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Las reformas electorales suelen ser el síntoma de que el circunstancial oficialismo no las tiene todas consigo cuando empieza a transitar los últimos 14 meses de su mandato. El propósito de Javier Milei de eliminar las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias deja esa sensación; la idea no es original pues varios gobernadores ya tomaron esa medida. Nadie quiere correr el riesgo de que aparezca un personaje inesperado. Y, hasta ahora, esa esa una posibilidad fuerte para 2027
Pero las PASO, que obligan a la gente a votar varias veces al año, fueron creadas para suplir las anémicas elecciones internas de los partidos políticos, en las que el pueblo brillaba por su ausencia y los candidatos se elegían a dedo. Con la actual alternativa existe la posibilidad de que las minorías tengan mejor representación y que la voluntad ciudadana depure las listas.
Pero en todo esto aparece explícito uno de los quiebres que hacen tambalear al régimen democrático, no sólo en la Argentina, sino en el mundo. Sin partidos políticos orgánicos y con participación y adhesión genuina a un proyecto, no hay democracia real.
La atomización electoral prevalece en América latina. Colombia, Perú y Ecuador son ejemplos recientes, con presidentes que ganaron ínfimas diferencias. Y obligados a negociar con bloques parlamentarios polarizados.
El desencanto con la democracia tiene otros síntomas: Costa Rica, el paraíso institucional de Centroamérica, también ha virado hacia la derecha. Y Nayib Bukele ganó enorme popularidad al erradicar las pandillas criminales salvadoreñas (maras) con prisiones arbitrarias y pasando por encima de la ley y los derechos humanos.
Miedos e ilusiones
El presidente Milei no atraviesa su mejor momento. Su esotérica repetición de los dogmas de la escuela austríaca empieza a jugarle en contra. Ese discurso para iniciados no alcanza para compensar el deterioro de sueldos, jubilaciones y pensiones frente a los precios, mucho más domesticados que en los años de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, pero que entre noviembre de 2023 y abril de 2024 pegaron un salto que nunca pudo ser compensado.
La economía no perdona: si el nivel de vida y la calidad del empleo bajan, la gente empieza a mirar para otro lado.
Las PASO fueron creadas para reemplazar las debilitadas elecciones internas de los partidos políticos. Ahora están en la mira y el Gobierno busca que no haya el próximo año.
Claro que cuando los argentinos miran hacia otro lado se encuentran con la imagen de Máximo Kirchner, Sergio Massa y Axel Kicillof disputándose el cetro. Es cierto, "los peronistas siempre se pelean y terminan arreglando". Tantos años arreglando han terminado por convertir al PJ en una memoria cada vez más lejana y difusa. Y llena de parches. En el campo de batalla bonaerense, los tres, Máximo, Axel y Massa cantan victoria anticipadamente, sin pensar que los tres tienen historia. En el actual escenario, es poco probable que la gente mire hacia atrás, es decir, a un pasado al que los tres pertenecen. Y al que pocos añoran (por devoción bolivariana).
Goles en contra
Aferrado al credo libertario, Milei introdujo modificaciones en áreas vulnerables, cambios que golpean en la sensibilidad ciudadana.
Propone al Congreso y a los gobernadores (que son su base de apoyo parlamentario) la derogación de la Ley de Financiamiento Universitario, que garantiza actualización por inflación, fondos para infraestructura, becas y gastos de funcionamiento.
O sea, elimina el marco legal de financiamiento garantizado y lo reemplaza por una partida discrecional anual, sin obligación de actualización automática.
También quiere derogar la Ley de Emergencia en Discapacidad, que aseguraba fondos extraordinarios para tratamientos, apoyos y programas.
Estas iniciativas, enmarcadas en la campaña electoral son malas noticias para quienes preguntan "cuánto falta para que aparezcan los brotes verdes en el bolsillo, no en las estadísticas".
Presionado por los industriales y los gremios, y preocupado por las encuestas, Milei se aferra al modelo, pero intenta llegar a octubre/27 con cierta tranquilidad. Es difícil. La industria le advierte sobre la creciente capacidad ociosa, los despidos y el aumento de los trabajadores no registrados o cuentapropistas, pero él no hace las paces con los empresarios del rubro.
Mucho camino por delante
Las proyecciones electorales no son relevantes por ahora. Pero es cierto que muestran una fragmentación de la opinión pública, que no quiere volver al pasado y se está saturando con el presente. Y eso puede generar la posibilidad para alguien que encarne una visión moderada, que sostenga los logros y los objetivos de equilibrio fiscal y monetario, pero que comprenda que el Estado tiene roles en los que es insustituible. Porque, entre otras cosas, en el oficialismo se cuela un proyecto de reforma de la Ley Nacional de Educación que asigna al Estado un rol subsidiario en la materia. Incluso, insinúa que la educación pública no sea obligatoria, que se pueda brindar en los hogares y con los programas que se le ocurran. Pesa el dogma elitista y libertario. El proyecto es una muestra clara de individualismo extremo que niega el rol vertebral de la educación en la sociedad, y de prescindencia de la realidad social y cultural de las familias argentinas.
La confrontación de Patricia Bullrich con el presidente es fruto de ese escenario. Ella, que también tiene su historia, intenta convertirse en una alternativa para el ancho sendero del medio. Pero su historia tiene un capítulo a su favor: la gestión como ministra de Seguridad. Ella acredita ante la gente algunos logros y actitudes de los que en el Conurbano le harían falta a Kicillof. Claro, otros dogmas e intereses cruzados conspiran contra el ex favorito de Cristina.
La bandera de las Malvinas
La improvisada bandera que un simpatizante argentino arrojó a los jugadores de la selección tras vencer a Inglaterra en el Mercedes‑Benz Stadium, en la ciudad estadounidense de Atlanta tuvo un impacto sorprendente. Por lo inesperado del gesto, que además había sido prohibido por el gobierno de Milei, y que entró a la cancha por picardía criolla, pero también porque afloró allí un sentimiento colectivo que cala muy hondo en la gente. Un sentimiento que "sube desde abajo".
Milei incorporó de inmediato a la soberanía en el Atlántico Sur como bandera. Probablemente aconsejado por el enigmático asesor Santiago Caputo, pero, sobre todo, por la decisión de Donald Trump de aprovechar la causa de los archipiélagos por varios motivos.
El más explícito, forzar a Gran Bretaña a apoyar la guerra contra Irán por Medio Oriente y por el enclave estratégico para el comercio de alta mar que es el estrecho de Ormuz.
Está por verse cuánto influirá en el electorado este viraje de Milei en la cuestión Malvinas y que pasará con los vínculos con Gran Bretaña. Pero es importante señalar que el presidente de los EE. UU. tiene un proyecto internacional difuso, pero de alto riesgo.
En diciembre del año pasado decidió establecer al continente como "hemisferio americano", Desde el Ártico y Groenlandia hasta el Sector Antártico.
Al mismo tiempo, cortar con vínculos históricos con Europa, desmantelar la OTAN e intentar subordinar a su voluntad a los aliados de la Segunda Guerra. Aunque parece difícil que Europa se someta fácilmente, es cierto que el viejo continente sufre una economía debilitada y viene perdiendo sus valores de democracia y equilibrio social, mientras prosperan los partidos antisistema, nostálgicos del autoritarismo que floreció en la primera mitad del siglo XX.
En marzo pasado, esos líderes de la ultraderecha europea se reunieron en Budapest en una cumbre de la alianza Patriotas por Europa. Fueron convocados por el húngaro Viktor Orbán y concurrieron figuras como la francesa Marine Le Pen, el italiano Matteo Salvini, el neerlandés Geert Wilders y el español Santiago Abascal.
Estos Patriotas por Europa, cuyo pensamiento tiene muchos puntos en común con los de Trump y Milei, ven en la autocracia de Vladimir Putin un modelo a seguir. Así como Trump quiere "cercar" América latina, Putin aspira a restaurar el imperio ruso. Por eso se entienden, sin ser aliados. Y por eso, Trump no solo abandona a Europa a su suerte, sino que no interfiere en la invasión rusa a Ucrania.
En esa aventura, es muy difícil creer que Trump vaya a velar por la soberanía argentina sobre nuestros mares, ni que vaya a contribuir al retiro de petroleras y barcos pesqueros que operan en nuestras aguas. En todo caso, como ocurre en Venezuela, los negocios y el control de la navegación lo maneja él.
Por eso, las sanciones que propone Milei en su proyecto de Ley sobré el tema podrían terminar siendo inocuas.
La experiencia histórica indica que este alineamiento internacional puede terminar siendo muy costoso para la soberanía argentina.
El FBI metido en casa
En la era de la Inteligencia Artificial, en la Argentina se ha instalado Peter Thiel, filósofo y magnate de Silicon Valley empeñado en la vigilancia global y en el proyecto de reemplazar la democracia por un Estado empresario.
Este si es un tema para tener en cuenta. Porque hace pocos días, la Policía Federal allanó una casa de Quilmes porque el FBI le informó que un adolescente había interactuado con la IA para cometer una masacre en su escuela. En su casa encontraron disfraces y símbolos. No había armas.
Un episodio similar había ocurrido el año pasado, sin que trascendiera. Lo sorprendente no es lo que hizo el chico, sino que los equipos del FBI puedan inspeccionar nuestra vida privada con semejante profundidad.
Pero esta intromisión no mereció ningún comentario.
Curiosamente, dentro del proyecto de Soberanía aplicado a las Islas Malvinas, el Gobierno nacional quiere reformar el Código Penal para sancionar con entre cinco y 12 años de prisión a quien, "realizare actividades que alteren procesos electorales o manipulen a la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva".
Una norma dirigida, explícitamente, contra cualquier publicación opositora a su gobierno; un modelo practicado por Daniel Ortega, Nicolás Maduro, los ayatollah iraníes y, sobre todo, por Putin.
Y justamente, la Inteligencia rusa intervino activamente, en 2016, en el plebiscito realizado en Gran Bretaña para aprobar o rechazar el "Brexit", es decir, el retiro de ese país de la Unión Europea. Como quería el autócrata ruso. Ese mismo año, hizo lo mismo para favorecer el triunfo de Donald Trump sobre Hillary Clinton. El método: infiltrar agentes con identidades falsas en los grupos de las distintas plataformas, sumándose a los diálogos y alentando determinadas interpretaciones.
Ese es el verdadero peligro: las potencias (o las poderosas empresas como Palantir, de nuestro huésped, Peter Thiel) metidas en la intimidad de nuestras acciones privadas para generar certezas perfectamente calculadas. Manipulación en serio de la opinión pública, que necesita información seria, libertad de expresión y prensa profesional.