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A casa en un avión de guerra: la travesía de un piloto cubano y un copiloto salteño

El salteño Carlos Juncosa emprendió junto al piloto cubano Orestes Lorenzo un viaje de 8.300 kilómetros a bordo de un L-39, un avión diseñado para entrenar pilotos de combate. Juncosa decidió contar la travesía día por día en Facebook. Jamaica, tormentas, dos escapes y un aterrizaje sobre una pista inundada ya forman parte de la historia.
Martes, 18 de agosto de 2026 11:52

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Hay viajes que se cuentan cuando terminan. Carlos Juncosa eligió hacerlo mientras suceden. Desde el domingo, el piloto salteño publica en su Facebook una especie de diario de vuelo de la travesía que emprendió junto al mítico piloto cubano Orestes Lorenzo Pérez rumbo a Salta, a bordo de un L-39, un avión de entrenamiento militar que durante varios meses permanecerá en la Argentina y tendrá a Salta como destino principal.

Son 8.300 kilómetros desde Florida (Estados Unidos), el punto de partida, hasta la ciudad de Salta. El recorrido incluye escalas, permisos, combustible, meteorología y una variable que ningún piloto puede controlar: el clima. También deja escenas que parecen salidas de una película.

Juncosa contó que la idea surgió meses atrás, cuando Orestes le propuso hacer con él un "ferry memorable": llevar el L-39 desde Norteamérica hasta Salta. Oreste sería el piloto y Juncosa, el copiloto. Al principio creyó que se trataba de uno de esos proyectos difíciles de concretar. Hasta que un día recibió una llamada.

—Estoy preparando el vuelo.

El viaje comenzó.

El piloto salteño Carlos Juncosa.

Un avión de guerra, otra misión

El L-39 no fue construido para viajar con comodidad. Fue diseñado para entrenar pilotos de combate y soportar exigencias muy distintas a las de un avión convencional.

"Es un avión hermoso y exigente", escribió Juncosa. La máquina puede soportar fuerzas G y esfuerzos propios del entrenamiento militar. Ahora, sin embargo, tiene otra misión: llevar a sus dos tripulantes a casa.

A bordo, Orestes ocupa el asiento delantero y Juncosa el trasero. Durante el vuelo no pueden verse y se comunican mediante los auriculares. Orestes lleva la lista de procedimientos prácticamente memorizada, mientras el piloto salteño observa cada movimiento.

El primer día atravesaron el Caribe a casi 700 kilómetros por hora. El segundo los llevó desde Jamaica hacia Colombia, aunque no sin sobresaltos.

Jamaica apareció en el camino

La meteorología obligó a modificar los planes. Una línea de formación se cruzó en la ruta y los pilotos decidieron esperar en Jamaica. El L-39 tenía unas dos horas y media de combustible y pocas alternativas antes de Cartagena.

"Decidimos esperar", relató Juncosa.

Así, casi sin buscarlo, Jamaica se convirtió en una escala. Hubo reggae, conversaciones sobre aviones y viajes y algunas horas para conocer una isla que, según el piloto, dejó una fuerte impresión.

Al día siguiente encontraron una ventana meteorológica para continuar hacia Cartagena.

Pero el clima volvió a ponerlos a prueba.

A pocos minutos de llegar, descendieron para continuar el vuelo en condiciones visuales. Poco después escucharon por radio que otro avión había tenido que escapar por baja visibilidad. Les ocurrió lo mismo.

Ya en final, Orestes buscaba la pista sin encontrarla.

—No veo nada. No veo nada de nada.

El L-39 siguió avanzando a unos 145 nudos, pero la pista no apareció. Hicieron un escape y volvieron a intentarlo. Por segunda vez debieron abandonar la aproximación.

La alternativa fue utilizar la pista en sentido contrario, donde la visibilidad era mejor.

El avión "esquió" sobre el agua

El aterrizaje tampoco resultó sencillo. La pista estaba mojada y tenía charcos por todas partes. Apenas tocaron, el L-39 comenzó a hacer aquaplaning.

Juncosa describió la escena con una mezcla de tensión y humor: por momentos, el avión parecía deslizarse más que rodar.

Orestes consiguió mantenerlo bajo control y completó el aterrizaje.

"Quedó demostrado que Orestes no solo sabe carretear un avión. También sabe esquiar con él", escribió el piloto salteño.

Pocos minutos después de llegar se desató una tormenta que duró casi dos horas.

El episodio quedó resumido en una frase que Juncosa escribió después del aterrizaje: "Murphy siempre aparece, pero nunca te mata".

El diario de vuelo sigue

Hoy, Juncosa y Orestes se encuentran en Cartagena y preparan la siguiente etapa hacia Cali. La meteorología definía si podían continuar ese mismo día hacia Guayaquil.

El L-39 también imponía sus propias condiciones: consume mucho combustible y tiene poca autonomía, por lo que cada tramo exige una planificación cuidadosa.

La previsión apunta a llegar a Salta el jueves desde Iquique, aunque Antofagasta también aparece como una alternativa según las condiciones del viaje.

El piloto salteño ya sabe que el itinerario puede cambiar en cualquier momento. "En estos viajes uno puede estudiar rutas, calcular combustible, mirar pronósticos y hacer todos los planes que quiera. Pero al final siempre hay algo que decide por nosotros", escribió.

Mientras tanto, el viaje continúa y Juncosa mantiene su particular diario abierto en las redes sociales. Día por día, escala por escala, el L-39 se acerca a Salta.

Y todavía quedan varios cielos por cruzar antes de que, desde 25.000 pies, aparezca debajo de ellos el Valle de Lerma.

"Así se ve Salta desde las alturas", escribió. "Pequeña. Lejana. Pero para mí será exactamente lo contrario. Será casa".

Otra travesía que cruzó el Atlántico

No es la primera vez que Juncosa convierte una travesía aérea en una historia para contar. En enero pasado, el piloto salteño cruzó el Atlántico en un avión liviano, en un vuelo de más de 13 horas desde Sudáfrica hasta Brasil.

Aquel viaje también tuvo a la aviación como protagonista y volvió a mostrar una faceta que ahora se repite rumbo a Salta: la de un piloto que disfruta tanto del desafío de volar como de contar, paso a paso, las historias que encuentra en el camino.

¿Quién es Orestes Lorenzo?

Una nota de El Tribuno, publicada el 17 de marzo de 2024, cuenta la extraordinaria historia de Orestes Lorenzo Pérez, un exmayor y piloto de la Fuerza Aérea Cubana que desertó del régimen de Fidel Castro y luego regresó clandestinamente a Cuba para rescatar a su esposa y a sus dos hijos. La entrevista se realizó durante una visita de Orestes y su esposa Vicky a Salta, donde compartieron su historia con pilotos del Aeroclub.

Orestes Lorenzo Pérez es un expiloto militar cubano y exiliado en Estados Unidos. Fue mayor de la Fuerza Aérea de Cuba, instructor de pilotos y tuvo formación en la Unión Soviética. Él mismo contó que durante años había sido un convencido de la Revolución, pero que su paso por la URSS entre 1986 y 1990 y el acceso a información que no circulaba libremente en Cuba modificaron su visión del régimen.

Los pilotos Carlos Juncosa y Orestes Lorenzo a bordo del avión de guerra L-39 que vuelan rumbo a Salta.

El 20 de marzo de 1991, aprovechó un vuelo de entrenamiento y escapó de Cuba a bordo de un caza soviético MiG-23, volando a muy baja altura para evitar los radares. Aterrizó en una base estadounidense en Florida y pidió asilo político.

El problema fue que su esposa, Victoria “Vicky”, y sus dos hijos permanecieron en Cuba. Durante casi dos años intentó conseguir que el gobierno cubano les permitiera salir mediante gestiones diplomáticas, denuncias internacionales e incluso una huelga de hambre, pero no lo logró.

Entonces organizó un plan mucho más arriesgado. El 19 de diciembre de 1992 volvió clandestinamente a Cuba en un Cessna 310, aterrizó sobre una carretera cercana a una playa donde había acordado encontrarse con su familia, subió a su esposa y a sus dos hijos y despegó nuevamente rumbo a Estados Unidos. La operación terminó con éxito y tuvo repercusión internacional.

Qué contó en Salta

En la entrevista con El Tribuno, Lorenzo no se limitó a relatar su fuga y el rescate. Explicó que su objetivo era contar por qué decidió abandonar Cuba y cómo pasó de identificarse con la Revolución a convertirse en un fuerte crítico del sistema político cubano.

Uno de los momentos más fuertes de la entrevista aparece cuando le preguntan si extraña Cuba. Lorenzo responde que para él la Cuba que conoció dejó de existir y utiliza la metáfora que terminó convirtiéndose en el título de la nota: la compara con una novia amada que fue asesinada antes de la boda. Con esa imagen sostiene que no solo cambió el sistema político, sino también, desde su perspectiva, las costumbres, las relaciones sociales y los valores de la sociedad cubana.

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