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La guerra de Irán está llamada a tener un fuerte impacto en la política doméstica argentina. Nunca como hoy tuvo tanta vigencia aquella frase de Perón en su libro "La Hora de los Pueblos", editado en 1968, hace 58 años, cuando la palabra "globalización" no figuraba todavía siquiera en los diccionarios: "En el mundo de hoy, la política puramente nacional es una casi de provincias. Lo único que verdaderamente importa es la política internacional, que juega desaprensivamente por adentro y por afuera de los países".
La Argentina tiene dos antecedentes muy cercanos sobre la actualidad de esa apreciación. Uno es el fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York sobre la expropiación de YPF. Todos los analistas coincidieron en señalar la influencia que tuvo en esa decisión el alineamiento internacional del gobierno de Javier Milei. Prueba de ello fue la presentación en favor de la Argentina realizada por el Departamento de Justicia estadounidense.
El episodio anterior había ocurrido en octubre pasado, cuando el apoyo de Donald Trump permitió que Milei, tras la derrota electoral del oficialismo en la provincia de Buenos Aires, pudiera superar un momento crítico, lindante con una crisis de gobernabilidad, y ganara las elecciones de octubre. Fue la primera vez en la historia que un presidente estadounidense determinó la victoria en una elección en la Argentina.
Resulta imposible analizar la política argentina de hoy sin una correcta lectura del escenario internacional, signado por la Cuarta Revolución Industrial, cuya expresión emblemática es la explosión de la inteligencia artificial, y por el nítido predominio de dos superpotencias: Estados Unidos y China, en un marco de interdependencia económica y de competencia por la hegemonía centrado en la búsqueda del liderazgo tecnológico.
En este panorama corresponde encuadrar la guerra de Irán. Algunos analistas en temas militares caracterizan a este conflicto como una "guerra internacional asimétrica", en una analogía con las contiendas que enfrentan a los aparatos estatales con los grupos guerrilleros. La estrategia defensiva iraní presenta puntos de semejanza con la acción de las organizaciones terroristas empeñadas en explotar los flancos más vulnerables de sus adversarios militarmente más poderosos. Para tener una dimensión de la disparidad de las dos fuerzas en disputa, corresponde señalar que el producto bruto interno de Estados Unidos asciende a más de 30 billones de dólares, mientras que el producto iraní es de sólo 436.000 millones de dólares. En otros términos, el PBI de Irán equivale a menos del 2% del PBI de Estados Unidos. Al mismo tiempo, para graficar esa abrumadora supremacía militar estadounidense, vale precisar que el presupuesto de defensa de Estados Unidos es de más de 832.000 millones de dólares, mientras que el de Irán no alcanza los 9.500 millones de dólares, o sea unas nueve veces menos.
En una guerra de carácter fundamentalmente aéreo, en la que los bombardeos sobre Irán son respondidos por los drones misilísticos iraníes contra sus vecinos árabes y contra Israel, la única carta defensiva efectiva de Irán es el control sobre el estrecho de Ormuz, con su consiguiente impacto en el transporte y el precio mundial de los combustibles, lo que altera también el nivel general de precios a escala global, incluyendo a Estados Unidos.
El énfasis en el control del estrecho de Ormuz corrobora una tendencia, ya reflejada en el documento de seguridad estadounidense publicado a fines del año pasado: la prioridad puesta en la seguridad del transporte marítimo, en especial de los pasos interoceánicos, como ya se manifestó en el interés de Trump por el canal de Panamá, Canadá y Groenlandia en el hemisferio norte y por el estrecho de Magallanes, en el hemisferio sur, una proyección que involucra a las islas Malvinas.
Este reacomodamiento reconoce una causa estructural: el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial multiplica exponencialmente la demanda de energía y minerales. Las circunstancias devuelven actualidad a un libro del prestigioso ensayista estadounidense Robert Kaplan, publicado en 2012 y titulado "La revancha de la geografía". Esa reaparición de la geografía, incentivada por la creciente demanda de recursos naturales, implica una revalorización de los territorios, del subsuelo, de la importancia de las fronteras y del papel de los estados.
Esta reaparición de la "tierra" como factor económico supone una revalorización de la noción de "patria", etimológicamente "tierra de los padres". Emerge una nítida diferenciación entre la globalización como hecho estructural y el "globalismo" como ideología. En un discurso ante la asamblea general de las Naciones Unidas pronunciado en 2019, durante su primer mandato, Trump señaló: "el futuro no pertenece a los globalistas sino a los patriotas". La consigna de "America First" irrumpe como una respuesta al cosmopolitismo cultural dominante en el Partido Demócrata estadounidense.
En la Argentina esta revalorización de la geografía adquiere una singular trascendencia. El papel protagónico de los recursos naturales, expresado en la importancia de la energía, la minería y del agro como factores claves para el desarrollo, implica una tendencia a la reformulación de la geografía económica. Pero esa nueva geografía económica supone también la aparición de una nueva dimensión geopolítica de carácter territorial, que se exhibe en la resurrección del federalismo y el protagonismo de los poderes locales, en especial de los gobernadores y los intendentes.
La contracara de este proceso es la situación del conurbano bonaerense, disparador de los estallidos sociales registrados desde la restauración de la democracia. La construcción de esta nueva geografía económica exige poner en marcha un proyecto de reindustrialización internacionalmente competitiva del tejido productivo del conurbano e implementar un plan de reconversión social para atender a las demandas derivadas de la pobreza estructural y avanzar en el mejoramiento de los niveles de empleabilidad de la fuerza de trabajo.
Este proceso de reconversión productiva está inscripto en un marco de apertura económica internacional cuyas características requieren una precisión. La competencia internacional tiene un carácter sistémico. No compiten únicamente empresas, sino también países, es decir sistemas integrales de organización y decisión. Esto implica la necesidad de "nivelar la cancha". La productividad no puede medirse sólo "puertas adentro" de las unidades productivas sino también "puertas afuera", lo que entre otros puntos implica afrontar los asuntos vinculados con la estructura impositiva, la legislación laboral, los niveles de educación y la infraestructura.
Existe un contraste entre las demandas de esa nueva geografía económica y una geografía electoral marcada por el peso decisivo de la región metropolitana. Esa restricción signará inevitablemente este proceso de transformación estructural. Como acertadamente señala Ricardo Arriazu, en el llamado proceso de "destrucción creativa" inherente al desarrollo capitalista la fase de destrucción avanza más rápidamente que el ritmo de creación.
En este panorama cobran relevancia algunas iniciativas patrocinadas por una franja del "círculo rojo" tendientes a la construcción de una alternativa "de centro" que pudiera plantearse como una opción a la reelección presidencial. Para la oposición, especialmente para el peronismo, esa alternativa demanda un replanteo estratégico que implica, ante todo, una profunda redefinición de la visión internacional. Más aún cuando esa creciente incidencia de lo global en la política doméstica adquiere en estos días una relevancia especial ante la controversia entre Trump y el Papa León XIV sobre la guerra de Irán coincidió en el tiempo con el primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco.
En ese contexto, mientras tenía lugar la misa en homenaje organizada en Luján por la Conferencia Episcopal Argentina, con la participación altos funcionarios del gobierno nacional, la mayoría de los gobernadores, legisladores de los distintos bloques parlamentarios y destacadas figuras del mundo empresario y sindical, la vicepresidente en ejercicio de la presidencia, Victoria Villarruel prefirió asistir a la Basílica de María Auxiliadora, donde se fue bautizado Jorge Bergoglio; en tanto, Milei, cuya identificación con Trump es un signo distintivo de su gobierno, estaba en Jerusalén en un acto conmemorativo de la independencia de Israel.