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Hablamos del sexo opuesto con total impunidad, como si lo más destacado fueran las oposiciones. Parece que hasta los chicos sufren las diferencias. El nene de seis años le comenta a su amiguito de primer grado: "¿Sabes por qué las chicas son del sexo opuesto? Porque siempre se oponen a nosotros...". A esa edad sobre todo, las chicas resultan más bien molestas a los varones; y los varones a las chicas, ni qué hablar; salvo excepciones, calor. No sé a quién se le habrá ocurrido llamar "opuesto" al otro sexo. ¿Lo habrá inventado Adán, aludiendo a su costilla? ¿Se le habrá ocurrido a Eva, enojada con Adán? La Biblia no lo consigna, pero sospecho de todos modos que la palabra debió surgir en el ambiente matrimonial. En algún momento el marido se dio cuenta de que las oposiciones de su mujer eran más de las que pensaba, y viceversa...
Con los sexos pasa como las veredas. Si se las mira una "contra" la otra, evidentemente se "oponen"; pero si pensamos que ambas sirven para caminar tranquilos a los márgenes de la calle, las dos aparecen más bien complementarias. Los sexos (y son sólo dos ¡entendámonos!) han sido pensados por Dios para mostrar en ellos elementos comunes y elementos diferentes. Tanto en los unos como en los otros, Dios aparece de algún modo reflejado. Creado a su imagen, el ser humano existe en versión doble: como varón y mujer, y en cuanto tales expresan con mayor variedad algunos de los atributos divinos. En realidad, varón y mujer son más diferentes de lo que suponen. Lo experimentan (¿lo disfrutan? ¿lo padecen?) los novios al avanzar en su noviazgo, y lo experimentan (¿lo disfrutan? ¿lo padecen?) los esposos después de un tiempo de matrimonio.