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Los presidentes cambian, pero Perú continúa

Con 8 presidentes en los últimos 20 años, y tres décadas de inestabilidad política permanente, el país sostiene el mismo presidente del Banco Central, su riesgo país es de los más bajos y goza de la confianza de los inversores externos.
Miércoles, 29 de abril de 2026 01:31
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Mientras todavía está pendiente el resultado final del escrutinio de las elecciones presidenciales peruanas que determinará si el rival de Keiko Fujimori en el balotaje previsto para el 7 de junio será el ultraderechista Rafael López Aliaga o el izquierdista Roberto Sánchez, y en medio de denuncias de fraude que enturbian la transparencia del proceso, la vida institucional sigue siendo una fuente de sorpresas.

Dos días después de que el presidente interino José María Balcázar proclamara su intención de postergar la firma de un acuerdo con Estados Unidos para la adquisición de una flotilla de 24 aviones Lockheed F-16 por un valor de 3.800 millones de dólares, un anuncio que provocó la renuncia del Ministro de Defensa, Carlos Díaz Dañino y de su colega de Relaciones Exteriores, Hugo de Zela, se informó oficialmente que el convenio había sido firmado y la primera cuota de 2.300 millones de dólares ya había sido abonada.

"Italia crece de noche mientras los gobiernos duermen". Aquel célebre aforismo humorístico empleado por los italianos para definir la situación de su país en la década del 80, en medio de las permanentes crisis ministeriales que derribaban a sus gobiernos, merece aplicarse en un país donde los presidentes suelen terminar presos, procesados o no finalizan su mandato, o las tres cosas a la vez.

Alberto Fujimori, padre del "modelo peruano", falleció en 2023 tras haber sido condenado a cadena perpetua y luego de largos años en prisión fue finalmente indultado. Fujimori inauguró una regla no escrita de la política peruana: la presidencia es la antesala del procesamiento penal y en la mayoría de los casos también de la cárcel.

La economía peruana mantuvo empero, con pequeñas variantes, el rumbo estratégico aperturista impuesto por Fujimori en la década del 90. Como consecuencia, y a pesar de las frecuentes crisis institucionales, el riesgo país nunca supera los 200 puntos y es uno de los más bajos de América Latina. A pesar de las turbulencias políticas, en 2025 el producto bruto interno aumentó un 3,7% y la inflación ascendió a apenas el 1,7%.

La atomización partidaria provoca que ningún presidente cuente con mayoría legislativa y convirtió a Perú en una "parlamentocracia": en los últimos diez años el Congreso removió a siete mandatarios. El último presidente removido fue el interino José Jeri, antecesor de Balcázar, descubierto cuando ingresaba, oculto bajo una capucha y con un bolso en la mano, a una reunión con dos empresarios chinos

En contraposición con esa seguidilla, desde hace veinte años, lapso en que se sucedieron ocho presidentes, el titular del Banco Central sigue siendo Julio Velarde, designado en 2006 por Alan García, quien gobernó durante dos períodos (1985-1990 y 2006-2011) antes de suicidarse en su domicilio en 2019, minutos antes de ser llevado a prisión.

Ese mismo modelo aperturista propició un sólido anclaje internacional de la economía peruana, una de las más abiertas de América Latina. Perú, como Chile, suscribió un tratado bilateral de libre comercio con Estados Unidos en 2009, y otro acuerdo similar con China en 2010. Es también uno de los miembros fundadores de la Alianza del Pacífico, un bloque regional que incluye a Chile, Colombia y México. Desde entonces hubo una ola de inversiones extranjeras, tanto estadounidenses como chinas.

Un factor determinante para el desarrollo peruano fue precisamente la irrupción de China. El "Indice China 2022", un estudio sobre 82 países del Doublethink Lab, una organización no gubernamental de Taiwán, afirma que Perú y Sudáfrica son los dos estados del hemisferio occidental que registran mayor influencia del coloso asiático.

Esta tendencia se intensificó durante sucesivos gobiernos. El punto de inflexión fue en 2010, en el segundo mandato de García, con el tratado de libre comercio, pero el vínculo se profundizó en 2019, bajo el gobierno de Pablo Kuczynski, cuando Perú formalizó su incorporación a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que es para China su principal vía de expansión internacional.

Desde 2011 China es el mayor socio comercial de Perú. Si a comienzos del siglo XXI Estados Unidos concentraba el 24% del intercambio bilateral y China no superaba el 5%, en la actualidad los términos se han invertido completamente y el porcentaje de China supera el 30% y duplica al estadounidense. El 36% de las exportaciones peruanas son al mercado chino. En esas ventas ocupan un lugar especial el cobre y el litio, que tienen cada vez mayor incidencia en la producción automotriz.

China ya es el inversor más importante en Perú, con aproximadamente un 25% de la inversión extranjera acumulada. Después de Brasil, es el país latinoamericano que recibe mayores inversiones chinas. Doscientas empresas chinas llevan radicados más de 30.000 millones de dólares.

En 2020, China Yangtzé Power International pagó 3.700 millones de dólares por la adquisición de Luz del Sur, la mayor compañía distribuidora de energía eléctrica. En 2023 la italiana Enel vendió su filial en Perú a State Grid Corporation of China, la mayor compañía eléctrica del mundo, propiedad del Estado chino. Todo el suministro de electricidad de Lima está a cargo de firmas chinas.

Esa presencia de las corporaciones chinas se refleja en las áreas más variadas, inclusive en algunas preocupantes para Estados Unidos, como en el terreno de las comunicaciones con el desarrollo de la tecnología de 5G, donde la compañía china Huawei lleva la delantera sobre sus competidoras. Las Bambas, uno de los mayores yacimientos minerales del país y de los principales centros de producción mundial de cobre, es explotada por la multinacional china MMG.

La compañía marítima Cosco Shipping construyó el megapuerto de Chancay, el mayor proyecto de infraestructura financiado por Beijing en América Latina, destinado a transformarse en el eje del intercambio entre América del Sur y Asia. El proyecto pretende complementarse con una línea ferroviaria que posibilitará la conexión con Brasil.

Este monumental complejo portuario tiene inequívocas implicancias geopolíticas. El objetivo es establecer un punto de ingreso para gigantescos buques de última generación que descargarán mercaderías chinas que serán transportadas luego, en navíos de menor calado, hacia los puertos de Chile, Ecuador y Colombia.

El "Índice China 2022" puntualiza la fuerte penetración de la agencia estatal Xinhua en los medios de comunicación, las visitas de periodistas a China para recibir cursos de capacitación, los acuerdos entre las universidades peruanas y empresas chinas y la intensa actividad del Instituto Confucio, que promueve la lengua y la cultura del país oriental.

Esta influencia tiene profundas raíces históricas. Desde la abolición de la esclavitud, decidida en 1854 por el presidente Ramón Castilla, Perú recibió una oleada de inmigrantes chinos, contratados en empleos de baja calificación para reemplazar a la mano de obra esclava en el desarrollo de obras de infraestructura.

Ese alud inmigratorio se mezcló con la población aborigen y originó un mestizaje étnico que se advierte en la adopción de algunas costumbres y en cierta tradición gastronómica. No es casual que Fujimori, un peruano de origen japonés, haya sido conocido popularmente como "El Chino" y que Sendero Luminoso, liderado por Abimael Guzmán, un antropólogo de la Universidad de San Marcos, fue la única guerrilla de América Latina que asumió la ideología "maoísta".

Esa fusión étnica potenció la credibilidad de la tesis del navegante e historiador británico Gavin Menzies que en su libro "1421: el año en que China descubrió el mundo" narra las peripecias de una gigantesca flota china, encabezada por el almirante Zehjn Ze, que habría dado la vuelta al mundo y visitado las costas peruanas más de un siglo antes de la llegada de los conquistadores españoles.

El "milagro peruano" reside en una estrategia de inserción internacional que le permitió sobrevivir a su congénita debilidad política. Esto posibilitó que en medio de ese descalabro político la economía haya seguido transitando con normalidad mientras Velarde, desde su oficina del Banco Central, cuyas abundantes reservas monetarias están abastecidas por el ingreso de divisas derivados de las exportaciones a China, pudiera mirar impasible los sucesivos cambios de mando.

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