la UCR habían advertido que, de no producirse la renuncia, avanzarían en el Congreso con medidas contra él. En Diputados, Martín Menem logró contener a su tropa, mientras que en el Senado, Patricia Bullrich negoció modificaciones en Labor Parlamentaria para evitar el quórum necesario que habilitara la moción de censura. Pero la calma no llegaba en el Congreso y en ambas Cámaras ya estaban encaminados pedidos de interpelación.
Ahora en la "era" Santilli, el Ejecutivo espera reparar los vínculos políticos.
Ayer, después de que el Presidente confirmara la designación de Santilli, la primera que saludó la "buena nueva" fue Patricia Bullrich, quien también fue la primera en pedir que Adorni explicara su patrimonio o se fuera.
"Vamos a acompañarte desde el Congreso para estar a la altura del cambio que eligieron los argentinos", publicó Bullrich en X.
"Si queremos cambiar el país de verdad, teníamos que dejar de lado las distracciones y discutir las leyes importantes que impulsa el Presidente", añadió. La alusión al "renunciado" no dejó dudas de que el escándalo estaba raspando las relaciones.