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Esta preocupante historia sucedió los primeros días de este mes de abril, en un lugar no precisado de la traza de la RN 40, en Mendoza. El conductor de un camión cargado de botellas de aceite de oliva volcó sobre una banquina; alguien -después se supo quién- divulgó la noticia y rápidamente llegaron ahí muchas personas, en toda clase de vehículos, que sin más procedieron a cargar todos los envases que pudieron para luego retirarse del lugar. En los videos publicados, puede verse a una joven mujer, vestida con una camiseta de la selección argentina de fútbol, que no sólo se filmaba, sino que parecía alentar a los saqueadores en su afán de apoderarse de cosas totalmente ajenas. Obviamente, tales videos se publicaron prácticamente en vivo. Ya está identificada, incluso antes de que todo esto pasara.
Alertados, varios efectivos uniformados de la Policía de la Provincia llegaron al lugar y procuraron hacer cesar los saqueos, dispersando a los intervinientes activos. Poco fue lo que pudieron hacer, porque parte de los presentes los agredieron a pedradas.
La primera reacción de las buenas personas de nuestro país frente a hechos como éste, es decir: bueno, pero es algo que pasa muy de vez en cuando, lo que es un mensaje ambiguo, que en silencio critica el saqueo, después lo minimiza y así le quita el efecto peligroso que tiene. Habría que ver qué es lo que ese mismo público dice de otros hechos semejantes que han venido sucediendo en distintos lugares de nuestro querido y castigado país.
Pergamino. Provincia de Buenos Aires. Hace algún tiempo atrás, otro camión cargado de mercaderías volcó y también fue saqueado por un grupo indeterminado de personas. Igual que en Catamarca, provincia del mismo nombre; Campana, provincia de Buenos Aires; y Mendoza, otra vez, ahora para saquear carne transportada en un camión.
¿Y por casa, qué onda? Salta, abril del año 2023. En el acceso a Lumbreras, RN 34, vuelca un camión que transportaba harina en bolsas. Otra vez, un gran número de personas llega en distintos vehículos de distinta procedencia, y algunas simplemente pasaban por el lugar del siniestro. Pues bien: en su mayoría se detuvieron, cargaron la cantidad de bolsas de harina que pudieron y se fueron de la escena del crimen.
De nuevo Salta. Esto pasó en febrero del año 2023, en el paraje Cabeza de Buey, lugar donde volcó otro camión frigorífico, que transportaba aproximadamente once mil (11.000) kilogramos de carne vacuna. La escena no fue muy diferente a las anteriores: gente que llega en sus propios vehículos o gente que casualmente pasaba por el lugar; gente que se apodera de la carne, de manera muy primitiva, la carga en su medio de transporte y se retira del lugar.
No muy lejos de ahí tiene asiento un grupo de efectivos de la Gendarmería Nacional, que presta servicios en la estación de peaje. Llegaron al lugar del accidente y ante lo que ya había pasado, permitieron que los individuos se llevaran la carne que había quedado dispersa en los alrededores; pero impidieron que los mismos se llevaran la parte de la carga que estaba embalada. No se necesita ser un experto en derecho penal para entender que, en el mundo del delito y del delincuente, lo más común es que un delito determinado se cometa por parte de una sola persona. Pero esa disciplina puede subir rápidamente el volumen. Entonces, tenemos un solo delito cometido por más de una persona: además del autor, por un coautor; con la cooperación de dos cómplices; o bien, si el autor fue instigado a cometer ese delito. Si eso pasa, ya estamos en el tema de la participación criminal.
Hay ciertos delitos en los cuales está prevista pena para todos los que intervienen, por caso, en una riña entre varias personas, lo que se limita a quienes puedan ser identificados por la autoridad. También hay otros en los cuales, tal como ha venido pasando en las rutas argentinas, hay un grupo más bien numeroso e indeterminado en cantidad de distintas personas que ni siquiera se conocen entre sí que, aprovechando las circunstancias penosas de los transportistas, cometen el mismo delito. Ese concepto de grupo numeroso fue y es estudiado como un delito de muchedumbre.
Que nadie lo dude. Saquear camiones es un delito, específicamente previsto en nuestro Código Penal, en su artículo 163, inciso 2, que contiene las distintas modalidades del delito de Hurto calificado, en este caso, porque sin mediar fuerza en las cosas ni violencia física sobre las personas, el o los autores se apoderan de bienes transportados por la víctima, aprovechando un infortunio particular del damnificado. En estos casos, es un infortunio el accidente vial que termina con el vuelco de un vehículo de gran porte, que pierde su carga por ello. Es un delito que tiene prevista una escala penal que va desde uno a seis años de prisión. En la práctica, nadie queda detenido por ese delito, salvo que, por ejemplo, ya tuviera otra condena anterior.
Saquear no está bien. Saquear camiones volcados, con choferes heridos y aun muertos, tampoco. Que personas comunes y corrientes, como usted y yo, se transformen por unos minutos en ladrones, no está en los manuales de prevención del delito, porque no se espera que algo así suceda.
Los delitos de muchedumbres son motivo de preocupación de los criminólogos por lo menos desde fines del siglo diecinueve de nuestra era. La primera vez que se lo discutió fue en Bruselas, Bélgica, donde se reuniera el Congreso Internacional de Antropología Criminal, en el año 1892. Allí brilló -entre otros- Gabriel Tarde, sobre el género delito colectivo, tal como aporta el legendario Jiménez de Asúa en una obra poco conocida. La conclusión más importante fue que la muchedumbre delincuente es el fenómeno más agudo y típico del delito colectivo. Habrá veces en las cuales podrá distinguirse conductores y conducidos - por ejemplo, la influencer de Mendoza -. En todos los casos, hubo un estímulo que provoca la sugestión y el contagio. Aun así, reunidos los interesados, todos son caudillos y todos son arrastrados.
Una de las damas de la penalística, Concepción Arenal, establece ciertos criterios para ocuparse del delito colectivo, desde el punto de vista intelectual y desde el punto de vista moral. Si lo primero, dice que las notas más destacadas son: los que comprenden bien la idea – p.ej., la del saqueo al primer camión en Mendoza-; los que sólo la comprenden en parte; los que la defienden por espíritu de imitación. Desde el punto de vista moral, están los que juzgan que esa idea es buena, y la hacen propia para valerse de ello; los que no se preocupan por la idea, pero la consideran un medio para servir su interés; habrá malvados, que encuentran en el colectivo una forma de hacer el mal a la que no se atreverían solos; y también están los débiles, que no son malos, pero son arrastrados por la idea y obran por el impulso ajeno. En todos los casos, a estas personas les favorece que a la justicia le será muy difícil probar sus intervenciones.
Las muchedumbres, las turbas obnubiladas como en el último caso, por algunos envases de aceite de oliva, o por cualquier otra clase de carga, preocupan en sí mismas, es verdad, pero lo hacen más todavía porque permiten que se nos caiga la máscara con la que pasamos por la vida y seamos otros por un rato.
Digamos: nuestra versión más parecida a lo que somos en realidad, porque llegó un momento como ese. Ahí es donde nadie se acuerda de las sabias enseñanzas de padres y abuelos; de los consejos de los buenos amigos; nadie se acuerda que, en su casa, hay una familia esperándolo; que los hijos más chicos nos querrán contar su hazaña escolar del día; o las actividades de la tarde.
Signos alarmantes
En cada una de las situaciones descriptas, detrás de muchas personas, de la muchedumbre y de la turba, lo que hay es una profunda descomposición del tejido social que alguna vez hizo grande a la Patria. Un sincero qué me importa; la convicción de "total no pasará nada, como siempre"; y otra paralela, que es "si pasa, todavía puedo pagar un buen abogado que me defienda". Alguien dirá, llegado el caso: pero si los políticos también roban y nunca les pasa nada. Lamentablemente, entre la descomposición y la decadencia hay apenas una delgada línea roja.
Más de una vez, nuestro país estuvo a punto de estallar. No pasó porque Dios existe y se acordó de nosotros. Pero, como puede volver a pasar, mejor curarse en sano. A esos fines, todos estos casos deberían ser tratados en las escuelas y colegios. Por qué no, en las universidades. En el caso de los más chicos, la clase estará a cargo de una señorita maestra; o de un abnegado maestro rural. Los alumnos, todos vestidos de blanco, permanecerán sentados en sus bancos.
La maestra o el maestro dirán: a ver mis alumnos. Yo escribo aquí arriba y ustedes en sus cuadernos. No saqueen, porque eso los hace ladrones. No se ofendan si hacen eso y alguien los llama ladrones. Repitan conmigo: saquear camiones es delito aquí, en Nueva York, en París, en Roma, o en Tirana y Berlín. No está bien. El delito no paga. Nunca paga. Más bien pagamos todos.
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