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En pleno repunte de la tensión por la disputa de soberanía sobre las islas Malvinas, veteranos argentinos y familiares de caídos regresaron esta semana a los escenarios de la guerra de 1982 contra Reino Unido. El viaje estuvo marcado por sensaciones y emociones: el hambre, el frío, los compañeros muertos y las despedidas pendientes 44 años después.
En medio de un paisaje inhóspito, las 230 cruces blancas del cementerio argentino de Darwin aparecen entre kilómetros de campo abierto. Para llegar hay que atravesar un camino de ripio que comienza al finalizar la base militar británica de Mount Pleasant. Los once integrantes del grupo se dispersaron al llegar. Algunos buscaron a amigos y compañeros; otros, a hermanos o familiares a los que nunca pudieron despedir. Dejaron cartas, banderas y rosarios, abrazaron las lápidas y lloraron. Ramón Robles, quien lideró la delegación, llevó además las cenizas de un excombatiente fallecido el año pasado que había pedido descansar junto a sus compañeros.
Robles definió el viaje como una oportunidad para "cerrar etapas y librarse de fantasmas". Durante siete días, el grupo recorrió montes, playas y campos donde todavía quedan trincheras, fortificaciones y restos de municiones. Cada lugar despertó recuerdos sobre dónde durmieron, combatieron o pasaron hambre y frío.
Eduardo Albornoz tenía 18 años y apenas tres semanas de instrucción militar cuando fue enviado a las islas. Recuerda que, durante el bloqueo británico, la comida llegó a reducirse a dos pequeñas tazas de sopa de sémola por día. Al regresar al continente, había perdido 14 kilos.
La guerra dejó 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños muertos. Albornoz aseguró que volver a Darwin y al Monte Longdon le provocó una profunda tristeza y calificó el conflicto como una guerra "absurda".
La experiencia también llevó a los veteranos a reflexionar sobre el presente. Consultados por las recientes medidas de Javier Milei respecto al reclamo de soberanía, coinciden en que se trata de un "postureo intrascendente", similar al de gobiernos anteriores que, según dicen, no lograron ningún avance significativo. En ese sentido, señalaron que la recuperación de las islas debería buscarse mediante la negociación y la transmisión de la memoria a las nuevas generaciones.