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El pasado lunes 30 de marzo, a la hora de entrada del turno mañana, en un colegio de San Cristóbal, Provincia de Santa Fe, mientras los otros alumnos estaban atentos al izamiento de la bandera nacional, uno de ellos, de quince años, empezó a dispararles con una escopeta; uno de los chicos murió y varios resultaron heridos. La víctima fatal se llamaba Ian Cabrera y apenas tenía 13 años.
Días después de ese desgraciado hecho, se deben hacer conocer ciertos detalles, con fines ilustrativos. Por ejemplo, contarles que la escopeta que el tirador llevó le pertenecía a un abuelo; que es del calibre 12-70 y se usa para la caza. Su cartucho tiene una longitud de 70 milímetros y un diámetro de 18,5 milímetros. Que obviamente, el abuelo no la guardó bien,
Menos mal que esa escopeta se carga para disparar y se recarga si el tirador pretende hacerlo otra vez. En eso estaba el que nos ocupa, hasta que, gracias a la acción valiente y arriesgada de un adulto, pudo ser neutralizado, desarmado y luego arrestado. El colegio de San Cristóbal pasó a ser una especie de punto de partida de otros hechos que se han venido sucediendo en casi todo el país, incluida la ciudad de Salta.
True Crime Community
En el caso de Santa Fe, los investigadores, en especial los que tienen formación en nuevas tecnologías, ya establecieron cuál fue el principal motivo de inspiración del tirador. Les bastó acceder a su teléfono celular y la computadora que usaba en su domicilio. El tirador ingresaba con frecuencia a un sitio web creado en los Estados Unidos, que se conoce por las iniciales TCC, o True Crime Community. Sus contenidos básicos, no excluyentes de otros, son los crímenes reales disponibles, los casos de asesinos en serie y las masacres escolares.
Las mayores precisiones provinieron de una oficina pública, como lo es la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT), que encuadra esta clase de contenidos como de extremismo violento nihilista. De acuerdo a esa fuente, el TCC es una comunidad digital cuyo objeto es investigar, fascinarse y emular a perpetradores de homicidios masivos y ataques indiscriminados a civiles con armas de fuego. Su origen está en la tristemente célebre Masacre de Columbine, en Colorado, sobre la cual -dicho sea de paso- Michael Moore dirigió un documental electrizante.
Una comunidad así concebida no tiene ningún objetivo cultural. Cuando se refiere a algún homicida en particular, los presenta como figuras admirables y hasta heroicas. Cuando se construye el material audiovisual, el objetivo es agregarle una estética atractiva al ataque, o la acción violenta propiamente dichos. Si la Criminología norteamericana se detuviera en alguno de los integrantes de esta comunidad, les encontraría algunos rasgos comunes: misantropía, como punto de partida; algún serio problema de salud mental, como la depresión; con o sin bullying previo; de conexiones cuasi políticas con grupos neonazis, negacionistas y del racismo puro y duro del país.
En nuestra provincia
Salta es una ciudad del norte de la Argentina, forma parte del mundo en que vivimos, en el cual la información está disponible para quien la desee y circula mucho más velozmente de lo que los adultos quisiéramos. ¿Por qué estaría a salvo de esta clase de violencia escolar o colegial?
Porque no es posible, es que por estas tierras, en este mes de abril se sucedieron distintos hechos por ahora lejanamente emparentados con el de San Cristóbal. Hubo graves amenazas de tiroteos, por distintos medios; grafitis de contenidos violentos pintados en los baños; mensajes intimidatorios escritos a mano en hojas de cuadernos a rayas; fotos de armas de fuego reales; agresiones físicas entre alumnos, etc. Se descubrieron contactos internos entre grupos de WhatsApp. Si bien desde algún lugar se pretendió bajar la intensidad de la narrativa de lo que estaba pasando diciendo que todo era por retos de Tik Tok, eso no fue una buena idea: el observador profano de esa red social se sorprendería si viera lo fácil que es acceder a ella y a sus contenidos, que incluyen tips para armar un reto propio, si así lo desea y luego compartirlo con la comunidad de usuarios. Bien se dijo que hay redes que no permiten desenredarse.
Si pasó en Salta, también pasó en Mendoza, en Buenos Aires -sólo en el distrito escolar de San Miguel, hubo 18 casos en un solo día-, en Córdoba o en Paraná. ¿Por qué no en otras provincias que todavía no tienen tanto impacto?
Violencia e intolerancia
Detrás de la escena de todos estos hechos están la violencia y la intolerancia como lugares comunes. Se ha naturalizado que sin violencia verbal contra el oponente de turno, no es posible la discusión de ideas propia del Estado de Derecho. Eso baja, en nuestro caso, a una sociedad atribulada por lo que le pasa en el día a día y lo difícil que se ha convertido vivir con dignidad.
Hay padres y madres que no consiguen conectar con sus hijos y viceversa, porque también hay hijos que tampoco lo hacen con sus padres. Siempre es bueno que los padres no dejen pasar casos en que sus hijos sean los agresores o los agredidos por otros en clases; que se activen, en consecuencia.
Hay escuelas y colegios con directivos y docentes desmotivados. Ellos, como nosotros, viven acá y participan de todos los detalles. En medio de todos estos protagonistas, están nuestros jóvenes. No hace mucho, en este mismo espacio, el tema fueron esos jóvenes, pero porque nos interesaba opinar sobre la baja de edad de imputabilidad. Es decir, nuestra respuesta más intensa para los jóvenes fue el Derecho Penal y eso no es una buena señal. Tiene razón la escritora Analía Sivak, cuando destaca que se ven más discusiones sobre la imputabilidad que sobre la educación.
"Educar al soberano, en nuestro diseño constitucional, es una facultad de la Nación y de las Provincias"
Educar al soberano, en nuestro diseño constitucional, es una facultad concurrente de la Nación y de las Provincias. Enseñar y educar en el hogar, en cambio, es una tarea reservada a los padres. Querer aprender es una tarea propia de los alumnos. Todo este gran problema empieza a resolverse haciendo que todos, es decir, los que diseñan las políticas públicas, los directivos y los docentes, los padres y madres, asuman en conjunto la necesidad de transmitirles a nuestros jóvenes las ideas clásicas sobre el esfuerzo individual para aprender y para superarse; sobre el respeto a las autoridades escolares, a los padres y más que nadie, a los compañeros del curso o del grado. Educar y enseñar sobre ese bien social que es la tolerancia, sobre todo con quien no piensa lo mismo que nosotros.
Los culpables
Aun así, aun haciendo los deberes que nos toquen, nos asalta una duda. ¿Quién es el responsable de los tiros de escopeta en San Cristóbal? El tirador fue el autor, pero no será perseguido por el sistema penal, porque es menor de dieciséis años. ¿Qué tienen que ver los padres?: todo, podrán ser demandados en los tribunales por los daños que causó un hijo menor.
Y la sociedad, o la humanidad, ¿también es responsable? Penalmente, no lo es, porque esa responsabilidad es personal y precisamente, de cada hombre o mujer que comete un delito, que no deja de ser una ruptura con la estructura social que crea delitos y penas para defenderse.
Lo que no puede negarse es que la sociedad es interpelada por estos tiros de escopeta. Claro que no menos que por ese menor de doce años, apodado "Chispita", un niño de la calle, el mismo que no hace mucho, cuando murió por una bala policial, estando sentado en el asiento de atrás de un automóvil, tenía en sus manos un arma de fuego cargada, apta para el disparo.
Ya es un poco tarde para prevenir un contagio verificado. Siempre hubo espacio para inspiraciones inapropiadas o delictivas. Por eso es que fue una buena idea revisar las mochilas de los estudiantes, e incluso prohibirles que las lleven a clases; que lleven bolsas transparentes, por caso; y que alguna autoridad revise lo que ingresa con los alumnos.
Habrá que instalar cámaras de seguridad fuera y en los lugares principales de escuelas y colegios; monitorearlas, para poder dar respuestas rápidas. Es probable que la fuerza policial no tenga el personal suficiente para afectar a cada escuela y colegio. No lo es menos, que la alternativa más próxima sea contratar empresas de seguridad privada, para prevenir y actuar.
Como suele decir un querido amigo: más que preocuparse, hay que ocuparse.
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