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La pobreza exige reaccionar

Viernes, 17 de marzo de 2017 00:00

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En virtud de la nota publicada en El Tribuno por la economista Carla Arévalo, de IELDE, decidí relatar mi experiencia. Durante los últimos tres años coordiné un emprendimiento de pan saludable en la Vicaría de Fátima, a cargo del padre Miguel López, que creció funcionando como cooperativa y llegó a tener hoy un éxito y una demanda que obligan a pensar en dar un salto hacia una fábrica social. Simultáneamente, me pareció pertinente desarrollar una tarea social conjunta difundiendo la metodología productiva en lugares que reúnan población en situación de vulnerabilidad social. Así trasmití la recetas y la experiencia en el penal de mujeres de Villas las Rosas, en los Centros de Integración Transitoria, junto a la Asociación AM; APADEFA con los pacientes del Centro Socio-Sanitario Marqay, en barrios pobres de la ciudad, en el interior de la provincia junto al profesor Pablo Copa, etc. Luego de haber coordinado el emprendimiento y habiendo caminado con el pan por todas partes puedo hacer el siguiente diagnóstico. En Salta la pobreza es cercana al 50% y en el interior asciende al 70%. Esto según mi experiencia . Según los últimos datos oficiales, 1 de cada 5 hogares salteños no logra satisfacer sus necesidades básicas. Este escenario se agrava si miramos al interior profundo de la provincia, donde el porcentaje provincial de hogares con necesidades básicas hasta se triplica. Así, algunos municipios, como Santa Victoria Este, superan el 60% de pobres por necesidades básicas insatisfechas (conocidos como pobres por NBI). De esta franja poblacional hay un alto número de sujetos que no van a acceder jamás a condiciones de posibilidad que les habiliten una salida digna y sustentable de la situación de exclusión económica y cultural en la que están. Al Estado lo advierto impotente para elaborar políticas públicas eficientes que pongan en jaque a la pobreza. El sector privado, la clase dirigente, los gremios y la cúpula eclesiástica de la provincia parecen o atados de manos o indiferentes a asumir la gravedad de la situación y apostar a una decisión cabal para diseñar una estrategia de aniquilación de la pobreza que solo puede ser fruto de un acuerdo sin precedentes entre todos los estratos sociales y políticos. Por otro lado es absolutamente necesario que para el logro de objetivo colectivo, todas las personas que están en situación de pobreza asuman la responsabilidad de querer salir de ella, lo que solo se logra con trabajo y educación y mucho esfuerzo, sabiendo que tienen que dejar de contar con planes y ayudas sociales que desangran al estado y perpetúan la situación de carencia de quienes las reciben. Esta decisión implica aprender a invertir el dinero que gana, menos en tablet, motos cero kilómetro y celulares gigantes y más en libros y ladrillos.

La clase dirigente por su parte deberá asumir que hay conductas inadmisibles ligadas a ultrajar el erario público que van a tener que ser suprimidas en función de dar una batalla victoriosa a la pobreza. Lo cual se logra simplemente con un control eficiente de los gastos que se realizan en cada gestión. Pero un árbol gigante y poderoso empieza siendo solo una semilla. Una empresa social exitosa empieza con un kilo de harina para hacer pan o un pedazo de cuero para hacer un par de zapatos o una cartera, el éxito de una gestión marcada por una revolución moral y espiritual que logra vencer a la pobreza, cumpliendo así con lo que nos pide nuestro papa Francisco, empieza por una decisión colectiva, dispuestos todos a rendir y dar cuentas con nuestros actos, de estar comprometidos con ese objetivo común que puede hacer que el mundo hable de Salta. De que esto es posible me di cuenta en estos tres años, haciendo pan.

Es urgente. El proceso lleva años; la decisión, un instante.

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