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Singapur volvió a posicionarse como el país con mejor desempeño educativo del mundo según las pruebas PISA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pero al mismo tiempo quedó en el centro de la polémica por una medida que permitirá aplicar castigos físicos a estudiantes desde los 9 años.
La evaluación internacional, que mide el rendimiento de más de 760.000 alumnos de 91 países y territorios, ubicó a Singapur en el primer lugar de la edición 2025, con 535 puntos. Detrás quedaron China (527), Taiwán (508), Japón (503) y Corea del Sur (501), todos países asiáticos con fuertes sistemas educativos.
Según especialistas, el éxito de Singapur está relacionado con una política de Estado que durante décadas colocó a la educación como una herramienta central para el desarrollo económico. Desde su independencia de Malasia en 1965, la ciudad-Estado impulsó un modelo orientado a elevar el nivel educativo de su población y acompañar su crecimiento económico.
Un sistema educativo basado en la disciplina y la exigencia
El modelo singapurense está asociado al concepto de “kiasu”, una expresión del dialecto chino utilizado en la isla que significa “miedo a quedarse atrás”. Bajo esa idea, el sistema promueve una fuerte competencia académica, educación bilingüe y una formación con especial énfasis en ciencias y tecnología.
Los estudiantes suelen asistir a academias fuera del horario escolar y enfrentan extensas jornadas de estudio. Además, desde temprana edad pueden ser agrupados según su rendimiento académico, una característica que forma parte del esquema educativo del país.
Sin embargo, esa cultura de exigencia también convive con medidas disciplinarias que generaron críticas internacionales.
Castigos físicos como “último recurso”
El Gobierno de Singapur aprobó una normativa que comenzará a aplicarse desde 2027 y que autoriza a los docentes a utilizar castigos físicos en casos considerados de “faltas graves” y únicamente como una medida excepcional.
De acuerdo con la regulación del Ministerio de Educación, los azotes podrán aplicarse a estudiantes desde los 9 años y deberán utilizarse como “último recurso” cuando otras estrategias disciplinarias no hayan funcionado.
“El castigo físico es una opción disciplinaria solo para niños y se emplea como recurso final, estrictamente cuando sea absolutamente necesario”, establece la normativa oficial.
Las autoridades justificaron la medida como parte de una estrategia para enfrentar problemas de convivencia escolar, entre ellos el bullying, que según el Gobierno representa una preocupación creciente dentro de las instituciones educativas.
La advertencia de organismos internacionales
La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que entre el 25% y el 50% de los niños del mundo experimentan castigos corporales en entornos educativos.
El organismo internacional advierte que este tipo de prácticas pueden tener consecuencias a largo plazo y afectar la salud física y mental, además del desarrollo educativo y social de los niños.
De esta manera, Singapur vuelve a estar en el centro de la discusión educativa mundial: mientras es reconocido por sus resultados académicos y su modelo de excelencia, su decisión de incorporar nuevamente castigos físicos en las escuelas genera cuestionamientos sobre los límites de la disciplina en el ámbito educativo.
Fuente: Agencia NA