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La muerte de Nisman y un daño colateral: la ex fiscal Fein

El fiscal especial del caso AMIA fue asesinado, según la calificación que se establece en el expediente. Pero los esfuerzos por mostrarlo como suicidio y la injustificablemente torpe investigación inicial han logrado obstruir el esclarecimiento final del crimen. 
Sabado, 23 de mayo de 2026 01:43
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"Síntesis del informe de la Junta Interdisciplinaria reunida para establecer si el exfiscal Alberto Nisman se suicidó o fue asesinado…A. El deceso fue provocado por la acción de un proyectil de arma de fuego calibre 22 LR, disparado por la pistola marca Bersa, Modelo 62, Calibre 22 LR, identificación numérica 35099, en forma apoyada y con angulosidad…La trayectoria interna en zona cavidad craneal es de atrás hacia adelante, de derecha a izquierda y ligeramente de abajo hacia arriba…El orificio de entrada se encuentra ubicado a 3 cm por encima de la implantación del pabellón auricular derecho, y a 7 cm por delante de la región parieto temporal…La muerte fue producida por la destrucción parcial de la masa encefálica con hemorragia interna exanguinante…Se descartó que el occiso cursara -al momento de su muerte- un síndrome o trastorno psíquico asociado a conducta autodestructiva…Del informe sobre los adhesivos de carbono obtenidos de las manos de quien en vida fuera el doctor Natalio Alberto Nisman…esta Junta Interdisciplinaria infiere que no utilizó las manos para efectuar el disparo que le causara la muerte violenta…"

La historia empieza con dos menciones a los atentados terroristas que se perpetraron en Buenos Aires, primero en el año 1992, cuando se destruyera la entonces Embajada de Israel, en la calle Arroyo, y luego en 1994, cuando, literalmente, derrumbaran la sede de la A.M.I.A. y causaran estragos en los edificios ubicados en esa cuadra de la calle Pasteur. Hubo dos investigaciones judiciales. En el caso "Embajada de Israel", que era de competencia originaria de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, se hizo una impecable investigación, con la guía del entonces ministro del más Alto Tribunal, doctor Carlos S. Fayt, que está terminada como corresponde, es decir, con el hecho esclarecido y las responsabilidades penales de los autores y coautores claramente determinadas. Ninguno de los responsables pudo ser habido hasta la fecha, pese a estar específicamente requeridas sus detenciones a la autoridad competente en donde se encuentren.

De la otra investigación no se puede decir lo mismo, porque la primera fue tan defectuosa -dicho esto con la mayor benignidad- que debió anularse y empezarse de nuevo. Precisamente es allí donde el fiscal federal Natalio Alberto Nisman aparece en la escena pública, cuando fue puesto a cargo del llamado caso "A.M.I.A.". Contando con una gran cantidad de material probatorio, el fiscal trabajó para depurarlo y ampliarlo, hasta que, el 13 de enero de 2015, entendió que debía dar el primer paso, haciendo una denuncia para que su teoría del caso fuera investigada.

Fue una denuncia de alto impacto político, porque atribuía a la entonces presidenta de la Nación, a su canciller, y a varios dirigentes que orbitaban dentro del mismo espacio, por haber diseñado un plan delictivo para dotar de impunidad a los imputados en el atentado, de nacionalidad iraní, acusados en la investigación en curso, para que la eludieran y se sustrajeran a la actuación de la justicia argentina. A todos ellos, el fiscal les atribuyó la comisión de varios delitos, tales como encubrimiento por favorecimiento personal agravado, Impedimento o estorbo de acto funcional e Incumplimiento de deberes de funcionario público.

Hasta aquí la primera parte de esta historia, que se vio interrumpida con la muerte del fiscal Nisman. Ahora haremos un paréntesis del capítulo judicial propiamente dicho para luego retomarlo. Después del impacto que generó su denuncia, el fin de semana siguiente Nisman estaba solo en el departamento del piso 13 de una de las torres Le Parc, en Puerto Madero. Estaba preparándose para ir al Congreso en la semana, precisamente para informar sobre su denuncia. Si bien tenía asignada una custodia de diez efectivos de la Policía Federal Argentina, que montaba guardia en la planta baja, la noche del sábado 17 de enero autorizó a retirarse a los que estaban de servicio, pidiéndoles que se presentaran el domingo 18 a las 11 y 30. Ninguno de ellos volvió a verlo con vida. El último contacto telefónico que el fiscal mantuvo con un medio periodístico fue ese mismo sábado a las 21:17. Hay una ventana de tiempo entre ese llamado y el domingo, cuando a las 11 y 30, como estaba acordado, el personal de custodia subió al piso 13. La primera señal de alarma fue ver que los diarios estaban afuera y la siguiente lo fue todavía más, porque el fiscal no respondió al timbre del departamento.

Desde las catorce horas, hubo llamadas a las secretarias del fiscal y una de ellas dio el contacto de la madre, Sara Garfunkel, quien decidió ir al lugar, al que llegó con una acompañante. Tampoco pudo entrar, porque si bien tenía una llave de acceso, aparentemente había otra colocada en la cerradura desde adentro.

A las 22.30, llegó el cerrajero al que se recurría desde el edificio cada vez que fuera necesario. Le tomó unos minutos abrir la puerta, porque la llave del otro lado estaba apenas puesta en la cerradura. Las primeras en ingresar al interior del departamento del fiscal fueron su madre, su allegada y dos de los custodios. Ellos vieron el cadáver del fiscal tirado en el piso del baño.

Desde aquí en adelante, empezó el daño colateral que la exfiscal Viviana Fein causó a la investigación de la muerte de Nisman. Es aquí, también, el lugar desde el cual quien esto escribe se propone partir para desarrollar su propia teoría de lo sucedido, que no debió suceder y que bien hubiera podido terminar mejor.

Enero es mes de feria. En la C.A.B.A., en este caso correspondía que interviniera un juzgado nacional en lo criminal y correccional, que estaba a cargo de una jueza, Fabiana Palmaghini, que estaba de vacaciones. Por eso fue que la reemplazó el juez Manuel de Campo. La fiscal asignada era Viviana Fein.

Aquí dejamos planteado nuestro punto de vista sobre el tema del juez competente. Desde el primer momento, esto es, apenas se supo lo que había pasado, en este caso debió intervenir la justicia federal de la C.A.B.A., o sea la de Comodoro Py, con un juez y un fiscal, designados previamente para la feria judicial de enero. Hay varios motivos para que fuera así: 1) por la investidura de funcionario nacional de la víctima, Alberto Nisman; 2) porque había radicado una denuncia por delitos federales, en contra de la máxima autoridad del país; 3) porque si bien tenía custodia asignada, su actuación fue notoriamente defectuosa, con lo que se activó la cláusula del "buen servicio" de los funcionarios nacionales, que también es propia de la justicia federal en todo el país.

La verdad es que todo salió mal. Mal porque en todo caso quien debió ingresar al departamento, custodiar la escena del crimen y preservar el cuerpo de la víctima era el juez y no la fiscal. Así lo dispone la ley aplicable al caso y no consta que el juez le delegara la instrucción a la fiscal, ya que los dos llegaron al lugar; pasó que, sin mediar tal delegación, el juez estuvo por poco tiempo en el edificio y después simplemente se fue. Si hubo una delegación, fue ipso facto. Aquí nos detenemos, porque ya dijimos que la primera en llegar fue la madre del fiscal; lo que después se supo fue que el entonces secretario de Seguridad, Sergio Berni, llegó antes que el juez y la fiscal; no sólo eso, porque consta en la causa que el nombrado contó que se había atascado con su auto en su campo de Zárate, que estaba con su calzado lleno de barro. Pues bien, así y todo, entró y caminó por todo el departamento.

Hace apenas unos días atrás el juez Julián Ercolini dictó el procesamiento contra Fein atribuyéndole la comisión del delito de Encubrimiento agravado, por su condición de funcionario público, por la gravedad del delito investigado, por no haber preservado adecuadamente la escena del crimen, por no haber delimitado la escena; por haber omitido protocolos básicos de criminalística. Estimó que por lo que se hizo mal, se perdieron rastros, se alteraron pruebas y no pudieron reconstruirse aspectos centrales del hecho, generándose un grave perjuicio a la investigación del homicidio. En este razonamiento, Fein fue funcional al ocultamiento o deterioro de prueba relevante.

Esto es importante. El juez descartó la hipótesis oficial del suicidio y tiempo después, una pericia en la que intervinieron peritos oficiales y de parte -ver nuestra síntesis al principio de esta nota-, confirmó que el fiscal había sido asesinado de un disparo, con el arma que le proveyó Diego Lagomarsino, exempleado de Nisman. El procesamiento de Fein bien podría haber incluido otros motivos, haber limitado la escena del crimen al baño, en vez de todo el departamento, no haber registrado cabello del piso del baño, no identificar a todas las personas que ingresaron al departamento (entre 30 y 50) y haber permitido que un perito de la Federal tomara el arma, deslizara su dedo por la corredera de la pistola, quitara las balas y las dejara sin más sobre el bidet.

Luego, la investigación pasó al fuero federal. Allí se encuentran la resolución del juez Rafecas, desestimando la denuncia del fiscal Nisman; la apelación del fiscal y de la parte querellante; la resolución de la Sala II de la Cámara Federal porteña, que confirmó por mayoría lo decidido por Daniel Rafecas y que luego fue revocada por la Sala I de la Casación Penal, ante un recurso de la D.A.I.A., que apartó a Rafecas y a los jueces de la Cámara Federal.

Debió sortearse otro juez. Primero fue Ariel Lijo, después Claudio Bonadío y ahora Ercolini. Ante este juez, se produjo el estudio de una Junta Interdisciplinaria según la cual el fiscal Nisman fue asesinado por dos o más personas, que montaron una escena para que pareciera un suicidio. La calificación del caso es "homicidio calificado". Es un caso en trámite, que aún no tiene definiciones. La investigación prosigue y está a cargo del fiscal Eduardo Taiano.

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