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13 de Marzo,  Salta, Centro, Argentina
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Entre lo divino y lo profano: promesas y cuentas pendientes

Viernes, 13 de marzo de 2026 01:11
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Hay conciertos que uno recuerda por su fulgor, y hay conciertos que uno recuerda por las preguntas que dejan abiertas. El concierto inaugural de la temporada 2026 de la Orquesta Sinfónica de Salta, veinticinco años de vida, una mayoría de edad que merece toda la celebración, perteneció, mucho me temo, a la segunda categoría.

El programa propuesto por el maestro Jorge Mario Uribe era, en teoría, una provocación intelectual de alto voltaje. La Cuarta Sinfonía en Sol Mayor de Gustav Mahler (1860 - 1911) como apertura y la Danza Bacanal de la ópera "Sansón y Dalila"; de Camille Saint-Saëns (1835 - 1921) como cierre. Un viaje desde la inocencia celestial hasta la orgía pagana. O, si se lee en sentido inverso, una invitación a redimir lo carnal mediante la gracia. Bella metáfora. El problema es que las metáforas necesitan músculo para sostenerse, y el músculo, la noche del viernes 6 de marzo en el Teatro Provincial, estuvo ausente con demasiada frecuencia.

Empecemos por Mahler. La Cuarta es, paradójicamente, la trampa más sofisticada que el austriaco tendió a sus intérpretes. Su aparente sencillez exige una transparencia camerística que deja a todos al descubierto. El maestro Uribe, al igual que sus ilustres predecesores, lleva casi dos años buscando un sonido propio para esta orquesta, un sonido que la haga distinguible entre sus pares, y hay momentos, los hubo la noche del viernes, en que uno cree escuchar esa promesa cumplida. Pero son destellos. El primer movimiento de la sinfonía careció de esa fluidez natural que Mahler inscribió como mandamiento. La música avanzó con una rigidez que confundió claridad con frialdad. El scherzo, con su violín solista afinado en scordatura evocando a la Muerte, tuvo momentos de incomodidad técnica que le restaron el necesario filo grotesco. El Adagio, corazón espiritual de la obra y el movimiento donde la cuerda debería desplegar un canto interminable y perfecto, mostró una afinación irregular que opacó la magia de sus variaciones aunque hubieron destellos, insisto, de gran belleza sonora.

Y llegó el finale. La soprano Magui Soria, cuya voz es, para quien firma estas líneas, uno de los instrumentos más genuinos y hermosos de nuestra escena local, enfrentó el delicadísimo encargo de "Das himmlische Leben". Mahler lo pide con claridad. Voz ligera, expresión infantil, cero parodia. Lamentablemente, Soria atravesó una noche de altibajos que no le permitió habitar ese equilibrio. Hubo imprecisiones de afinación que sorprendieron, y una lectura que en algunos pasajes sonó más deliberada que espontánea, justo lo contrario de lo que la partitura exige. Deseo fervientemente que esto sea solo el peso de un estreno de temporada y de no contar con la complicidad de un director que en ocasiones dio más protagonismo a la orquesta que a la voz.

La Bacanal de Saint-Saëns cerró el programa con más energía que arquitectura. Los metales estuvieron potentes como siempre, una marca de la casa, la percusión cumplió con efectividad su función dionisíaca, pero el vals central que es el golpe de genio teatral donde la orgía se vuelve cortesana, pasó sin el contraste que lo hace memorable. El maestro Uribe condujo con firmeza rítmica pero sin construir el discurso de decadencia que la obra reclama.

Para finalizar, quisiera hacer al lector una pregunta incómoda pero necesaria. ¿A quién le habló el viernes por la noche ese programa? Mahler y Saint-Saëns son nombres que el circuito internacional garantiza y legitima. Son seguros. Son prestigiosos. Son efectistas, especialmente el segundo. Pero, ¿en qué momento decidió esta orquesta, la orquesta de todos nosotros, los salteños, preguntarnos qué música nos representa, nos conmueve, nos pertenece? Veinticinco años es la edad en que una institución debería tener la madurez para rendir cuentas, no solo ofrecer un culto al romanticismo tardío europeo del siglo XIX.

Es mi deseo, que la próxima vez que el lector entre al Teatro Provincial, no vaya solo a escuchar de forma pasiva, sino que vaya activamente a exigir.

La Orquesta Sinfónica de Salta tiene músicos de gran valía, desgraciadamente muy mal pagados a la fecha, y una historia que merece ser celebrada con honestidad. Esa honestidad incluye aceptar que la mayoría de edad también implica mirarse al espejo.
 

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