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Los revestimientos de muchas paredes y veredas de la ciudad de Salta se caracterizan por la presencia de fósiles que generalmente pasan desapercibidos a los transeúntes que caminan por las calles de nuestra ciudad. En su esencialidad son invisibles a los ojos o como la carta robada de Edgar Allan Poe tan a la vista que nadie la veía. Son muchos más comunes de lo que se cree. Y no solo fósiles sino también un sinnúmero de marcas sedimentarias formadas en tiempos remotos en las playas marinas que les dieron origen.
La riqueza paleontológica está asociada a la extraordinaria diversidad de rocas de los últimos 600 millones de años que se presentan en este sector del edificio andino.
Y aquí hay que distinguir lo que viene de nuestros propios cerros de lo que nos llega desde otras provincias argentinas. Algunos edificios céntricos tienen pisos o revestimientos de calizas marinas con presencia de amonites o belemnites que llegan desde la región cuyana o patagónica. En el norte argentino carecemos de esas rocas, mayormente del Jurásico, que son comunes en otros lugares del país.
Los amonites y belemnites fueron cefalópodos marinos lejanamente emparentados con pulpos y calamares. Sus conchas marinas se han conservado como fósiles en estratos de calizas que en algunos casos tienen las características adecuadas para ser cortadas como planchas de revestimiento. Esas láminas cortadas y pulidas se utilizan para pisos y revestimiento en edificios de bancos y hoteles donde se los puede apreciar. Lo interesante es que al cortarlos y pulirlos se pueden ver las cámaras internas y su relleno en planos geométricos aleatorios de acuerdo con la posición del fósil en la roca.
Las lajas verdes de Salta
Ahora bien, de los alrededores de la ciudad las rocas más viejas son unas pizarras verdes que están repletas de trazas fósiles. Se trata en todos los casos de animales de cuerpo blando que se arrastraban por el barro del fondo oceánico y dejaron sus marcas en el sedimento. La mayoría corresponden a gusanos, aunque también las hay de otro tipo como las dejadas por algún tipo de artrópodos o medusas.
Muchos de esos gusanos se arrastraban en el barro y se alimentaban y excretaban a su paso. Se encontraron lajas donde esas marcas se cruzan y otras más evolucionadas donde van siguiendo un recorrido inteligente evitando pasar por donde ya había pasado antes. Son breves lecciones de la evolución de la vida en el planeta conservadas en rocas de aquellos primitivos mares.
Las lajas verdes con esas marcas forman parte de la Formación Puncoviscana la cual contiene el límite Precámbrico-Cámbrico. Estamos hablando de un momento crucial del planeta. Cuando la vida basada en cuerpos blandos va a evolucionar hacia invertebrados marinos con conchillas. Nada menos que la transición del Proterozoico al Fanerozoico, con todo lo que estas palabras significan para la vida en el planeta. Un tiempo con otro ensamblaje de continentes y mares, cuando la vida era absolutamente primitiva.
Y que, sin embargo, a partir del comienzo del Fanerozoico va a evolucionar desde los invertebrados con conchilla, a los primeros vertebrados (peces), las plantas, otros vertebrados como anfibios y reptiles (entre ellos los dinosaurios), hasta llegar a las aves y los mamíferos.
Sabios mirando las veredas
O sea que en esas humildes lajas verdes de Salta está escrita parte de la historia de la vida del planeta Tierra. Por ello fueron tan investigadas y apreciadas por un experto internacional como lo fuera el paleontólogo alemán Alfred Seilacher que vino muchas veces a Salta a estudiarlas. No solamente en las canteras de donde eran extraídas sino también en las paredes y veredas de la ciudad.
Muchos vecinos se sorprendían cuando este viejo paleontólogo, lleno de premios internacionales, husmeaba en sus veredas. Otro gran estudioso de esas trazas fósiles fueron los doctores Gilberto F. Aceñolaza y Guillermo Aceñolaza, padre e hijo respectivamente, del Instituto Miguel Lillo de Tucumán (UNT-INSUGEO).
Las lajas verdes llenas de esas trazas fósiles se encuentran también en las veredas de Cachi. Precisamente dimos a conocer este tema en un reciente artículo publicado en el libro "Geología y Patrimonio de los Valles Calchaquíes del Noroeste Argentino" (Miscelánea 30, INSUGEO, 2026).
También se han colocado estas lajas verdes en Campo Quijano, más precisamente en el monumento a Richard F. Maury, el padre del C-14 Huaytiquina. Y en las veredas de San Antonio de los Cobres y Tolar Grande. En todos los casos esos tesoros paleontológicos del origen de la vida en la Tierra están allí conservadas y a la vez invisibilizadas para el ojo no preparado a distinguirlas.
Otras rocas ricas en fósiles y en trazas fósiles provienen de viejas canteras de la sierra de Mojotoro donde se encuentran grandes espesores de formaciones geológicas marinas del periodo Ordovícico del Paleozoico inferior. Gran parte de la ciudad se construyó con las lajas y bloques que provenían de la cantera del Cerro San Bernardo.
Esa cara visible y pelada que muestra el cerro en su frente son areniscas de cuarzo de viejas playas de unos 470 millones de años atrás que tienen una amplia variedad de fósiles. Las más abundantes son las marcas que dejaban los trilobites y que se conocen como cruzianas. Cruzianas no es porque se cruzan entre ellas, sino por el mariscal Santa Cruz de Bolivia, nombre que les puso el viajero francés Alcides D'Orbigny.
El monumento al Gral. Martín M. de Güemes tiene muchas de estas cruzianas en las caras de los bloques que lo conforman. Pero también se encuentran en las paredes de casas viejas de la ciudad. Asimismo, suelen aparecer conservadas como fósiles las famosas "conchillas marinas", esto es braquiópodos articulados que demuestran el origen oceánico de los sedimentos que las contienen.
También se han encontrado fragmentos de conchillas fosfáticas de braquiópodos inarticulados del tipo língulas. Hubo muchas canteras de lajas del Ordovícico en la sierra de Mojotoro. En general son lajas rojizas o cremas.
Figuras fantásticas
El edifico del Hogar Escuela de Salta fue construido con las lajas amarillentas de la cantera La Pedrera y ellas muestran claramente la estratificación de las arenas de cuarzo de una antigua playa marina del Ordovícico. Algunas están pletóricas de dendritas de manganeso, unas formas de crecimiento mineral en fisuras que la gente asocia con "helechos fósiles" y que no son ni helechos ni son fósiles. Tienen la belleza intrínseca de ser figuras geométricas fractales y están en muchas lajas de paredes de la ciudad. La mayoría de las veces están vandalizadas con aerosoles y otros grafitis.
También aparecen figuras concéntricas de halos de color de oxidación muy bellas desde lo estético y que se conocen como "Anillos de Liesegang". Arte puro de la naturaleza. Y dentro de los no fósiles aparecen también marcas de oleaje conocidas como ondulitas, impactos de gotas de lluvia que cayeron en aquellos remotos tiempos sobre la arena húmeda, nódulos oxidados como pequeñas frambuesas del mineral pirita, entre otras estructuras que se conservaron para el devenir de los tiempos. Todo ello y mucho más como proveniente de las rocas que conforman el núcleo de las sierras que rodean al Valle de Lerma.
Otras lajas que fueron muy utilizadas algunos años atrás son las que provienen de calizas amarillas, cuya cantera principal está en el perilago del dique Cabra Corral. Esas calizas son parte de la Formación Yacoraite del Cretácico superior y de amplia distribución en el norte argentino. A veces dicha formación geológica, de origen mixto marino y lagunar, contiene bancos calcáreos con disyunción plana que genera la apertura en lajas.
Algunas lajas delgadas tienen las características de piedras litográficas como las que se usaban en las antiguas imprentas. Dentro de estas lajas que pertenecen en edad a la era de los dinosaurios se han encontrado abundantes huellas de aves enantiornites y de pterodáctilos. También, aunque menos común es la presencia de conchillas de gasterópodos conocidas como "turritelas" y restos de peces. A veces contienen delicados tapices algales, marcas de oleaje, grietas de desecación de los barros fósiles, entre otras texturas y estructuras.
El paseo urbano por calles, veredas, paredes, edificios y monumentos construidos con rocas autóctonas y algunas foráneas deja lugar para descubrir insospechados tesoros paleontológicos. En muchos casos se trata de materiales fósiles con valor patrimonial. El avance urbanístico y el reemplazo permanente de veredas y fachadas por materiales más modernos generan la pérdida irreparable de fósiles que remontan sus edades a decenas o centenas de millones de años atrás. Muchas de las canteras de las que provienen esos fósiles ya están cerradas y ellos se constituyen en el único testimonio paleontológico existente. La organización de un circuito urbano de patrimonio paleontológico es una asignatura pendiente para el geoturismo de Salta.