PUBLICIDAD

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
PUBLICIDAD

Un país sin rumbo, con una dirigencia desconcertada

Los logros macroeconómicos no alcanzan para disimular el deterioro del poder adquisitivo de los ingresos de dos tercios de los hogares. Pero ni el gobierno ni sus críticos son capaces de explicar cómo se superará la coyuntura.
Viernes, 22 de mayo de 2026 01:38
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

Javier Milei siempre se diferenció de la política tradicional. Al ser electo presidente de Argentina y abrazado a una ideología emparentada con el liberalismo, se erigió como el primer presidente libertario del mundo.

Esta pertenencia ideológica del presidente Milei nos inserta, sin beneficio de inventario, con la dirigencia liberal mundial; así, presidentes y expresidentes como Donald Trump, Giorgia Meloni o Víctor Orban miran a Argentina como un faro de ideas que se ponen a prueba al gobernar un país. Este es el motivo principal de la visita y permanencia de Peter Thiel que pretende observar – cual fenómeno de laboratorio – la experiencia de gobernanza desde el extremo libertario.

En épocas de crisis económicas y políticas, las ideas y métodos excepcionales son las herramientas a las que apelan los gobiernos para cumplir con sus objetivos políticos. En la Argentina, la implementación de la política fiscal y monetaria es una de las herramientas. Al respecto, la aplicación de medidas de reducción del déficit fiscal tiene un amplio consenso en toda la sociedad y es, indudablemente, un logro político del presidente Milei. Luego, las chances de un candidato para gobernar implican reivindicar esta política.

Decíamos "logro político", ya que las medidas tomadas bajaron la inflación en tiempo récord, pero puso en tensión el sistema de salud, el sistema jubilatorio, el financiamiento de las provincias y baja general de los sueldos privados y públicos.

Dos caras de una moneda, en la disputa de dos modelos:

* El modelo propuesto por el gobierno lo vivimos cotidianamente por la pérdida del poder adquisitivo, la recesión y la informalidad laboral, que convive en paralelo con sectores que crecen y acumulan rentas como la energía, minería, transacciones bursátiles y el sector agropecuario.

* El otro modelo propuesto por un grupo que esgrimiendo una variante critica, al proyecto oficial, cuestiona dentro del modelo. Sostenida por economistas, sin un dirigente o partido que la represente.

Nuestra historia reciente nos enseña que la sociedad toma decisiones controvertidas al calor de las crisis económicas, tales como, la llegada de Carlos Menem, Nestor Kirchner o Javier Milei al poder; a todos le precedió una crisis económica convertida en política, que nos mostraba un abismo que luego se transformaba – a la luz del diálogo y los acuerdos – en plataforma de un nuevo proyecto.

Actualmente, recorremos la plataforma de la propuesta oficial – legitimada en las elecciones de medio término de octubre pasado – pero en el tránsito sabemos que, para muchos, la plata no alcanza. Nos referimos al 66% de la población, dividido en 44% de clase media y 50% de clase baja que vive con un promedio de 770 dólares. Para otros, la plata sobra, como el 6% de población, 2,8 millones de personas en 800 mil hogares que concentran el 34% de la riqueza del país y viven con un promedio mensual de 7.900 dólares. Entonces, la política doméstica tiene sus propias lógicas – alejadas del protagonismo internacional del presidente Milei – recorriendo caminos que nos ponen, como sociedad, en una encrucijada: volver sobre nuestros pasos o continuar el sendero iniciado por un presidente con ideas y métodos controvertidos.

Encrucijada que nunca se resolvió en Argentina al calor de los hechos de corrupción de propios y extraños, ya que la ausencia de ética no es una causa excluyente para que un gobierno fracase. Si no, recordemos: "somos derechos y humanos","roban, pero hacen", entre otras frases vernáculas.

Así, en el oficialismo el incumplimiento de las leyes de asistencia a personas con discapacidad, el financiamiento universitario o de reforma laboral, aprobadas por el Congreso y requeridas por la Justicia para su cumplimiento efectivo, o las tarjetas de crédito oficiales de Nucleoeléctrica Argentina serían motivo suficiente para una moción de censura al Jefe de Gabinete de Ministros y esto no pasó. En el bando opuesto, quienes denuncian la corrupción del gobierno actual fueron parte por comisión u omisión de la SIRA del gobierno del expresidente Alberto Fernández o de la Causa cuadernos donde están implicados empresarios y funcionarios de los dos últimos gobiernos que precedieron al actual.

Luego, la corrupción es una condición necesaria pero no suficiente para el fracaso del gobierno, si lo es la cuestión económica.

Por lo tanto, ni el gobierno del presidente Milei, ni la oposición pueden tener la pretensión de resolver esta controversia en nombre de la moral; es decir, el camino de los probos e impolutos no está vinculado con los que estuvieron o están en el poder aquí, ni en ninguna democracia moderna.

Lo que sí es sustancial para las democracias es el disenso. Pero hoy el cuestionamiento sobre los alcances de las políticas monetaria y cambiaria, aunque se originen en economistas que abrevan en el mismo cántaro ideológico, es descalificado y denostado desde lo mas alto del poder político.

Tampoco se admite proponer una "hoja de ruta" explicativa de la política fiscal, monetaria y cambiaria, en un país que tiene vencimientos de deuda por US$ 18 mil millones en 2026 y US$ 22,2 mil millones en 2027. En el mismo sentido, la oposición tampoco explica a la sociedad como crecerá el PBI, cómo se integrará la mitad de la población en la economía informal o cuál es su plan para recomponer la inequidad económica y la polarización social. Entonces, el poder concentrado y personalizado en el presidente que comenta sus dogmas económicos y la oposición sin liderazgos claros y propuestas unificadas, están un paso atrás de una sociedad que empieza a cambiar esperanza por desazón e impotencia ante la falta de oportunidades.

En consecuencia, en este estado de confusión y cerrazón política de propios y extraños, es imperiosa una política de acuerdos parlamentarios y alianzas programáticas que avizoren un horizonte posible. Explicando – tanto el oficialismo como la oposición – e implementando y proponiendo cual es lugar asignado a los compatriotas desempleados o los que están sin cobertura social y previsional, cual es el papel de las universidades nacionales y sus docentes e investigadores que involucionan y emigran.

Diseñando cómo se integrarán al sistema formal, los empleados estatales y jubilados. Cuál será el futuro en un Estado al margen del sistema científico técnico y como se resuelve la crisis estructural del sistema jubilatorio. Manifestando a los industriales, pymes y al comercio de qué modo se integrarán ante la apertura económica y depreciación de los sueldos.

Explicando al sector agropecuario, a los que producen y explotan petróleo, litio, cobre y oro de qué manera las rentas obtenidas en algunas regiones beneficiarán al resto de los sectores que quedan al margen de esta renta.

Si no se explica claramente quienes son los ganadores y perdedores y cual es el lugar reservado para ellos en este proyecto de país, cada uno interpretará de acuerdo con sus intereses y valores, generando un renovado desconcierto político y anomia social.

Decíamos, si no se explica y se implementa una política diferente, poco importara si el presidente es un "outsider" y una estrella en el firmamento libertario mundial, sino que volveremos sobre nuestros pasos: los de desencuentro, el desencanto y la imposición de la ley del mas fuerte, en un país que será mas desigual y violento. Porque, como decía Fernado Henrique Cardoso, "gobernar es explicar" cuando aludía a la pedagogía y transparencia como herramientas fundamentales del buen gobierno.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD