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Era la noche alta, contados minutos después de las tres, cuando sucedió lo indescriptible. Fue un despertar en sobresalto, frente a lo desconocido e increíble. La población entera, sorprendida en su descanso, enfrentada sin aviso previo al cataclismo que, era una realidad dantesca, se lanzó a la calle presa del terror y el pánico.
Hubo de estar Dios y su Providencia para que el desastre no alcanzara mayores proporciones. Segundos más se hubiera reeditado el cataclismo que hizo de San Juan, la ciudad mártir. Los que vivimos esos instantes sabemos muy bien la presencia de un "Milagro".
Por esto es que el 25 de agosto, anticipando los cultos tradicionales del Milagro, con los que se conmemora la liberación de la ciudad, comienzan hoy en Salta los multitudinarios homenajes a sus Augustos Protectores, el Señor y la Virgen del Milagro.