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"La dignidad infinita del ser humano se arraiga en su identidad de criatura hecha "a imagen de Dios", capaz de conocer y amar a su Creador", proyecto y don de amor que trasciende las demás realidades creadas, las cuales están confiadas a su cuidado «para gobernarla y usarla glorificando a Dios"
Esa dignidad ontológica infinita está en el núcleo de la doctrina del Papa León XIV, expuesta en su encíclica Magnifica Humanitas, publicada el 15 de mayo de 2026, la cual aborda los desafíos que el mundo contemporáneo plantea a la Iglesia y al ser humano. Entre ellos, los cambios acarreados por el despliegue de la inteligencia artificial y la era digital, además del drama que atraviesan los seres humanos más frágiles y vulnerables. Este Papa, profundamente identificado con la realidad sudamericana, cita un documento fundamental que es la Constitución Pastoral de la Iglesia, Gaudium et spes, proclamada en el Concilio Vaticano II, en 1985. Allí, la Iglesia reconoce el esfuerzo de la humanidad por defender los derechos y la dignidad de cada persona, lo que califica como uno de los grandes logros de la historia.
Verdad, conciencia y libertad
León XIV sostiene que esa dignidad se manifiesta de manera especial en tres capacidades que caracterizan a la persona: la inteligencia, la conciencia y la libertad. La inteligencia nos impulsa a buscar la verdad. La conciencia permite reconocer esa verdad y orientar la propia vida. Y la libertad nos hace capaces de decidir y, al mismo tiempo, de ser responsables de nuestras decisiones. "Son dimensiones estrechamente vinculadas entre sí: es en la conciencia donde la verdad es reconocida como tal y donde la libertad puede experimentarla como su fundamento y posibilidad".
Si la dignidad ontológica es infinita, hay agravios que nunca se pueden hacer a un ser humano, aunque lo permita la ley. El mismo Santo Padre realiza un listado de trece violaciones a esa dignidad esencial de las personas y de los pueblos: la pobreza extrema que castiga a cientos de millones de hombres, mujeres y niños; las guerras que hoy desangran a muchos pueblos, el trabajo esclavo (que aún existe), la trata de personas, el abuso sexual, el aborto, la eutanasia, el abandono a los discapacitados, la teoría de género que niega el cuerpo con el que cada uno ha nacido, el cambio de sexo y la violencia digital. "No hay circunstancia que pueda justificar que se niegue la dignidad infinita a una persona", reitera el Papa.
Hacer el bien
Desde el derecho ambiental y los derechos humanos, afirmamos que sin agua no hay dignidad social, y sin dignidad social, es imposible ejercer la dignidad ontológica y personal.
Al actuar bien, se actúa según la naturaleza humana, que trasciende el tiempo y los cambios culturales.
En el campo suelen decir que actuar bien es "hacer lo que quisieras que te hagan a vos y no hacer lo que no quisieras que te hagan". Por ejemplo, no sacar el agua de la acequia dejando sin riego al de abajo. En Derecho sostenemos que la buena costumbre es el derecho consuetudinario. Una convicción generalizada sobre lo que es obligatorio. Todos creemos que debe ser así. No es un capricho, es ley. "Si no dejas pasar el agua, sos mala persona, Todo el pueblo te mira mal".
Por definición, la dignidad brota de la misma persona. Nadie se la da ni se la quita. "No depende de la riqueza, del prestigio social, de las capacidades, de los éxitos o de las circunstancias de la vida La persona humana es digna por el mero hecho de existir y de tener como fin la eternidad, y su dignidad no se mide ni se discute", dice el Papa León.
La inteligencia, que hace al hombre buscador de la verdad; la conciencia, por medio de la cual da unidad y sentido a la propia vida, y la libertad, que hace a cada uno responsable de sus decisiones.
Citando la Constitución Pastoral *Gaudium et spes, para reflexionar sobre la dignidad de las personas humanas, León advirtió que aún subsisten situaciones y decisiones que oscurecen ese reconocimiento e impiden comprender plenamente el valor de cada vida humana.
La ley injusta
Según John Stuart Mill, la dignidad consiste en poder elegir libremente. Si alguien elige algo que solo le afecta a él, es digno; cada cual es un ser libre. León XIV dice lo contrario: hay elecciones que, aunque no dañen a otro, dañan a la propia dignidad; ser libre no significa ser dueño absoluto de su persona. Por ejemplo, venderse como esclavo no daña a un tercero, pero menoscaba la propia dignidad. Lo mismo ocurre con la eutanasia. El que pide a alguien que le quite la vida porque no soporta el dolor no daña a otro, pero es un atropello a la esencial dignidad humana.
Por eso se suele afirmar: lo que es legal no es necesariamente moral, y el cuerpo no es un objeto del cual se disponga libremente.
La dignidad es el piso, no el techo. Tu libertad camina arriba de ese piso. No se puede romper el piso en nombre de la libertad
Un aforismo romano sostenía: "Lex iniusta non est lex" ("una ley injusta no es ley")
Este aforismo latino pertenece a la tradición del iusnaturalismo (la teoría del derecho natural), la cual sostiene que el derecho positivo creado por los seres humanos debe respetar principios morales universales y de justicia para ser verdaderamente válido en conciencia.
En Argentina hubo leyes que permitían que la gente no pudiera votar si no sabía leer. Fue legal en 1930. Hoy decimos que era indigna. Ataca la dignidad ontológica de esa persona,
Abandonar a los ancianos "porque ya no sirven", o alejarlos solos, es atentar contra su dignidad. Una sociedad que mide el valor de una vida según cuánto produce o cuánto cuesta está atentando contra su dignidad. Por eso el Papa condena el aborto o la eutanasia. Y defiende los derechos del niño por nacer, de las niñas y mujeres víctimas de violencia, de abuso o del crimen de la trata de personas. Y reivindica el derecho a la educación y el trabajo en nombre de la dignidad humana.
Como un signo de nuestra identidad criolla, la Constitución Nacional y la Constitución de Salta ponen la dignidad humana por encima de cualquier ley. Si una ley ataca la dignidad, el juez la puede declarar inconstitucional.
La mirada más profunda
En la mirada de este pontífice, que desarrolló su vida pastoral en la región peruana de Chulucanas y Trujillo, y que en 2015 fue consagrado obispo de Chiclayo, la pobreza y la postergación ocupan un lugar relevante.
Por eso eligió el Cottolengo de Claypole, ubicado en el conurbano sur, donde la orden de Don Orione asiste a personas discapacitadas sin hogar. Ese ejemplo de abnegación es la celebración por excelencia de la dignidad humana. Y en ese lugar, el Papa pronunciará un mensaje dirigido a las quejas de las familias y las escuelas para personas con limitaciones, cualquiera sea su mal y su condición social.
Hoy pueblan el mundo multitudes de personas sin trabajo, sin alimentos, sin remedios, sin vivienda y desplazadas por guerras y catástrofes.
El respeto a la dignidad humana es un desafío para el hombre contemporáneo. Y ese desafío obliga a una mirada profunda de la realidad social, que guíe las acciones restaurativas. Es la mirada contemplativa, que no ve en el otro un número sino una persona, un semejante, un hermano. A esto se suma la conciencia de que nos necesitamos mutuamente, porque nadie se salva solo. Y la actitud de servicio, que consiste en darle al otro lo que le corresponde por ser persona, y no dejarle lo que sobra.
Por eso, cuando se habla de dignidad ontológica infinita, se interpela a la sociedad y al poder en nombre de los desamparados, ignorados y olvidados.