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25 de Marzo,  Salta, Centro, Argentina
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No habrá más penas ni olvidos...

Miércoles, 25 de marzo de 2026 01:03
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Una conmemoración que nunca debió ser. Ni por su condición de feriado, porque el 24 de marzo no contempla el sentido de lo que debe ser un feriado nacional, y porque jamás debió ocurrir lo que pasó entonces.

Es una fecha que debe interpelarnos como sociedad porque quizás se pudo evitar, pero faltaron en el país dos condiciones liminares: Justicia y Política.

Decimos Justicia, porque el 24 de marzo fue producto del impulso de un grupo de facciosos que violaron todos sus juramentos y traicionaron a la Constitución Nacional y a un gobierno democráticamente elegido. Fue el resultado de un proceso que hunde sus raíces en los días de la caída de Perón en 1955.

Los asesinatos, las persecuciones, las detenciones arbitrarias, los exilios obligados, la censura y el infame robo del cadáver de Eva Perón constituyeron delitos que jamás fueron juzgados y causaron lesiones en el cuerpo social y político del país, que no cicatrizaron en cincuenta años.

Hay que sumarle las condiciones internacionales que produjeron una efervescencia en la juventud: el Mayo Francés inspiró un ideario libertario. La Revolución Cubana le dio un motivo y las sucesivas dictaduras argentinas más el mito del retorno de Perón, fueron formando un caldo de cultivo que explotó con toda violencia a partir de 1970.

El tan ansiado retorno de Perón, en junio de 1973, fue saludado con violencia en Ezeiza. Y meses después el asesinato del hijo político del líder, José Ignacio Rucci, la celebración de Montoneros tras la apabullante victoria electoral del fundador del peronismo.

Nueve meses más tarde, el 1 de mayo de 1974, cuando el pueblo peronista se aprestaba a vivir una jornada épica, con su líder hablado otra vez desde el balcón de la Casa Rosada, todo termino en escándalo. Perón, a la voz de "imberbes, estúpidos", echó de la Plaza de Mayo a Montoneros, ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo" y otras organizaciones que ese día pasaron a la clandestinidad y desataron una violencia desatada en el país.

Quien escribe estas líneas -como muchos otros- recuerda los disparos, las explosiones, las sirenas, en las noches. Aquí en Salta, una noche despertamos cubiertos vidrios cuando le volaron la casa al Dr. Fernando Chamorro, en la calle Alvarado, detrás del Convento San Bernardo. Y así podríamos contar tanto más.

El gobierno de Isabel Perón se tornaba cada vez más insostenible. Y el pueblo en la calle pedía el Golpe de Estado. Dos días antes, varios cientos de argentinos se agolpaban frente a la Casa Rosada pidiendo la caída de la viuda de Perón. Y cuando finalmente llegó el 24 de marzo de 1976, los argentinos aplaudían el paso de los tanques por las calles.

Luego sobrevino lo indecible. Lo inadmisible. Un régimen de exterminio indiscriminado donde hasta pensar era delito. El ejercicio de la violencia se convirtió en política de Estado y todo sentido de humanidad desapareció en la sociedad argentina.

Si hemos de recordar aquello infaustos días, es necesario contar la historia completa. Porque el Juicio a las Juntas fue histórico y necesario, pero fue sesgado, incompleto.

Porque todavía hoy faltan sentarse frente a los jueces los que iniciaron la violencia en el país.

 

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