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El paisaje de Sunchal en Escoipe y sus magníficas cascadas

Un paraíso de colores, con el brillo del agua y las huellas de la paleohistoria. La Quebrada de Escoipe deslumbra hoy por su geología y su larga historia rural y cultural como nexo entre el Valle Calchaquí y el Valle de Lerma.
Lunes, 27 de abril de 2026 01:39
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Salta tiene paisajes extraordinarios para visitar y conocer en un radio de menos de 100 km y a unas dos horas de recorrido en automóvil.

Desde el borde de la Puna hasta el borde del Chaco, los amantes del senderismo han alcanzado y habilitado para el turismo y el deporte algunos sitios que pueden recorrerse y visitarse cómodamente a lo largo de un día. Saliendo a primeras horas de la mañana y regresando a últimas horas de la tarde. Y siempre con la vestimenta adecuada y todas las precauciones del caso, como el acompañamiento de guías especializados, para evitar perderse en senderos engañosos o sufrir accidentes por caídas, resbalones y torceduras. O defenderse de picaduras de insectos, y hasta manejarse en técnicas de primeros auxilios. Además de la responsabilidad con los residuos y decenas de otros elementos que manejan los profesionales del senderismo tal como equipos de comunicación por radio en sitios donde no hay señal para teléfonos celulares.

Uno de los grandes atractivos del norte argentino son las cascadas, saltos, chorros y caídas de agua. Las hay por decenas, unas más imponentes que otras, en entornos ricos en vegetación y en distintos marcos geológicos. Algunas tuvieron una espectacularidad superlativa en tiempos glaciarios y hoy están secas tal el caso de la "Garganta del Diablo" o su vecina "El Anfiteatro", ambas en la Quebrada de las Conchas.

En la cara occidental del Valle de Lerma, desde La Caldera hasta Alemanía, hay innumerables cascadas en afluentes de los ríos principales como Yacones, Lesser, Castellanos, San Lorenzo, Arteaga, Tilián, Corralito, entre muchas otras.

Lo mismo pasa en la Quebrada del Toro, antes y después del Viaducto, todas ellas como desplome de las aguas en las viejas rocas del basamento precámbrico conocido en el norte argentino como Formación Puncoviscana. En las mismas quebradas se suelen ver enormes bloques aislados de rocas, movidos en tiempos remotos por distintos mecanismos fluviales o de remoción en masa, con un peso de decenas a centenas de toneladas y que son un atractivo en sí mismos.

La Quebrada de Escoipe es dueña de un extraordinario paisaje. Por su interior corre la ruta provincial 33 que se dirige a la Cuesta del Obispo y a los Valles Calchaquíes. Se ingresa por Chicoana y Pulares hasta alcanzar la boca del río Escoipe en "Los Laureles". Enseguida se llega al puente de "Chorro Blanco" donde ya el topónimo mismo denuncia caídas de agua. Luego de pasar el moderno puente de "Mal Paso" y el pintoresco poblado de "Agua Negra" se alcanza el "Angosto de Huayra Huasi". En unos pocos minutos se llega al Puente de Malcante sobre el río homónimo. Antes de pasar el puente y a mano derecha sale el camino a Sunchal, un caserío aguas arriba.

El río Sunchal

El camino corre pegado al río Malcante que en un par de kilómetros se une al río Sunchal. Este río torrentoso baja de norte a sur. El paisaje se vuelve de pronto deslumbrante con vistas increíbles de las coloridas montañas rojizas de los alrededores y los cambios vibrantes de la vegetación, con monte chaqueño y cardonales, hasta alcanzar los pastizales de altura. El entorno está a su vez salpicado por quintas y huertas donde se ven árboles frutales, especialmente duraznos y manzanos, nogales, maizales de "choclo capia" y cultivos de habas y papas andinas.

El ganado doméstico, más allá de la quesería, es un problema por el sobrepastoreo y la erosión en cárcavas.

Los rodados en el río anuncian que las rocas están cambiando. No solo aparecen los rodados de pizarras grises con vetas de cuarzo de las formaciones precámbricas, sino que se hacen evidentes los de las calizas amarillas de las formaciones cretácicas. Estos se vuelven cada vez más frecuentes. Están formados por los clásicos rodados de estromatolitos algales fósiles, así como también las coquinas de gasterópodos de turritelas.

También los huevitos calcáreos que se conocen como oolitas y que los estudiantes de geología bautizaron simpáticamente como "caviar fósil". Ni fósil, ni caviar, sino simplemente concreciones minúsculas de antiguas playas carbonáticas. Cientos de miles de rodados calcáreos amarillentos reposan a lo largo del río, con estromatolitos, turritelas y oolitas, a los que se suman calizas negras bituminosas y calizas litográficas que se parten como las hojas de un libro. Precisamente, en las viejas imprentas se utilizaban las calizas litográficas para la impresión de planchas de libros y mapas.

Un eslabón perdido

No es el caso de nuestras rocas, en general estériles en fósiles, pero sí en Alemania son famosas las calizas litográficas donde se encontraron restos del Archaeopteryx, un reptil volador

que dio mucho que hablar como eslabón perdido entre los dinosaurios y las aves.

Lo cierto es que esas calizas de Solnhoffen se explotaron para planchas litográficas de las viejas imprentas. Más interesante aún es ver en los rodados y en los afloramientos a los costados del río, estratos de calizas negras formadas en un ambiente anóxico que al ser golpeadas desprenden un fuerte olor a hidrocarburos aromáticos.

Son la roca madre de antiguos petróleos formados a finales de los tiempos cretácicos durante la depositación de la Formación Yacoraite. A veces alcanzan el grado de esquistos bituminosos como los que explotó en la década de 1920 la salteña Lola Mora (1866-1936) en la sierra de la Candelaria en Rosario de la Frontera.

La fiesta del agua

Cuando se depositaban aquellas rocas, los Andes como hoy los vemos no existían y había un gran mar y lagos asociados, en un ambiente cálido, donde reinaban los dinosaurios. Todo ese mundo habría de cambiar drásticamente con la caída del asteroide en México que produjo el "Holocausto Cretácico" y la extinción de los dinosaurios y otros reptiles voladores y marinos de la época.

Precisamente en rocas del río Sunchal encontramos por primera vez huellas de dinosaurios. Y también se puede apreciar a ambos lados de la quebrada las rocas cretácicas al oeste y las rocas terciarias al este. Estas últimas son margas rojas y verdes de las formaciones Mealla y Maíz Gordo que representan a los tiempos cenozoicos. Justamente en parte el río corre por el famoso límite K/T, o Cretácico-Terciario de la extinción de los dinosaurios y el comienzo del nuevo mundo cenozoico con el dominio de los mamíferos.

Los senderos siguen río arriba y se bifurcan. Uno de ellos, el de la derecha va hacia una de las cascadas. El afluente rompe en las calizas de la Formación Yacoraite y se desploma en un salto de aguas cristalinas que caen a plomo desde varios metros de altura. El ambiente es fresco, oxigenado e intensamente verde, con helechos y frutillas silvestres en el piso. El ruido del agua al caer y golpear en el suelo genera una música difícil de describir. Pero que hay que experimentar.

Otro sendero a través del río que corre a la izquierda va hacia la cascada principal. La más grande del lugar. Imponente. Aguas frescas y cristalinas se desploman en los estratos de calizas altamente inclinados de la Formación Yacoraite y caen al piso en un torbellino que recuerda un tobogán de los juegos acuáticos.

El lugar con su fuerte y casi ensordecedora música de aguas cantarinas, la dispersión de gotas cristalinas en el aire, el frescor y el oxígeno, sumado al verde del entorno, generan un sublime cuadro de la naturaleza que inspira un sentimiento cuasi religioso. Las cascadas se encuentran a unos seis kilómetros del puente del río Malcante y de la R.P. N° 33. Parte del camino se puede hacer en vehículo y parte por senderos de a pie.

Otra cascada muy visitada en esa región es la de Las Zanjas, donde existe un puente carretero sobre la ruta que conduce a ese poblado. La cascada de "La Zanja" se desploma en rocas de otro entorno geológico.

Las Zanjas

Toda esa región de Sunchal y Las Zanjas mantiene una delicada estabilidad geológica y ha sido teatro en el pasado de grandes avalanchas y deslizamientos de tierras. Precisamente el topónimo "Las Zanjas" hace referencia a ese fenómeno donde se ven grandes cicatrices en laderas inestables que están cediendo por gravedad. Los sismos de gran intensidad pueden hacer ceder de golpe a esas laderas generando deslizamientos conocidos como "landslides". El último sismo de febrero de 2010 activó las grietas geológicas. Toda esa región, de una gran complejidad tectónica, con fallas geológicas de envergadura que retuercen las formaciones rocosas, da el marco para que se disparen ese tipo de fenómenos como se observa en las numerosas cicatrices del terreno.

Caminar por el río Sunchal hacia las cascadas representa un desafío por la gran cantidad de rocas en su cauce que hay que esquivar permanentemente. Además de bloques de distintos tamaños mayormente de las calizas amarillas. Y todo ello producto de antiguos volcanes de barro que bajaron por la quebrada arrastrando todo a su paso. Esos fenómenos de remoción en masa son muy comunes en la Quebrada de Escoipe y sus afluentes, al punto que el pueblito de San Fernando del Valle de Escoipe quedó sepultado en enero de 1976. Escoipe y sus afluentes, igualmente deslumbran hoy por su geología, geografía, paisaje y su larga historia rural y cultural como nexo entre el Valle Calchaquí y el Valle de Lerma.

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