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El consultor y analista político Carlos Fara analizó en diálogo con El Tribuno el escenario rumbo a las elecciones de 2027, el desgaste del Gobierno de Javier Milei y las dificultades de la oposición para construir una alternativa competitiva. Además, advirtió sobre el pesimismo social, la falta de empatía oficial y las tensiones de la Argentina con Brasil.
Cómo le fue con la presentación del Manual de Marketing y Comunicación Política en Salta...
Es un manual de campañas electorales. Se trata de la tercera edición de una obra promovida por la Fundación Konrad Adenauer, vinculada al Partido Demócrata Cristiano alemán, y por su contraparte en la Argentina, la Asociación Civil de Estudios Populares. La primera edición fue publicada en 2003; la segunda, en 2013; y esta, en 2025. Lo que tratamos de hacer es actualizarla en función de todos los cambios que hubo durante esos doce años, tanto en materia tecnológica como en el comportamiento del electorado.
Entiendo que cuando se habla de campañas políticas en la actualidad, se habla de redes sociales, inteligencia artificial, entre otros elementos...
Sí, absolutamente. Primero, porque el electorado es otro. Obviamente, va a otra velocidad y reacciona de maneras diferentes. Cada persona está dentro de su propia burbuja, algo muy distinto de cualquier otra situación que hayamos conocido en la historia.
Por lo tanto, esto nos genera muchos desafíos relacionados con la manera de comunicarnos específicamente mediante los canales y los códigos con los que la gente asimila los temas de actualidad, al menos aquellos temas políticos que queremos insertar en las campañas.
Y, en el medio, también hay que hablar de avance de la democracia...
Totalmente, por supuesto. Es un desafío y es complicado. En una sociedad cada vez más fragmentada, en la que cada persona vive dentro de su propia burbuja informativa, resulta muy difícil generar consensos.
Desde ese punto de vista, los liderazgos que surgen a partir de esta fragmentación le complican la vida a la democracia. Porque la democracia, más allá de las campañas, implica una construcción permanente de consensos para poder realizar las transformaciones que demanda la sociedad. Eso, como lo estamos viendo durante estos días en la Argentina, es una cuestión bastante complicada.
Usted hablaba de que los tiempos cambian en doce años y también cambia el electorado. ¿Qué papel juegan hoy los jóvenes, que tienen acceso a más cosas y a más información, pero a una información más fragmentada y de nicho?
Es totalmente así. Primero, tienen una relación con el valor de la política y con los liderazgos muy diferente, porque ya no se entusiasman con las grandes épicas ni los conmueven las cuestiones vinculadas con proyectos colectivos. Entonces, la apelación tiene que estar dirigida hacia cosas muy individuales, a veces muy simbólicas y muy sensibles en lo personal, porque estamos dentro de otro marco de valores.
También es absolutamente cierto que los jóvenes representan la parte más heterogénea y cambiante del electorado. Entonces, no deberíamos hablar de "los jóvenes", sino de muchos nichos de jóvenes que tienen intereses diferentes.
Hablando de nuestra política doméstica. Ayer comenzamos hablando de la llegada del Papa, que se confirma para noviembre, y por la tarde ya estábamos hablando de que, durante la sesión de hoy del Senado, se retiraba un capítulo de la Ley de Tierras que abordaba la extranjerización. ¿Cómo ve la política argentina actual, con tantos cambios y con tanta dinámica todo el tiempo?
Primero, hay que decir que era esperable que esta fuera una era convulsionada, teniendo en cuenta la llegada de Milei como un fenómeno disruptivo. Es el primer outsider desde la creación del peronismo, hace ochenta años. Era obvio que íbamos a tener una situación en la que se reescribieran todas las reglas.
Pensábamos que alguien sin partido y sin territorio no podía llegar a la Presidencia, y llegó. También pensábamos que alguien con muy pocos legisladores en el Congreso no podía gobernar, y gobernó. Entonces, tenemos que acostumbrarnos a situaciones completamente novedosas.
Por lo tanto, todo el tablero empieza a tener muchos cortocircuitos. Hay un cortocircuito en la gestión desde el Poder Ejecutivo, porque obviamente no se trata de un partido consolidado y tiene una idea muy particular.
También hay un cortocircuito en el Congreso, porque es uno de los congresos más fragmentados de la historia, con los gobernadores teniendo mucho peso. Luego existe un cortocircuito general en el mundo opositor, que no termina de saber cómo debe posicionarse frente a Milei de cara a las próximas elecciones.
Llegó un outsider que pateó el tablero y ya llevamos casi tres años de gobierno. ¿Se necesita otro outsider para competir contra él o cómo ve el escenario para 2027?
No necesariamente. Primero, porque es difícil repetir un fenómeno como el de Milei. Segundo, porque ciertos tropiezos políticos que tuvo el Gobierno están llevando a la mayoría de la sociedad a preguntarse si vale la pena volver a correr el riesgo con otro outsider, porque implicaría otra novedad y otro aprendizaje.
Mucha gente está contemplando la posibilidad de que aparezca alguien nuevo, pero que ya se encuentre dentro del sistema político. Además, las características particulares de Milei, por su personalidad, su estilo y sus años en la televisión como panelista, son muy difíciles de repetir.
Entonces, por ahora no vemos tanto la posibilidad de un outsider, sino eventualmente la aparición de un tapado: alguien que ya está dentro del sistema, pero que por ahora no parece que vaya a ser candidato.
Se van conociendo encuestas y muchas indican que hay gente que ya no está de acuerdo con el Gobierno porque la está pasando mal económicamente. Esos números se van haciendo cada vez más importantes. Se habla de un 60% que podría tener algún tipo de disconformidad con el Gobierno. ¿Cómo ve eso proyectado hacia 2027? ¿Se puede revertir?
Efectivamente, existe una mayor desaprobación que aprobación desde hace muchos meses, desde diciembre hasta ahora, después de que el Gobierno ganó la elección de medio término. Eso era lógico, porque el Gobierno pidió un crédito, la sociedad se lo concedió y, obviamente, elevó la vara de exigencia.
Luego, el problema no es solamente la angustia económica actual, que es grave para la mayoría de la sociedad, sino también que estamos dentro de una sociedad que tiene más pesimismo que optimismo respecto del futuro. Al final, el voto se define en gran medida por las expectativas. La expectativa es negativa y ahí comienza, a mi gusto, el principal problema del Gobierno.
A partir de esa situación, también hay que tener en cuenta que alguien puede ganar una elección no necesariamente porque sea valorado por la mayoría de la opinión pública, sino porque representa la alternativa menos mala.
Esto es muy común y está ocurriendo en diferentes lugares del planeta. Por lo tanto, hoy probablemente Milei ganaría frente al kirchnerismo, sencillamente porque la mayoría no quiere regresar al pasado. Eso no significa que le guste el presente.
Al hablar del kirchnerismo, muchas veces parece que seguimos atrapados dentro de la grieta. ¿Cree que el peronismo puede buscar un candidato que termine englobando a todo el espacio contrario a Milei y que pueda competir, o es difícil mientras siga teniendo la figura de Cristina Kirchner detrás?
La figura de Cristina es un dolor de cabeza para la oposición, porque Cristina quiere continuar siendo la jefa de la oposición, independientemente de cómo le vaya a Kicillof, en caso de que Kicillof sea el candidato.
Eso ya es, por sí mismo, un dolor de cabeza. Cristina va a insistir con ser candidata, aunque no pueda hacerlo, y la presentación ante las Naciones Unidas tiene un poco que ver con eso.
A eso se le suman ciertas limitaciones de Kicillof para convertirse en un liderazgo nuevo y capaz de englobar a diferentes sectores. Desde ese punto de vista, la presencia de Cristina limita la posibilidad de armar una especie de frente amplio opositor, progresista y moderado que pueda ser competitivo en la actualidad.
Ahora, también es cierto que hoy las PASO están vigentes y que los frentes comenzarán a inscribirse a principios de junio del año próximo. Esto significa que tenemos diez meses por delante, lo que representa una eternidad dentro del mundo contemporáneo. Por lo tanto, que ese frente no exista hoy no significa que no pueda existir el año próximo.
Recordemos que Alberto Fernández terminó apareciendo el 18 de mayo, pocos días antes de que comenzara la inscripción de los frentes. Todavía tenemos un largo camino por recorrer.
Respecto de las PASO, el Gobierno también tiene como objetivo impulsar una reforma electoral, eliminar las primarias y avanzar con las colectoras. ¿Cree que tendrá el tiempo? ¿Ve consensos para eso?
Tiempo legislativo tiene. El problema es que ahora estamos viendo que insistió muchísimo con el famoso capítulo de tierras y no pudo llevarlo adelante. La reforma electoral es un tema muy importante, en el que se ponen en juego muchas cuestiones y detalles políticos. Me parece que será difícil avanzar. No digo que no pueda hacerlo, pero considero que será difícil.
Una cosa es deshacerse de las PASO y decir: "Bueno, volvemos a suspenderlas durante una elección", que es lo que ocurrió el año pasado. Otra cosa es pasar directamente hacia otro sistema. Me parece que son dos movimientos diferentes. Creo que habría más consenso para realizar algunas modificaciones sobre las PASO actuales. Todo lo demás entra dentro de un interrogante.
Uno escucha las últimas entrevistas del presidente Javier Milei y, cuando se le pregunta cuándo se reactivará la microeconomía, termina enojándose o no responde. También se le consulta por la gran cantidad de personas endeudadas. Pero él termina respondiendo que nadie les puso una pistola en la cabeza a esas personas para tomar un crédito. ¿Cómo cree que terminan jugando esas declaraciones?
Juegan muy en contra. Una de las principales críticas que le hace incluso la gente que aprueba la gestión en términos generales, que aprueba el rumbo y que, por supuesto, no quiere que regrese el kirchnerismo, es la falta de empatía y sensibilidad por parte del Gobierno.
Está claro que, entre quienes toman un crédito, seguramente habrá algunas personas que lo hicieron de manera irresponsable. Pero cuando se convierte en un problema de este tamaño es porque estamos frente a un problema social.
Todo el mundo reconoce que el dinero no alcanza, que existen dificultades para conseguir empleo, que el trabajo disponible es muy precarizado o informal y que los negocios cierran. La imagen general que la gente se está formando de la situación actual, por experiencia propia o ajena, es muy negativa. Entonces, ese discurso muestra una gran insensibilidad y juega totalmente en contra del Presidente.
Dentro de ese escenario económico adverso para una gran parte de la sociedad, si mañana fueran las elecciones, ¿Milei volvería a ganar pese al contexto?
Digámoslo de esta manera: si este domingo hubiera elecciones, seguramente Milei sería quien obtendría más votos. Tendría que ir a una segunda vuelta y, por ahora, podría ganar también ese balotaje. Pero vamos a ver. Parte del problema es que la perspectiva, como les decía hace unos minutos, es más negativa que positiva.
Además, en la medida en que se produce una decepción, resulta más difícil volver de ella, como ocurre dentro de cualquier relación humana. Esa decepción se va solidificando con el tiempo y después se necesita un boom de consumo masivo para que la gente cambie su estado de ánimo, algo que sabemos que no es fácil ni rápido para ningún Gobierno.
¿Cómo ve el futuro de la Argentina dentro de este contexto?
Creo que la Argentina, que viene de tres elecciones de cambio, decidió correr un riesgo con Milei, porque no tenía experiencia política ni de gestión. Es difícil que una persona corra un riesgo y después redoble la apuesta. Entonces, me parece que existe cierta conciencia de que emitir dinero sin ningún control y tener inflación no nos lleva a ninguna parte.
También existe conciencia de que el exceso de subsidios, el exceso de planes sociales, el desorden en las calles y una economía demasiado cerrada no nos hacen competitivos ni nos conducen hacia ninguna parte. Me parece que sobre eso existen consensos. No creo que el problema pase tanto por ahí.
La mayoría no quiere regresar al pasado. El tema es el equilibrio que se busca dentro de un nuevo modelo para una Argentina que siempre tiene como referencia a los países europeos: España, Francia, Italia o Alemania.
En esos países es importante cuidar a las pymes, a los pequeños comercios y a los pequeños profesionales, además de generar pequeños propietarios, porque esa es la base social que sostiene a la democracia.
Dentro de los posibles candidatos, ¿podría aparecer un empresario? Se habla de Jorge Brito, en algún momento se habló de Marcos Galperin, Daniel Hadad apareció en alguna encuesta y también se menciona a Carlos Melconian, un economista vinculado con el Círculo Rojo.
Primero, diferenciaría a los tapados, que son personas que ya están dentro del sistema político, de los outsiders. Brito es un outsider porque proviene completamente de afuera de la política. Lo mismo ocurre con Hadad. Distinta es la situación de Melconian, que iba a ser ministro de Economía de Patricia Bullrich y se involucró políticamente durante 2023. Creo que existen más posibilidades para los tapados que para los outsiders.
En el caso de Brito, más allá de su nivel de conocimiento, que no es tan importante durante la era de las redes porque alguien puede hacerse conocido de la noche a la mañana, el punto es cuánto carisma tiene ese personaje, qué transmite o si cuenta con una propuesta especial. Me parece que repetir la fórmula disruptiva de Milei, con la dolarización y el cierre del Banco Central, propuestas que marcaron la agenda del resto, es muy difícil. Por eso, por ahora, no los veo.
También es cierto, insisto, que diez meses no solamente representan mucho tiempo para hacerse conocido, sino también para observar cómo termina recibiendo la sociedad a una persona cuando se acerquen las elecciones y, obviamente, las antenas estén orientadas de una manera diferente.
La llegada del Papa o alguna cuestión que pueda surgir alrededor de Malvinas, ¿pueden terminar jugando a favor del Gobierno?
No. El Papa ya vino. Juan Pablo II visitó la Argentina durante un año en el que Raúl Alfonsín era presidente y perdió las elecciones de 1987. Ese ya fue el principio del fin. Por otro lado, tampoco ayudó la visita del Papa durante la guerra de Malvinas, en 1982, cuando la dictadura perdió la guerra y tuvo que abandonar el poder.
No creo que eso tenga influencia, mucho menos con este Papa, que tratará de ser lo más objetivo y equidistante posible, además de continuar con la herencia filosófica de Francisco.
Con respecto a Malvinas, me parece que el Gobierno trata de subirse a cierta ola de opinión pública más nacionalista a partir del partido contra Inglaterra. Eso, de alguna manera, contradice algo de lo que ellos creen, porque promueven una globalización a fondo y, particularmente, se contradice con el tema de la venta de tierras a extranjeros. Por eso tiene una reacción negativa dentro de la opinión pública.
Por último, ¿el conflicto con Brasil y la relación con Lula pueden terminar jugando a favor o en contra? ¿Cómo ve ese dilema que se generó?
El conflicto lo armó Milei. No existía un conflicto diplomático relacionado con intereses que estuviera derivando negativamente, ni Lula había insultado a Milei. Desde ese punto de vista, Milei no tiene nada para ganar dentro de la opinión pública argentina.
Creo que, en todo caso, le está haciendo un favor a Lula, porque despierta cierta reacción nacionalista, algo a lo que también contribuye Trump. Me parece que es un búmeran. La Argentina quiere abrirse al mundo, pero se pelea con su principal socio comercial.