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Zenda Libros es una revista literaria dedicada a la promoción y difusión de la literatura en español fundada por el escritor Arturo Pérez-Reverte. Este año la publicación otorgó el Premio Zenda de Honor al escritor español Enrique Vila-Matas.
Al recibir el premio, Vila-Matas ofreció un discurso breve que vale la pena transcribir: "Un escritor es un tipo que se quita los guantes, dobla la bufanda, menciona la nieve, nombra la guerra, se frota las manos, mueve el cuello, cuelga el abrigo, va más allá y se atreve a todo. Si no se atreve a todo, no será jamás un escritor. Atreverse a todo incluye saber que no se trata, por ejemplo, de luchar a fondo contra los imbéciles digitales, porque imbéciles los hay en todos los ambientes; se trata más bien de escuchar lo que dicen y comprenderlos, sin duda para luego crear un mundo donde los imbéciles no entren".
"Imbéciles los hay en todos los ambientes". Qué verdad tan estruendosa. Para peor, pareciera que los imbéciles han accedido al control de los mecanismos de poder del mundo y que, parapetados detrás de esa ignorancia profunda que atesoran orgullosos como atributo, nos gobiernan. "Imbéciles los hay en todos los ambientes"; qué verdad tan descorazonadora.
Durante mucho tiempo se creyó que ciertos personajes eran simples payasos políticos. Figuras grotescas, ruidosas, ridículas incluso, pero incapaces de alterar el curso de la historia. Hitler fue considerado un payaso. Hasta que dejó de serlo. Trump también fue considerado un payaso. Y si bien nunca dejó de ser una persona ignorante y peligrosa, es el presidente del país más poderoso del mundo.
Alguien que militariza a su propio país por medio del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE); servicio convertido en la principal fuerza federal de Estados Unidos con un presupuesto anual de 27.700 millones de dólares: más que el gasto militar completo de países como España o Turquía. Un presidente que se autoproclama "presidente actuante de Venezuela". Alguien que dijo que, como no le otorgaron el Premio Nobel de la Paz, no está obligado a "pensar sólo en la paz". O que seguiría bombardeando a Irán "solo por diversión". Alguien que se cree capaz de "acabar con una civilización" en una noche.
"Imbéciles los hay en todos los ambientes"; qué verdad tan lacerante. Pero el problema nunca fue ese. El auténtico drama comienza cuando esos imbéciles se vuelven relevantes. Porque nunca hay que confundir imbecilidad con irrelevancia. Y porque no se trata de falta de inteligencia sino de otra cosa: de la incapacidad para comprender las consecuencias del poder que tienen.
No profeso religión alguna, aunque no dejo de respetar a todo aquel que profese cualquiera de ellas. No soy antisemita ni anti-sionista etiquetas, por desgracia, en boga; pero no adhiero a la locura expansionista de Netanyahu que busca crear la nueva "Gran Israel", así como no puedo dejar de lamentar los genocidios en Gaza, Cisjordania o el sur del Líbano. Dicho esto, por supuesto que tampoco adhiero al islamismo radicalizado que masacra, incluso, a los propios musulmanes. Sí adhiero a las palabras del Papa León XIV quien, durante su visita a Camerún, denunció que "el mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos". ¿Cómo no coincidir?
El escenario internacional se asimila al de un circo donde personajes siniestros payasos relevantes ocupan el centro de la pista. Desde Trump hasta Putin; desde Netanyahu hasta Khamenei. Personajes siniestros a los que se suma la nueva aristocracia tecnológica: Peter Thiel, Elon Musk, Mark Zuckerberg, Sam Altman y Jensen Huang. Personas sin humanidad. Una aristocracia tecnológica que no opera a distancia, sino que tiene presencia directa en los centros de decisión. Personas con poder que afectan para peor la vida de millones de personas.
Svetlana Aleksiévich, en su discurso de aceptación del premio Nóbel dijo: "Me preguntaba qué libro sobre la guerra me habría gustado escribir. Me habría gustado escribir sobre un ser humano que no dispara, que no puede abrir fuego sobre otro ser humano; sobre alguien a quien la propia idea de la guerra le haga sufrir". Muma Casares una joven escritora argentina habla de la posibilidad de la escritura como "un remedio para hacer la vida un lugar más habitable".
Quizás esa sea una de las pocas respuestas posibles frente al espectáculo que hoy ofrece el mundo. ¿Seremos capaces de crear ese mundo imaginado por Vila-Matas en el que los imbéciles no entren? ¿O, al menos, uno en el que sólo se enfrenten entre ellos? ¿Uno en el que la humanidad vuelva a ser un valor para cuidar y no una debilidad por explotar?
Tal vez sea sólo un sueño literario. Una fantasía de escritores. Pero la alternativa es bastante más inquietante. Porque Hitler fue considerado un payaso. Hasta que dejó de serlo. Trump es un showman narcisista y payasoide, pero posee el poder y el potencial de recorrer el mismo camino. Y tecnócratas megalómanos y autoritarios con las herramientas tecnológicas capaces de convertir esa pesadilla en una tragedia de dimensiones colosales.
Mussolini decía que no existe dominio perfecto sobre una sociedad sin una tecnología eficiente. Conviene recordarlo. Hitler fue considerado un imbécil y un payaso. Hasta que dejó de serlo. El problema no es que existan estos seres. El problema es cuando comienzan a ser tomados en serio. Y son poderosos.