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La virtud, ¿algo fuera de moda?

Martes, 16 de abril de 2013 05:52

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Días pasados me llamó la atención un artículo publicado por este diario, en la sección Familia, titulado “Virtudes: un camino que comenzamos a transitar de la mano de los padres”, firmado por Raquel Flores de Andrés.

Lo leí con interés, ya que promovió la reflexión sobre un tema que hoy no tiene demasiado espacio en los medios de comunicación en general pero que, además, como una palabra vital en otras épocas, casi ha desaparecido de la conversación habitual. Es como si se experimentara una cierta vergenza o, al menos, “pudor” al pronunciarla. Esto, a tal punto que -como enfatiza la autora- “somos indiferentes hasta la complacencia con una interminable lista de actos de corrupción”, a pesar de que estamos listos para salir a golpear cacerolas cuando alguna medida nos afecta el bolsillo.

El artículo continúa analizando algunas de las virtudes, como la caridad, la templanza y la fortaleza, extendiendo este título a la esperanza, la paciencia y el buen humor, entre otras. Por otra parte, destaca que en la actualidad no se aborda el tema de la educación en las virtudes porque suena obsoleto o fuera de la realidad. Y recuerda que la definición de "virtud' se refiere a un “hábito bueno que perfecciona la inteligencia y la voluntad del hombre para conseguir la verdad y la bondad”.

El tema me ha llevado a referirme a la palabra "virtud', escarbando sus orígenes, historia y significados con el objeto de conocer un poco más sobre ella y los mensajes que conlleva.

La palabra "virtud'

Desde la perspectiva de mis artículos sobre la lengua, es interesante averiguar sus sentidos originales y el modo como llegó a nosotros, portando hoy otras connotaciones que la ubican en nuestra realidad, para que podamos entenderla con mayor plenitud.

El DRAE la define de este modo: “Actividad o fuerza de las cosas para producir sus efectos. // 2. Eficacia de una cosa para conservar o restablecer la salud corporal. // 3. Fuerza, vigor o valor. // 4. Poder o potestad de obrar. //. 5. Integridad de ánimo y bondad de vida. // 6. Disposición constante del alma para las acciones conformes a la ley moral. //. 7 Acción virtuosa o recto modo de proceder. // 8. En plural y en sentido religioso. Espíritus bienaventurados, cuyo nombre significa fuerza viril e indomable para cumplir las operaciones divinas. Forman el quinto coro”. Se aprecia, aquí, varias acepciones respecto a los sentidos de este vocablo.

A su vez, procede del latino "virtus' con similares significados, presididos por el de "fuerza': “La virtud // valor, ánimo, espíritu, valentía // poder, facultad, potestad, fuerza // eficacia, mérito // milagro, prodigio”, anotados por el “Diccionario de la lengua latina”. Así, por ejemplo, ellos decían “virtus verbi” para referirse a la "fuerza de una expresión'. Agreguemos a todo esto -quizá en un originario sentido machista, no ausente de la realidad de esas épocas, pero también aún presente en la nuestra- que este término latino tiene su origen en "vir, viri' cuyos significados son: “el varón, el hombre // marido // el hombre recto y constante // el macho entre los irracionales”, siendo estos los principales.

Es decir, en primera instancia, la virtud (física, sobre todo, pero también espiritual) era propia de los varones, aunque también era aplicada a algunas mujeres. Este concepto está emparentado, claramente, con nuestra expresión: “Ya sos un hombre. Comportate como tal”; o con aquella otra que afirmaba: “Los hombres no lloran”, lo cual se atribuía a las mujeres. En la actualidad, cambió ya esta apreciación, aunque en una buena franja del sexo masculino sigue vigente como antes.

Lo que sí queda claro, sobre esta reflexión lingística de la locución que analizamos, es que la "fuerza' está relacionada estrechamente con el concepto actual que tenemos de la virtud. Y esta es una consideración muy importante. En efecto (y aunque parezca obvio), es válido aclarar que ninguna virtud se consigue sin un mínimo esfuerzo hasta que, al menos, quede convertida en un hábito, tal como la concibe la autora citada al principio de esta nota. Algunas de ellas, quizá, no requieren de tanto esfuerzo para adquirirlas y mantenerlas, afirmadas en un hábito. Sin embargo, otras (situación que varía en cada persona, según la predisposición, el ambiente humano en el que se desenvuelve y otros) no se afianzan sino con una tenaz lucha contra los defectos y vicios que predominan en cada ser humano.

El vicio: lo opuesto a la virtud

También es una palabra latina (vitium) que significa: “vicio, defecto // falta, deformidad // culpa // impedimento, mal agero // crimen // represión; ultraje, injuria verbal // atentado contra el pudor”.

Si se consideran las distintas acepciones de esta palabra latina, se podrá comprobar la oposición diametral que existe entre vicio y virtud. El "defecto' implica una deformidad en la persona (aplicándola a esta) que no solo apunta a lo físico, sino sobre todo a su aspecto moral. Esa deformidad, precisamente, marca un alejamiento, por parte del individuo, del camino de la verdad y de la bondad, propio de la virtud.

En el mundo latino -pero también en el griego, precursores estos de nuestra civilización occidental- se definía al hombre virtuoso como alguien probo, bueno, generoso y solidario, entre otras virtudes importantes que lo colocaban en la admiración y en la imitación de sus semejantes; pero también la "virtus romana' y la "areté' griega implicaban un cuerpo esbelto, bien nutrido y preparado para cualquier lid, sobre todo aquellas que comprometían la defensa de los más débiles y la consagración del ser humano virtuoso para realizar el bien en provecho de sus semejantes. La "areté' griega, sustantivo definido por el “Diccionario griego-español” como "mérito, cualidad excelente // Valor; valentía // Nobleza // Salud // Virtud // Talento // Consideración; honor // Buenos oficios; servicio', es una expresión, además, relacionada con "aretés, aretetos', virilidad, fuerza, con la cual se describía a aquellos hombres que se destacaban por sus virtudes ciudadanas y solidaridad.

Es fácil concluir que, una y otra palabra procedentes de ambos idiomas, se empleaban para señalar a los mejores hombres de la sociedad, invitando a sus pares a imitarlos y a poner todo su empeño en ser útiles y solidarios, en toda circunstancia, con sus semejantes.

Lejos de una idea actual sobre que la virtud es propia de los débiles y de las mujeres, estos conceptos muestran al varón y a la mujer que deben esforzarse y sacrificarse para el bien de sus semejantes.

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