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Historia de una vieja ciencia llamada Merceología

Inexplicablemente, esa materia clásica de las escuelas comerciales ha desaparecido hasta del diccionario de la RAE. Pero era la disciplina que ayudaba a los alumnos a pensar sobre los procesos productivos e industriales que hacen posible la vida moderna.
Lunes, 13 de abril de 2026 01:37

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Si uno va hoy y busca la palabra Merceología en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE), dice: "La palabra "Merceología" no está en el Diccionario. La entrada que se muestra a continuación podría estar relacionada: mercadología". Y allí surge la pregunta de rigor ¿cómo puede ser cierto si hasta hace algunas décadas era una materia que se enseñaba en el colegio secundario? O sea que estamos en presencia de una palabra extinta.

Algo parecido sucedió con mecanografía, estenografía y caligrafía. La mayoría de quienes estudiaron décadas atrás en colegios comerciales las recuerdan perfectamente. Merceología no era de los cursos más apreciados sino, por el contrario, de los más resistidos por quienes estaban interesados en asientos de caja, balances, bancos, asuntos comerciales y futuros estudios en ciencias económicas. Para otros estudiantes era una de las pocas ventanas al mundo de la química y al aprovechamiento de los recursos naturales renovables y no renovables.

La Merceología enseñaba las cadenas de valor en el mundo orgánico e inorgánico. El alumno aprendía no solo que la leche venía de la vaca, sino que a través de múltiples procesos se llegaba a un mundo inimaginable de productos y subproductos que estaban en la mesa diaria. Y que el azúcar venía de la caña y otra vez un abanico de subproductos alimenticios y farmacéuticos estaba a la vista, pero en general eran invisibles a los ojos. Y se aprendía también que el gas no salía simplemente de una hornalla y la nafta o el gasoil de la manguera del surtidor, sino que provenía de pozos petroleros profundos y luego de pasar por destilerías habían sido inyectados a gasoductos o poliductos hasta llegar al hogar. Y siempre había un universo de productos y subproductos a partir de una sustancia original.

La Merceología era simplemente eso, química para la enseñanza comercial. Pero química al fin.

La química, ante los ojos

Los que estudiamos en el Colegio Salesiano de Salta a fines de la década de 1960 tuvimos como profesora de Merceología a Clara Sequeira de Salas. Era una mujer severa y rigurosa pero que enseñaba su materia con entusiasmo y creatividad. Organizó viajes de estudio a Jujuy para que los alumnos vieran todo el proceso de producción de la caña de azúcar en el ingenio Ledesma y a Zapla para conocer el proceso siderúrgico. Un ejemplo de la química orgánica el primero y de la química inorgánica el segundo.

El punto, en el primer caso, era ver cómo se iba pasando desde el tallo de una planta hasta el azúcar luego de las etapas de cosecha, molienda para extraer el jugo, clarificación, evaporación del agua, cristalización y centrifugación. De allí salía ese azúcar blanca y cristalina en viejas bolsas de tela o papel de 50 kilogramos.

En aquellos tiempos el ingenio había comenzado a aprovechar también el bagazo de la caña para la fabricación de papel. Uno de los productos naturales que se necesitaban era la sal gema que se utilizaba para el blanqueo de la pulpa del bagazo. Los salares de la Puna eran la gran fuente de provisión de esa sal común que se explotaba únicamente en los panes para el ganado, o en piletas de cosecha para yodarla y de uso doméstico y la de raspado que era enviada mayormente al ingenio azucarero.

Era interesante que el único uso industrial de la sal era para los procesos de papel. Nadie sospechaba entonces que esos mismos salares contenían importantes contenidos de litio en sus salmueras y que en su mayoría iban a ser estudiados, explorados y explotados por ese metal alcalino de baterías de celulares y automóviles eléctricos. Hoy se puede ver cómo en un teléfono celular se encuentran contenidos más de la mitad de los elementos químicos de la tabla periódica. La electrónica, batería, pantalla y carcaza del teléfono reúnen desde metales preciosos, críticos, estratégicos y comunes hasta las tierras raras. Hoy un teléfono celular es el mejor ejemplo didáctico para representar lo que significa el aprovechamiento inteligente de los recursos minerales y sus cadenas de valor.

El hierro de Zapla

El otro viaje de estudios fue a Altos Hornos Zapla (AHZ) en Palpalá (Jujuy). En aquellos años se explotaba el mineral de hierro de la mina "9 de Octubre", un manto de óxido de hierro (hematita) que se extendía hasta Unchimé, en Salta.

Ese estrato de hierro se había formado en una playa marina del periodo Silúrico. La mina "9 de Octubre" (Expte. N° 104-D-1942) fue pedida como propiedad minera en 1942 y recibió su nombre de la fecha de creación de la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), el 9 de octubre de 1941. Puede decirse que en ese año nace la industria siderúrgica del norte argentino.

La historia menciona que los descubridores del hierro de Zapla fueron los señores Capra, Senés y Gallardo y que el primero que estudió y dimensionó los yacimientos fue el Dr. Luciano R. Catalano (1890-1970), al punto que el General Manuel Savio propuso designarlo con su nombre. Una calle de la ciudad de Palpalá lleva el nombre de Catalano.

Lo cierto es que el yacimiento, ubicado en Zapla, constaba entonces de un cable - carril de 14 km de extensión que servía para

trasladar el mineral desde la mina hasta los Altos Hornos, ubicados junto a la estación "General Savio" del FFCC General Belgrano. La producción de arrabio en 1960 estaba programada en 450 t por día sobre la base de la puesta en marcha de dos nuevos hornos. Entre 1951 y 1958 la producción de hierro se mantuvo en unas 60.000 t por año de promedio, habiendo alcanzado a 110.000 t en 1959.

En aquel entonces los estudiantes pudimos observar el proceso completo desde la explotación del mineral del hierro, molienda, transporte, cargado de los hornos, agregado de los fundentes específicos, hasta lograr las coladas de arrabio. El arrabio es el hierro bruto fundido, obtenido en la primera fusión dentro de un alto horno mediante la reducción del mineral de hierro. Es una aleación con alto contenido de carbono, silicio, manganeso y otras impurezas, sirviendo como materia prima fundamental para la fabricación de acero.

La dinámica de la industria

A falta de carbón mineral se utilizaba carbón de leña de los bosques vecinos. También aprendimos que las escorias tenían cantidades importantes de fósforo propias del tipo de mineral sedimentario marino; que ese fósforo formaba un ácido que corroía las paredes de ladrillos refractarios de los hornos, y que dichas escorias podrían molerse y utilizarse como fertilizantes.

A propósito, Argentina es un país muy pobre en fósforo y requiere de grandes cantidades para su uso en la agricultura. El fósforo, junto al potasio y el nitrógeno son tres de los elementos principales de los fertilizantes. Una de las pocas fuentes se encuentra en rocas marinas fosfóricas. Esas rocas han mostrado ser también portadoras de algunos de los elementos químicos de los lantánidos o tierras raras.

Quién iba a imaginar hace cien años que esos óxidos metálicos iban a mover hoy la tecnología fina del planeta. Al igual que los minerales críticos y estratégicos.

La naturaleza y sus recursos

La Merceología ayudaba a pensar en cómo una simple roca mineralizada se convertía en un producto de uso común industrial o doméstico. El cobre por ejemplo, que los viejos rusos soviéticos llamaban el "Pan de la Industria", fue usado a lo largo de la historia de la humanidad de las maneras más diversas. Dio el nombre al Calcolítico o Edad del Cobre que siguió a la Edad de la Piedra y precedió a la Edad del Bronce.

El cobre se extraía en estado nativo de la costra superficial de oxidación de algunos yacimientos cupríferos. En los Andes de le llamaba anta-charqui, por su apariencia a la carne seca. El cobre se presenta en grandes masas en los llamados pórfidos de cobre, muchas veces junto con oro y molibdeno.

La Argentina tiene grandes reservas de cobre en las provincias del eje cordillerano, entre estas, Taca Taca en Salta. Hoy el cobre es un mineral estratégico en todo lo que representa la electromovilidad. La energía eléctrica se mueve a través de hilos de cobre que conectan e iluminan el planeta. Al igual que su uso en automóviles convencionales, híbridos o eléctricos. O en trenes, camiones, barcos, aviones, computadoras y electrodomésticos. A lo que deben sumarse otros cientos de usos en las industrias químicas, farmacéutica, agroquímica y electrónica.

El azufre recibía también un tratamiento especial por su importancia en la fabricación del ácido sulfúrico y en otros productos químicos y farmacéuticos. Se enseñaba el rol del Establecimiento Azufrero Salta de mina La Casualidad. Y así con otros metales como el plomo y el zinc, las calizas y la obtención del carbonato de calcio y sus derivados, el carbonato de sodio, las arenas de sílice y el vidrio, el yeso y su aprovechamiento en la construcción, las arcillas y caolines, entre muchas otras sustancias minerales.

Había decenas de libros, autores y editoriales que los publicaban entre ellos el de Sabaté Zinny de Kapelusz, el de García Micangeli de Troquel, el de Milone de Estrada, el de Bruzzone de Losada, por mencionar solo algunos. Hubo muchos y grandes profesores de Merceología en Salta. En Metán era famoso el profesor Racco Filipovich. Bastaba una tiza (caliza), un lápiz (grafito) o un papel (pulpa y minerales) para llenar horas de clase con la explicación de cuantos minerales y procesos físicos, químicos e industriales estaban allí presentes. Luego del cursado responsable el alumno tenía una nueva visión del mundo.

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