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La India, una potencia en ascenso

Jueves, 16 de abril de 2026 01:44
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El intenso protagonismo asumido por Pakistán en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, una iniciativa que contó con la participación de China, impacta en la India. La histórica rivalidad india con su vecina potencia islámica, fundada en razones religiosas e incentivada por el conflicto sobre la soberanía en la región de Cachemira, obliga al gobierno de Narendra Mori a incentivar su presencia internacional. La frontera indio- pakistaní es la única en el mundo en la que confluyen dos potencias nucleares en conflicto.

Con un producto bruto interno superior a los 4,18 billones de dólares y una tasa de crecimiento del 7,6% en 2025, acaba de superar a Japón como la cuarta economía del planeta, detrás de Estados Unidos, China y Alemania. En 2023 ya había desplazado del quinto lugar a Gran Bretaña, su antigua metrópoli, y las proyecciones indican que en pocos años más será la tercera potencia económica mundial.

En el marco de la competencia comercial entre Estados Unidos y China, India intenta atraer inversiones y transformase en la "fábrica del mundo".

La industria textil es una de las mayores fuentes de empleo y convirtieron al país en el sexto exportador mundial en ese rubro. El objetivo fijado es duplicar su producción en el próximo quinquenio para alcanzar en 2030 los 100.000 millones de dólares anuales.

El sector farmacéutico es otra de las fortalezas de la economía india. Es el mayor exportador mundial de medicamentos genéricos, con alrededor del 20% del suministro global. La pandemia del Covid -19 patentizó que en materia de fabricación de vacunas India concentra nada menos que el 60% del mercado mundial.

Pero también ocupa un lugar cada vez más significativo en la cadena global de insumos de alta tecnología. India es el segundo productor mundial de teléfonos celulares. El año pasado desplazó a China como mayor abastecedor de estos equipos a Estados Unidos. El estado meridional de Karnataka es epicentro de una nutrida red de empresas tecnológicas de primera línea, centrada en la ciudad de Bangalore, el llamado "Silicon Valley de la India", donde sobresalen los continuos avances en materia de inteligencia artificial.

Para un líder nacionalista como Modi, que reivindica las raíces religiosas "hinduistas" de una civilización milenaria, este poderío económico tiene que ser la base de un sólido poder militar. En materia internacional, la India tuvo históricamente una política exterior de "multi-alineamiento". En la década del 60, cuando surgió el Movimiento de Países No Alineados, podían distinguirse dos tendencias. Una, expresada por la China de Mao Tse-Tung, sostenía la necesidad de estar "igualmente lejos" de ambas superpotencias. La otra, encarnada por la Yugoeslavia de Tito y la India de Jawaharlal Nehru, propugnaba ubicarse "igualmente cerca". Por ese motivo, un informe de la CIA definía a la India como "el estado oscilante más grande del mundo".

Modi mantiene ese pragmatismo, pero adecuado a la época. En el plano económico India fue cofundadora del grupo BRICS, integrado también por China, Rusia, Brasil y Sudáfrica, al que luego se incorporaron países como Irán y Arabia Saudita, pero a la vez integra la QUAD, una alianza cuatri- partita de seguridad conformada por Estados Unidos, Australia y Japón, que China caracteriza como "una versión asiática de la OTAN". Esa sinuosidad le permite manejarse en un escenario complejo, en que está obligada a preservar sus fronteras con China y, lo que le resulta más difícil, Pakistán.

Pero más allá de su inveterada prudencia diplomática, la India tiene el segundo ejército más grande del mundo, después de China. Según Global Fire Power, China tiene 2.185.000 soldados en servicio activo, India 1.454.000 y Estados Unidos 1.320. 000. Pero la cantidad no es sinónimo de fortaleza. Modi se propone transformar ese número en fuerza.

Ese es el objetivo fundamental del programa denominado "Década de la Transformación (2023-2032)", que pretende reducir drásticamente la vulnerabilidad estratégica derivada de su dependencia de armamentos y erigirse en exportador mundial. Hasta ahora el país afronta un delicado problema que surge de su condición de segundo mayor importador mundial de armas.

La consigna de "India autosuficiente" tiene como uno de sus ejes fundamentales la política de defensa. El objetivo no es sólo reemplazar el equipamiento importado sino construir un ecosistema industrial y tecnológico propio. El lema oficial es la "indianización". A partir de 2020 el Ministerio de Defensa publicó cinco "Listas de Indigenización Positiva" que prohíben en forma escalonada la importación de más de 5.000 ítems de defensa.

La plataforma digital Srijan ofrece a las empresas privadas, incluidas las pymes y startups, una nómina de más de 36.000 ítems para ser "indigenizados". El resultado fue que más de 12.300 productos fueron sustituidos por equivalentes nacionales y que el 92% de los contratos de defensa de 2025 fueron adjudicados a empresas nacionales.

Modi impulsa también una estrategia orientada a poner en valor la principal ventaja competitiva del país: su gigantesca población. Con sus 1400 millones de habitantes, India ya desplazó a China como la nación más poblada de la Tierra. Pero esa cifra encierra otra particularidad: la India encabeza el ranking de nativos residentes en el exterior. La diáspora india suma 31 millones de personas que están diseminadas en todo el mundo. En 2020 la Organización Mundial de Migraciones concluyó que India era el principal país de origen de inmigrantes a nivel global.

Las comunidades indias más numerosas están en los países occidentales de habla inglesa (30%), en sus vecinos asiáticos (28%) y en los estados del Golfo Pérsico (25%). En Estados Unidos, están registrados 4.460.000 indios, en Gran Bretaña 1.820.000, en Sudáfrica 1.560.000, en Canadá un millón y 500.000 en Australia.

Los indios son el grupo étnico con mayores ingresos de la población estadounidense. La razón es que se trata de una comunidad de excepcional nivel educativo.

En la actualidad, el 70% de sus miembros tiene un título universitario, mientras que el promedio nacional norteamericano es del 28%. Como resultado, India es el mayor receptor de remesas del mundo, por encima de China. Con tal motivo, en 2003 se instituyó el Día de la Diáspora India, celebrado el 3 de enero, en referencia a la fecha en que el líder independentista Mahatma Ghandi regresó desde Sudáfrica. La elección de ese aniversario obedeció a la intención de resaltar el valor de un migrante de éxito que retornaba a su patria para engrandecer su comunidad. En 2004 se creó también el Ministerio de Asuntos de Indios en el Extranjero.

Modi utiliza a la diáspora como una herramienta de "poder blando" para potenciar el posicionamiento de la India en el concierto mundial como una "nación de oportunidades". En su libreto figura desde la explotación de la imagen de su país como la mayor democracia del mundo hasta la idea de un santuario espiritual, cuna del yoga y otras disciplinas orientales de amplia popularidad en Occidente. El mandatario indio busca que la diáspora participe en la consolidación las relaciones económicas y políticas entre India y sus países de residencia. Su modelo es Israel y su vínculo con la colectividad judía mundial. La diáspora cumplió un papel fundamental en los planes para la repatriación del talento, el conocimiento y los fondos para iniciativas como el programa "Make in India". En esa tarea participan las comunidades indias en Estados Unidos y Europa Occidental. Pero Modi inició también un acercamiento con los ocho millones de indios que trabajan en los países del Golfo Pérsico y son responsables de un significativo envío de remesas a sus familias.

En el terreno político, Modi busca crear un "lobby" indio que influya en Washington. Ese propósito había tomado una forma incipiente en 1994 a través de la Casa India, inspirada en el "lobby" afroamericano en el Capitolio. En la misma dirección se inscribió en 2002 la fundación del Comité de Acción Política EEUU-India (USINPAC), a semejanza del Comité Americano- Israelí (AIPAC). Para Modi, el mayor objetivo estratégico de ese "lobby" es conseguir que la India tenga un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. "El siglo XXI es el siglo de la India" proclama orgullosamente Modi. Más allá de su tono jactancioso, esa profecía optimista encuentra fundamentos en la realidad.

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