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El cine aún no descubrió a Eric Boman. Figuras icónicas del cine, encarnadas por artistas de fama internacional, se inspiraron en científicos reales, tales los casos de Harrison Ford con "Indiana Jones" y Sam Neill como el Dr. Alan Grant en "Jurassic Park". Indiana Jones es una mezcla de varios personajes reales de la ciencia, entre ellos se mencionan al arqueólogo del mundo Maya, Sylvanus Morley; al naturalista y descubridor de huevos de dinosaurios en Mongolia, Roy Chapman Andrews; y al explorador inglés desaparecido en el Amazonas, Percy Fawcett. Sin embargo, el personaje que más se acerca al icónico Indiana Jones es Hiram Bingham quien dio luz al mundo a las ruinas de Machu Picchu.
Hace años escribimos una biografía donde rescatábamos que, en su viaje a Perú, Bingham pasó por Salta. Precisamente la vestimenta, el sombrero, el arma, el látigo y su pánico por las serpientes eran parte del personaje real y del look del cine. Con respecto a Sam Neill, en el papel de Alan Grant en Jurassic Park hace referencia al paleontólogo Jack Horner, famoso por sus descubrimientos de nidadas de dinosaurios en Montana. Tuve la suerte de conocerlo personalmente en el Simposio Internacional de Huellas de Dinosaurios que se realizó en Albuquerque en 1986. No solo a él, sino también a Bob Baker que de alguna manera encarnaba también esa figura icónica del paleontólogo de la película de Spielberg. Dinosaurios que escapaban a la lógica reptiliana de la sangre fría para convertirse en máquinas activas y veloces del mundo mesozoico. Un elemento icónico en todos esos personajes eran los sombreros, los "Salacot" de los viejos exploradores y los "Fedora" de los nuevos.
El descubridor de Tastil
Pero aquí nos interesa deslumbrarnos con un personaje que vivió en nuestra tierra y hoy es una figura internacional, aunque resulte casi desconocido para las nuevas generaciones. Se trata de Eric Boman, el arqueólogo sueco que descubrió Tastil, la ciudad prehispánica salteña, cuyas ruinas se esparcen en el batolito granítico del mismo nombre.
La descripción que hace de él el conde Eric von Rosen en su expedición al norte argentino en 1901 es más que elocuente. Lo llamó el "Jinete Negro" y la cito: "Está vestido de sombrero negro de grandes alas, capa negra, que casi llega hasta el suelo, y botas negras. Hasta su cinto ancho, la funda del revólver y la vaina de su cuchillo son de cuero negro. Bajo la luz de las estrellas aparece su larga y delgada figura envuelta en la capa negra". Von Rosen registró con su cámara algunas escenas de la expedición científica en su recorrido por la Quebrada del Toro y hay una fotografía en la que se ve a Boman de espaldas, vestido en la manera que se comenta.
El viejo paleontólogo Rodolfo Parodi Bustos (1903-2004) supo contarme sobre Boman al que había conocido personalmente en las primeras décadas del siglo XX en el Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires. Parodi era además amigo de Héctor Greslebin (1893-1970), el discípulo más apreciado de Boman, que fungía como arquitecto y arqueólogo. Precisamente Boman y Greslebin escribieron juntos el trabajo titulado: "Alfarería de estilo draconiano en la región diaguita" (Buenos Aires, 1923).
El explorador legendario
Pero ¿Quién era Boman? Eric Boman (1867-1924) nació el 5 de junio de 1867 en las montañas de cobre de Falun, un viejo distrito minero sueco. Las minas se explotaron a lo largo de un milenio y produjeron grandes cantidades de metales. Su padre fue el reconocido ingeniero de minas, Lars Eric Boman y su madre doña Karin Angman.
No se sabe con certeza si Eric tenía estudios universitarios o era un autodidacta vocacional. Al parecer su paso por el "Museo del Hombre" en París parece haberle dado cierta formación académica. Muy hábil con los idiomas, llegó a Buenos Aires en 1889 y se empleó como maestro de colegios secundarios. Luego de un tiempo pasó a Catamarca donde fue nombrado profesor del Colegio Nacional y más tarde Juez de Paz. Pudo ser juez por que se nacionalizó argentino. Su permanencia en Catamarca le permitió conocer e involucrarse de primera mano con los ricos hallazgos arqueológicos de la región. Allí realizó excavaciones en diversos lugares de la provincia, al tiempo que adquirió un profundo conocimiento de la literatura española de la época de la conquista.
La lectura de las obras del siglo XVI y XVII le abrió un vasto horizonte para comparar de primera mano el relato de los cronistas de la conquista con sus observaciones en los enterratorios indígenas. Cuando la expedición de los mecenas de la nobleza sueca al mando de Erland Nordenskiold y Eric von Rosen llegó a la Argentina en 1901, surgió el nombre del compatriota que ya tenía experiencia regional en arqueología y conocía la idiosincrasia de los pueblos andinos.
Entre 1901 y 1902 acompañó la misión Nordenskiold por los valles de Salta, la Puna Argentina, el sur de Bolivia, Tarija y finalmente la visita a los grandes ríos Pilcomayo y Bermejo. Al finalizar la expedición, Boman se convirtió en 1903 en miembro de otra gran expedición, esta vez mecenas y nobles franceses, bajo la dirección del marqués G. de Créqui Monfort y E. Sénéchal de la Grange.
Valiosa producción bibliográfica
El resultado de las investigaciones realizadas durante esta expedición en el noroeste de Argentina y la zona vecina de Chile los publicó en 1908 en París bajo el título "Antiquités de la région andine de la République Argentine et du désert d'Atacama", el primer trabajo sistemático que aborda la arqueología de esta zona.
La obra en dos tomos, con 948 páginas, 83 láminas, 73 figuras en el texto, 3 mapas y unas 400 citas bibliográficas recibió el aplauso y admiración de grandes sabios de la época como Paul Rivet, Richard Andrée, Walter Lehmann, A. H. Keane, Herman F. C. Ten Kate, Franz Heger y Félix F. Outes, entre otros.
La Academia de Francia otorgó a la publicación el "Premio Loubat" y hasta la fecha este trabajo sigue siendo insuperable en su campo. En un enorme esfuerzo editorial, la Universidad Nacional de Jujuy tradujo al español y publicó la obra en dos gruesos tomos. Boman residió en París entre 1904 y 1910 y los dos años siguientes en Suecia.
Luego regresó a Argentina para realizar, por cuenta de Suecia, investigaciones arqueológicas de campo. Debido a dificultades excesivas, esta expedición fracasó. Mayores éxitos tuvieron sus investigaciones por cuenta del estado argentino en la provincia de La Rioja donde realizó una extraordinaria colección de piezas de alfarería. En 1916, Boman fue nombrado jefe del departamento de arqueología del Museo Nacional de Historia Natural de Buenos Aires. Además de sus "Antiquités" publicó decenas de trabajos sobre "los túmulos indígenas del Valle de Lerma", las "pipas de fumar de los antiguos diaguitas", las "ruinas de Tinti" en Salta, el Pucará de los Sauces, arqueología en la sierra de Santa Bárbara (Jujuy), enterratorios indígenas en Mendoza, los "Estudios arqueológicos riojanos", la coexistencia en Miramar de megafauna fósil y evidencias humanas, entre muchos otros.
Realizó un gran trabajo fotográfico antropológico con los indígenas de Susques. En su paso por el norte de Chile hizo relevamientos de petroglifos. Todos sus trabajos se distinguen por su gran precisión y aguda capacidad de observación.
Una vocación irrefrenable
Dice su discípulo predilecto Greslebin: "No le detenía en su esfuerzo, tanto conmigo, como con el profesor Enrique Palavecino, las circunstancias que nada podía ofrecernos de su mezquino sueldo de 360 pesos mensuales, ni la exigüidad del local de que disponía, que, por cierto, no brindaba comodidad alguna. Su oficina en el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", se componía de un gran salón con dos ventanas a la calle Bernardo de Irigoyen, frente a la plazuela de Montserrat, lugar que acosaban los chicos del barrio con sus juegos…Este local estaba abarrotado por armarios y por una rústica estantería de tablas montadas sobre caballetes de madera, sobre una escalerilla que se apoyaba contra la pared. Sobre estas tablas se asentaban numerosos vasos recogidos en su última expedición a la provincia de La Rioja. Al lado de esa cerámica se disponían pilas de libros, clasificadas por autores o por regiones. Apenas quedaba espacio para acomodar una silla. Tal precario estudio, en el cual pasó diez años, era a su vez el dormitorio del maestro.
Dormía reclinado en un ancho sillón, marcada su silueta sobre el piso por las señales de fuego de las colillas de cigarrillos, pues era un gran fumador. Nunca lo vi comer. Únicamente se alimentaba a base de café con leche. Su vestimenta era pobre, muy usada. En semejantes condiciones era forzoso que su naturaleza se resintiera y se fue consumiendo poco a poco hasta que acaeció su muerte el 28 de noviembre de 1924".
Esta misma imagen me fue revelada por el profesor Parodi Bustos quien señalaba que uno de sus maestros, Lucas Kraglievich había tenido un final de indigencia parecido. Boman murió soltero, pobre, triste y abandonado. El diario La Nación dijo: "Con Boman pierde la arqueología americana uno de sus mejores y pocos hombres". Fue enterrado en el cementerio alemán de Buenos Aires y más tarde sus restos fueron llevados al "Pucará de Tilcara" en la Quebrada de Humahuaca donde descansan junto a los de Salvador Debenedetti. En Catamarca un museo arqueológico lleva el nombre de Eric Boman. La figura de Boman es hoy crucial para la arqueología salteña y argentina.