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Pena de muerte en EEUU, un fracaso morboso y un espectáculo violento

Luego de treinta años en el "corredor de la muerte", la ejecución de una mujer fracasó dos veces. Y Trump anuncia el fusilamiento público de un militar. Mientras otros países siguen celebrando estas prácticas, que nunca han servido para disuadir a los criminales.

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Los Estados Unidos de América no son el único país en el que se aplica la pena de muerte, como la máxima sanción concebida para los más graves delitos. Tampoco lideran la lista de países que no sólo prevén dicha pena, sino que además, la aplican, año tras año.

Sobre lo primero, de acuerdo con la información más actual que se ha publicado, hay cincuenta y tres (53) países en los que rige y se aplica la pena de muerte. El país en que más ejecuciones se cumplen año tras año es Irán; el segundo, Arabia Saudita. Ello dejando a salvo los números oficiales de China, país en el que se sabe que cada año se hacen muchas ejecuciones, pero que califica de secretas las cifras totales.

La realidad demuestra que, en Occidente, los Estados Unidos de América tienen otra proyección, acaso emblemática. Cada vez que pasa algo en su extenso territorio, todos nos enteramos; obviamente que si quien lo conduce es alguien que usa de la palabra en público con suma frecuencia, nos enteramos más y mejor.

La primera parte de esta nota no estaría completa sin decir que, de los actuales cincuenta (50) estados que componen la Unión, la pena de muerte está prevista formalmente en veintisiete (27); en veintitrés (23) de ellos, no sólo lo está de manera formal sino que, en algún momento de un largo proceso que suele llevar años, la pena de muerte se cumple y el condenado es ejecutado. De ese último número, hay uno que se destaca y es Texas, pues en él desde el año 1.976 se ejecutaron seiscientas (600) personas. Le siguen Florida, Oklahoma y Alabama.

La ejecución fallida

Ese el contexto. Pasa que la vida sigue y los hechos relacionados con la pena de muerte se suceden, uno a uno. En orden de aparición, primero nos detendremos en el caso de Christa Pike; después, lo haremos con el caso de Nidal Malik Hasan.

Crista Pike es una mujer de cincuenta años, que está en prisión desde que, a los 19 años, cometió un aterrador homicidio de otra mujer, en el año 1.995. Es decir que desde hace más de treinta años que está privada de libertad, en una cárcel del estado de Tennessee. Fue condenada a muerte y en los primeros días de este mes, ese Estado intentó llevar adelante su ejecución, con el método establecido: inyección letal, con pentobarbital.

"Intentó" es la palabra apropiada, porque el método fracasó una vez; se volvió a intentar y nuevamente fracasó. Hasta la fecha, la investigación que ordenó el gobernador Bill Lee, no ha llegado a una conclusión fundada. Se presume que hubo fallas técnicas médicas en la colocación de las agujas en las vías intravenosas. Esta situación inusitada y lo que ya había sucedido este mismo año con otra ejecución fallida también en Tennessee -v.gr.: la de Tony Von Carruthers, en mayo pasado-, fue determinante para que el gobernador suspendiera otras ejecuciones ya previstas -se informó que hay cuarenta y dos (42) condenados a muerte en el corredor así denominado, en ese Estado.

"Un streaming multimediático para el fusilamiento de un militar que asesino a 13 personas en un cuartel".

Inmediatamente después del segundo fracaso, Pike fue trasladada de urgencia al Hospital de Nashville, en donde le salvaron la vida. Las secuelas más notorias fueron un coágulo sanguíneo en un brazo; una neumonía; y dificultades para ingerir alimentos. Diez días después del ingreso al hospital, la paciente fue dada de alta y llevada de regreso a la cárcel, cuyo nombre es Centro Debra K. Johnson, en la misma ciudad. Esto es apenas el principio de una batalla legal que ya comenzó, sobre todo porque en los Estados Unidos una ejecución fallida no garantiza por sí sola la liberación del condenado a muerte.

Decimos batalla legal porque los abogados particulares de Pike- que pertenecen a una Defensoría Federal del este del Estado- anunciaron que intentarán impedir una nueva ejecución, teniendo como argumento principal la excesiva crueldad que significaría todo eso y la dañada salud de su asistida. No se sabe aún cuál será la posición de la Fiscalía, ni la del público.

Fusilamiento en vivo

Tal como anticipábamos, en algún momento aparece el presidente de los Estados Unidos y hace anuncios, en este caso relacionados con el tema central de esta nota. En efecto, anunció que el día tres de diciembre próximo, a una hora señalada, se transmitirá en directo por streaming el fusilamiento de Nidal Malik Hasan, condenado a muerte por la llamada masacre, ocurrida en 2009 en lo que entonces se llamaba Fort Wood, hoy Fort Cavazos, en Texas.

Hasan era entonces un mayor del ejército, ex psiquiatra, que dio muerte a tiros a trece (13) personas que eran soldados de la unidad. Esas calidades, sumadas a que los hechos sucedieron en un cuartel militar, justificaron que el caso fuera juzgado por un tribunal castrense, de trece jueces, que terminó con la condena del acusado a la pena de muerte.

La última vez que hubo una ejecución pública en los Estados Unidos fue en el año 1.936. El condenado, Rainer Bethea, fue ahorcado en Kentucky, ante miles de personas. En el ámbito de la justicia militar, el último fusilamiento fue el del soldado Eddie Slovik, en 1945 durante la Segunda Guerra Mundial. Se realizó dentro del cuartel, sin público.

Irán y China y los usos de la muerte

En el mundo de hoy, con las reservas del caso, hay un país en el cual las ejecuciones se hacen en público. Es Irán y el método es el ahorcamiento, y no necesariamente por delitos graves. Participar en una protesta puede ser castigado con la muerte.

En China, la ejecución por inyección letal no es pública. Lo que el condenado a muerte debe hacer, obligatoriamente, es una confesión y pedir perdón poco antes de su propia ejecución, ante una presentadora de la televisión oficial. Eso sí se emite para todo el país. El 9/3/2012, el Suplemento "Mundo -China", de "Clarin", publicó un artículo sumamente ilustrativo sobre este tema. El título fue: "Un reality de condenados a muerte reaviva el debate sobre la pena capital en China". El texto empieza así: "Un reportaje cada sábado con un condenado a muerte en las horas previas a que reciba la inyección letal. Llantos, confesiones íntimas, ataques de ira, familiares viéndolos morir. Todo esto sazonado con mucho condimento sensacionalista". El programa se llama "Entrevistas antes de la ejecución", y es el nuevo éxito de la televisión de China, con cuarenta millones de personas que lo ven en cada emisión.

Las entrevistas las hace una presentadora devenida en celebridad, Ding Yu, con un condenado a muerte semanas, días e incluso minutos antes de ser ejecutado. El programa se emite en la provincia de Henan, en modo de advertencia a los espectadores de no cometer los mismos crímenes.

La crueldad no educa

Es lo que se intentó hacer en Francia, con las ejecuciones públicas, entre 1793 y 1795, en la Place de la Révolution (ahora, place de la Concorde, como señal histórica de autocrítica), en París. En la obra de Albert Camus y Arthur Koestler –"La pena de muerte", Emecé, 2.003-, se lo explica diciendo que no sólo se cortan las cabezas para castigar a sus dueños, sino también para intimidar, por medio de un ejemplo terrible, a los que se sientan tentados de imitarlos -página 117-. Los dos autores están de acuerdo en que, por más que una ejecución -en ese caso, mediante la guillotina- sea estremecedora, la sociedad misma no cree que eso sea el ejemplo del que tanto se habla; que no está probado que la pena de muerte haya hecho retroceder a un solo asesino, decidido a serlo; creen que no produce ningún efecto, excepto sea la fascinación sobre millares de criminales; que -finalmente- es un ejemplo repugnante, cuyas consecuencias son imprevisibles -igualmente, en la página 117-.

El streaming de Trump

Lo que ordenó hacer el señor Trump, a poco más de un mes de enfrentar la crucial elección de medio término, va mucho más allá. Streaming es Internet, son las redes, es la información multiplicada hasta el infinito. Una ejecución en un contexto en el que a diario y sin filtro alguno, el usuario de las redes puede ver sin cargo imágenes de homicidios de todo tipo; el estallido de coches bomba; etc. Las cámaras de seguridad no descansan y no paran de filmar, últimamente con imágenes y sonido ambiente.

En un país en el cual la mayoría de los estados prevén la pena de muerte como la máxima reacción de su sistema penal, y además, hay una mayoría interna de esos estados en los cuales esa pena se aplica efectivamente, el mensaje político está dirigido a la base electoral del presidente y parte de la base que la transmisión en vivo de un fusilamiento es coherente con eso y con un marcado sentimiento favorable en buena parte de la población que cree que un arma de fuego es apenas la prolongación de una de sus manos; es más Ley y Orden; el ICE y su disciplina mediante el miedo y por qué no, al terror de ser uno mismo la víctima o el mismo protagonista de algo malo y doloroso: puede ser una ejecución, pero de hecho es más frecuente la detención de inmigrantes ilegales para su posterior deportación.

Hasan será ejecutado al mes siguiente al de las elecciones de medio término. Dato, no relato. Coherencia, no coincidencia.

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