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La Selección Argentina refleja la composición demográfica del país

Martes, 28 de julio de 2026 00:49

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En diciembre de 2022, mientras la selección argentina avanzaba hacia la conquista de su tercera Copa del Mundo, el diario norteamericano The Washington Post publicó un artículo que se preguntaba por qué el equipo nacional no contaba con más jugadores negros. El contraste con varias selecciones europeas, integradas por numerosos futbolistas nacidos en familias procedentes de África, llevó a su autora a relacionar esa ausencia con la persistencia del imaginario de una Argentina blanca.

La controversia reapareció cuatro años después. Tras la final del Mundial 2026, en la que Argentina obtuvo el subcampeonato, las redes sociales volvieron a presentar la composición de la selección como una prueba del supuesto racismo estructural del país. El actor estadounidense Samuel L. Jackson incluso compartió una publicación que calificaba a la Argentina como una de las sociedades más racistas del mundo y cuestionaba a las personas negras que alentaban al equipo nacional.

La acusación plantea un tema que merece ser discutido, pero difícilmente pueda resolverse observando la fotografía de once futbolistas. La ausencia de jugadores negros en una selección puede despertar preguntas sobre la historia y la diversidad de una sociedad, pero no demuestra por sí misma la existencia de una política de exclusión racial. Para responder seriamente es necesario analizar la composición demográfica argentina, sus procesos migratorios, el mestizaje, la trayectoria de la población afroargentina y las formas particulares que asumieron el racismo, el clasismo y la discriminación en el país.

El artículo de 2022, firmado por la historiadora Erika Denise Edwards, contenía además una estimación incorrecta al señalar que el 1% de la población argentina era afrodescendiente. Los datos del Censo 2022 muestran que esa proporción es menor y se ubica en torno al 0,7%, cuestión que luego fue corregida por el propio The Washington Post. El error no invalida el debate sobre la invisibilidad histórica de los afroargentinos, pero sí advierte sobre el riesgo de interpretar una sociedad compleja mediante categorías elaboradas para realidades nacionales muy diferentes.

La Argentina no estuvo al margen de la esclavitud, de los prejuicios ni de la discriminación. La población de origen africano participó de manera decisiva en su formación histórica y cultural, aunque buena parte de esa ascendencia se integró, a través del mestizaje, con pueblos originarios y corrientes migratorias posteriores. La presencia simbólica del sargento Juan Bautista Cabral, hijo de un africano y una mujer guaraní, recuerda que la historia argentina fue diversa desde sus comienzos. Sin embargo, esa diversidad no siempre se expresa mediante las mismas categorías raciales que predominan en Estados Unidos, Brasil o algunas sociedades europeas.

Por eso, la pregunta relevante no es únicamente por qué no hay jugadores negros en la selección. También debemos preguntarnos hasta qué punto es válido juzgar la historia racial de un país mediante la composición de un equipo de fútbol y aplicar, sin mayores precisiones, categorías elaboradas para sociedades con trayectorias demográficas, migratorias y culturales diferentes.

¿Hablan las estadísticas?

Antes de atribuir la composición de la selección argentina a un supuesto mecanismo de discriminación, conviene responder una pregunta mucho más sencilla: ¿existe en la población argentina una cantidad suficiente de personas afrodescendientes como para esperar, desde el punto de vista estadístico, que aparezcan regularmente en un plantel de 26 futbolistas?

La pregunta no intenta negar la existencia de racismo o prejuicios, fenómenos presentes en prácticamente todas las sociedades y que es motivo de un profundo estudio sociológico y antropológico. Lo que busca establecer es si la sola ausencia de jugadores negros constituye, por sí misma, una evidencia estadística de discriminación.

Los datos más recientes del Censo Nacional 2022 muestran que 302.936 personas se reconocen afrodescendientes o con antepasados negros o africanos, lo que representa aproximadamente el 0,7% de la población argentina.

Si suponemos, como hipótesis inicial, que el talento futbolístico puede aparecer en cualquier persona independientemente de su origen étnico y que la selección se integra exclusivamente por mérito deportivo, entonces la composición del plantel debería reflejar, al menos de manera aproximada, la estructura demográfica del país. Desde esta perspectiva, la cantidad esperada de jugadores afrodescendientes en un plantel de 26 integrantes sería simplemente:

26 × 0,007 = 0,18 jugadores

Es decir, el valor esperado continúa siendo considerablemente menor que una persona.

En otras palabras, aun cuando no existiera ningún mecanismo de discriminación, la estadística indica que lo más probable es observar equipos sin jugadores afrodescendientes.

La pregunta puede formularse de otra manera: ¿cuál es la probabilidad de que, en un plantel de 26 futbolistas, aparezca al menos un jugador afrodescendiente?

Se trata de un cálculo simplificado que supone que el origen étnico es independiente de la posibilidad de desarrollar talento futbolístico y alcanzar el nivel necesario para integrar la Selección. Bajo este supuesto y considerando que los afrodescendientes representan el 0,7% de la población, el modelo binomial estima en aproximadamente un 17% la probabilidad de que una convocatoria de 26 jugadores incluya al menos un jugador afrodescendiente.

Dicho de otro modo, aproximadamente uno de cada seis planteles podría incluir al menos un jugador afrodescendiente, mientras que en los otros cinco sería estadísticamente esperable que no hubiera ninguno. Si cada cuatro años se conformara una selección completamente nueva de 26 futbolistas y la proporción demográfica registrada en el Censo 2022 se mantuviera estable, habría que esperar, en promedio, cerca de seis mundiales, unos 24 años, para observar un plantel con al menos un jugador afrodescendiente. Como en la práctica muchos futbolistas se mantienen de una competencia a otra, ese tiempo podría ser incluso mayor. Esta conclusión no demuestra que en el fútbol argentino no exista discriminación, pero tampoco permite afirmar lo contrario. Lo que sí establece es un punto fundamental: la composición racial de una selección nacional, considerada de manera aislada, no constituye evidencia suficiente para sostener la existencia de un proceso de exclusión. Los datos demográficos muestran, además, que la población afrodescendiente representa una proporción reducida del total nacional, por lo que no existe una masa crítica que vuelva estadísticamente esperable su presencia frecuente en un plantel de 26 jugadores. Lo que sí aparece con claridad es el mestizaje, una característica histórica y constitutiva de la sociedad argentina y que se vio reflejada en más de una selección argentina. Esta realidad demográfica también ayuda a comprender por qué otros grupos poblacionales de muy baja representación, como los inmigrantes nacidos en África o Asia y sus descendientes, prácticamente no aparecen en la composición del seleccionado nacional. Lejos de constituir una prueba de exclusión, ese patrón resulta compatible con la estructura poblacional del país.

Aquí aparece una distinción que suele perderse en el debate público. Una cosa es la composición demográfica de una sociedad y otra muy distinta es la existencia de racismo. Que la Argentina tenga una baja proporción de población afrodescendiente no permite negar la existencia de discriminación; pero, del mismo modo, la ausencia de jugadores afrodescendientes en la Selección tampoco basta, por sí sola, para demostrar la existencia de racismo. Si alguien quisiera sostener esa hipótesis, mínimamente debería aportar evidencia de barreras sistemáticas de acceso, de mecanismos de exclusión o de un trato desigual hacia futbolistas afrodescendientes con el nivel deportivo suficiente para integrar la selección. Esa es una pregunta sociológica e institucional que requiere otro tipo de investigaciones. La estadística demográfica, en cambio, solo permite responder una cuestión más acotada: si la composición observada del seleccionado es compatible o no con la estructura poblacional argentina y que a la luz de los datos del Censo 2022, la respuesta es afirmativa. Las estadísticas no absuelven ni condenan a una sociedad; simplemente establecen qué hipótesis son compatibles con los datos y cuáles no. En este caso, los datos muestran que la composición de la Selección Argentina es coherente con la estructura demográfica del país y que utilizar la composición racial de su selección nacional como prueba de racismo carece de sustento demográfico.

* Profesor en Las Facultades de Ingeniería UNSa y UCASAL Máster en comunicaciones sociales, Dr. en Estadística.

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