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La mano del médico y la tecnología

Martes, 28 de abril de 2026 01:11

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Cuando los viejos médicos estudiábamos medicina no estábamos sobrecargados de clases de instrucción ni de observación y análisis de imágenes. La enseñanza se llevaba a cabo junto a la cama del paciente y la obligación ineludible del estudiante era escuchar y comprender el historial de la dolencia y hacer las preguntas adecuadas para conocer los detalles.

Se enseñaba a utilizar los ojos y los oídos, a usar las manos para palpar y saludar cordialmente al paciente, oler, escuchar los latidos del corazón, percutir el pecho, palpar el abdomen y otras formas de contacto físico. Había un profundo contacto físico con el enfermo y las propias manos del futuro médico podían convertirse en herramientas terapéuticas.

El proceso del diagnóstico consistía en el seguimiento sistemático de un algoritmo. La mano humana es mucho más que un apéndice prensil con varios dedos ubicada al final del antebrazo. La mano del hombre es la única que puede oponer el dedo pulgar al resto de la mano y tiene la mayor extensión en su representación en la corteza cerebral.

La interacción entre mano y tecnología ayuda a las tareas médicas y al diagnóstico, pero tiene los riesgos de usar indiscriminadamente y a veces en forma abusiva la tecnología de consumo con cada vez mayor distanciamiento entre el médico o el técnico que opera esa tecnología y la persona enferma.

Se produce una deshumanización de la relación entre el médico y el paciente y éste comienza a creer más en los resultados de la tecnología que en su médico; muchas veces usa y abusa del uso de procedimientos tecnológicos.

La medicina de verdad es visitar pacientes, escucharlos, intentar penetrar en sus experiencias y problemas, interesarse y responsabilizarse por ellos. Los pacientes son reales, a menudo irascibles, con problemas y dilemas auténticos y angustiantes. La medicina no es solo una cuestión de diagnóstico y tratamiento.

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