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Planificar exige conocer la realidad

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La decisión del Gobierno nacional de revisar la situación de los ramales C14 y C15 es un logro alcanzado con el reclamo unánime de las empresas, el gobierno y algunos legisladores y dirigentes salteños. Ambas vías ferroviarias, olvidadas por el poder central, son vitales para el desarrollo productivo de la provincia.

La concentración del poder, la producción y el comercio en la región central erosiona cada vez más la posibilidad de construir un país federal, como lo establece la Constitución nacional y como lo dicta el sentido común. Frente a este tipo de decisiones, todos los legisladores nacionales deberían sacarse la camiseta partidaria y ponerse la salteña, que es la verdadera prioridad.

En momentos como el actual, la inestabilidad argentina no seduce a los inversores por la imprevisibilidad y la falta de garantías que la política muestra a empresas dispuestas a llevar adelante proyectos de gran envergadura y con metas a largo plazo. Es inconcebible, entonces, que las grandes decisiones en materia de transporte y logística se tomen desconociendo las realidades provinciales.

Postergar por 70 años la optimización de los dos ramales salteños equivale a poner el carro delante del caballo. Para el enorme potencial minero de Salta y Jujuy, es imprescindible el acceso ferroviario a los puertos chilenos de Antofagasta y Mejillones, y la salida hacia Rosario. Por eso, las obras en el Ramal C14 debieron haber sido puestas en marcha hace años y no pueden quedar ahora en la penumbra por medio siglo. Porque una inversión no obligatoria es una inversión que, probablemente, no se hará nunca.

Al mismo tiempo, el ramal C15, que vincula a Orán y San Martín con Bolivia y el centro oeste sudamericano, desde hace muchos años está abandonado. La producción agroalimentaria de esa zona, de 1,8 millones de toneladas anuales, debe ser transportada por camiones cuyo flete encarece el costo entre un 20 y un 30% con respecto a lo que sucedería con un ferrocarril moderno, con renovados rieles y material rodante.

Salta es una provincia con generosos recursos agroganaderos, forestales y energéticos, pero no se aprovechan en plenitud por la falta de visión geopolítica de funcionarios que toman decisiones sin escuchar a los verdaderos protagonistas.

El futuro no puede quedar librado a la suerte: se proyecta y se construye.

La historia es maestra en la vida de las naciones. Desde mediados del siglo XIX, el ferrocarril integró territorios, conectó economías regionales y permitió que la producción argentina llegara al mundo. Donde hubo tren, hubo pueblos, con escuelas, con servicios médicos y con una población dispuesta a trabajar para mejorar la calidad de vida.

En Salta también, mientras anduvo.

Ha llegado la hora en que los gobiernos nacionales se pongan al servicio de todas las provincias, simpaticen o no con sus gobernadores. Los ministros deberían acercarse cada vez que haga falta, no para hacer anuncios y sacarse fotos muchas veces irrelevantes, sino para conocer la realidad, pisando el suelo, hablando con su gente y, a partir de esa experiencia, dejar de prometer ilusiones y comenzar a materializar realidades. Eso es gobernar.

Administrar la economía consiste en no depender de un milagro sino en planificar sistemas y obras que van a ser indispensables para ubicar a la Argentina a la altura de un mundo que cambia vertiginosamente y demanda mucho de lo que producimos y podemos multiplicar.

Hay mucho que resolver, pero todo requiere de un presidente que escuche y de gobernantes, empresarios e instituciones de la provincia que se comprometan con firmeza en el desarrollo federal

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