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Soberanía multidimensional: romper el binarismo austral

Domingo, 24 de mayo de 2026 01:58
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Este 25 de mayo, al cumplirse 216 años del primer grito de libertad de 1810, la fecha invita a reflexionar sobre el sentido de la independencia en el siglo XXI. Es ocasión para reconocer a quienes sostienen el pensamiento crítico y rendir homenaje a los camaradas que dejaron su huella en el Atlántico Sur. Su legado recuerda que Argentina mantiene un discurso binario sobre las Islas Malvinas, mientras persiste una vulnerabilidad estructural: el endeudamiento externo. La lógica binaria es a un "todo o nada".

En un mundo de competencia estratégica entre superpotencias, los países deben evitar quedar presos de esquemas rígidos. El siglo XXI exige flexibilidad y ambigüedad estratégica, como la competencia entre EEUU y China, que evitan un conflicto directo por su interdependencia económica, tecnológica y financiera, reflejada en el caso de Taiwán. Mientras Europa atraviesa una crisis estructural y Occidente busca reafirmarse, Argentina, con recursos clave, necesita una dirigencia estable y de largo plazo para no quedar relegada en el nuevo orden mundial.

Sin embargo, seguimos condicionados por dogmas del pasado. Cuando la deuda externa se convierte en presión, el riesgo trasciende lo fiscal y alcanza lo territorial. Una reinserción financiera basada en la subordinación transforma la fragilidad económica en cesión soberana encubierta. Se ha llegado incluso a teorizar con la entrega o fragmentación de la Patagonia como moneda de cambio ante acreedores, una nueva "hipótesis de conflicto" que obliga a revisar estrategias y transformar la retórica en una "hipótesis de confluencia". Este articulo trata de ello y para alcanzar este ideal, se necesita una planificación clara en lo económico y lo diplomático para sostener la soberanía frente a presiones externas.

Las lecciones de las Fuerzas Armadas son esenciales para comprender la soberanía. Mientras la parte de la sociedad ingresó en la "desmalvinización", en los cuarteles se mantuvo vivo el espíritu de la gesta. En Malvinas se combatió con profesionalismo y honor, una dignidad que no se define en escritorios burocráticos, sino en el campo de batalla y en la práctica de la diplomacia militar.

Malvinas: memoria

Un ejemplo de ello se dio en el invierno de 2003; comandaba una compañía argentina en Kosovo. Mi subunidad reunía hombres de las tres FFAA en un entorno hostil. Al aproximarse el 2 de abril, decidí cruzar hacia Pristina e ingresar en la base más custodiada del planeta, sede de la Brigada Multinacional "Centro". Mi objetivo: invitar a los jefes británicos a nuestro cuartel para conmemorar juntos un nuevo aniversario de la Guerra del Atlántico Sur. Al llegar a los retenes, los soldados ingleses me miraron con sospecha, pero al pronunciar "Argentina", las puertas se abrieron.

Una semana después, el rugido de un helicóptero rompió el silencio. De la cabina saltó el Brigadier General Jonathan Shaw, comandante de la brigada, quien en 1982 había desembarcado en las islas como teniente. Al cuadrarme ante él, me estrechó la mano y murmuró: "It's a dream...". Lo que siguió fue una jornada de mística militar. Formé a mi subunidad con nuestra Bandera de Guerra desplegada y pronuncié un discurso donde nombré a los caídos de ambos bandos. Los oficiales de la OTAN observaban con asombro nuestros viejos fusiles FAL: eran las mismas armas que habían tronado en Malvinas.

En ese ambiente de camaradería, servimos un asado improvisado. Shaw, inicialmente desconfiado del mate, terminó sumándose al ritual, momento en que decidí colocar a mi veterano suboficial junto al comandante británico. De pronto, entre risas y humo, se hizo un silencio: con un bolígrafo y una servilleta, ambos trazaron líneas reviviendo la noche del combate de Monte Longdon. En 1982, la sección de Shaw había embestido contra la posición exacta que defendía nuestro suboficial.

Al terminar la visita, Shaw subió al helicóptero en silencio. Una semana después recibí una carta suya de valor histórico: "…el punto más saliente fue recrear el combate de Monte Longdon... me alegro de que ambos erráramos los tiros para ahora compartir recuerdos como amigos. El suboficial comentó que nuestro fuego de artillería era terrible; concuerdo, pero mal dirigido, ya que las primeras andanadas cayeron entre mis hombres haciéndonos pelota…". Hacia el final, revelaba su conmoción al ver las fotos de mi familia: "…recordé cuando encontré junto a un caído argentino las fotos de su novia y su familia. Ver esas fotos me devolvió a la realidad. Me recordó la esquizofrenia que debemos adoptar para sobrevivir... Siento todo esto más fuerte porque también tengo esposa e hijos…".

Ese jefe enemigo, cuya sección de paracaidistas sufrió un 30% de bajas en Monte Longdon y debió ser retirada del campo de batalla, ratificaba que en Malvinas se combatió con profesionalismo y destreza, algo que muchos intentaron sepultar bajo el olvido.

Soberanía compartida

Si quienes se enfrentaron en el campo de batalla son capaces de edificar puentes de respeto, la diplomacia formal no tiene excusas para seguir atrapada en la intransigencia. Ese espíritu permite rescatar la tesis del VGM Alejandro Diego, un proyecto estructurado en cuatro puntos: un modelo de soberanía compartida con el izado de las banderas argentina, británica y de las islas; el establecimiento de un estatus de provincia autónoma para las islas, quitando su jurisdicción de Tierra del Fuego; el reconocimiento de derechos a los isleños, incluyendo su participación directa en el Congreso argentino; y la adopción de EEUU como garante del acuerdo.

Actualmente, la situación en el Atlántico Sur se sostiene por el "aislamiento psicológico y percepción de amenaza continental". Londres ha utilizado históricamente el "peligro argentino" para cohesionar a los isleños y justificar una base militar sobredimensionada. Romper ese aislamiento exige superar la confrontación. El estatus de provincia autónoma propuesto blinda constitucionalmente el modo de vida de los habitantes, mientras la conectividad y el acceso a infraestructura continental operan como vectores de una descolonización económica gradual.

Desde la ciencia jurídica, esta alternativa es viable: la "Disposición Transitoria Primera" de nuestra Constitución ratifica la soberanía sobre las islas, pero prescribe que su recuperación debe encauzarse "conforme al derecho internacional" y "respetando el modo de vida de sus habitantes". Un acuerdo de soberanía compartida y el establecimiento de una provincia autónoma ejecutan fielmente este mandato, ya que la Carta Magna no prohíbe la gradualidad ni la co-gestión como etapas hacia la restitución plena.

En este marco, el proyecto presentado por el VGM Alejandro Oscar Diego en la Universidad de Manchester, durante la conferencia "Falklands-Malvinas 44", prevé incluso un referéndum inspirado en el plebiscito de 1984 por el Canal del Beagle, buscando blindar el acuerdo con legitimidad popular. El plan, dinamizado por la realidad tecnológica de la Guerra Híbrida Total y estructurado bajo garantías cruzadas, busca transformar a Malvinas: dejar de verlas como altar de sacrificios pasados para proyectarlas como plataforma de desarrollo futuro.

Atlántico Sur y tablero

Durante mi participación como parte de la delegación de Argentina en los debates de la CCAC en Ginebra (Suiza) en 2016, quedó en evidencia el tablero global de aquel entonces: EEUU imponiendo su peso, India defendiendo su autonomía, China operando con coherencia estratégica y rusos y ucranianos en pleno desencuentro diplomático. En ese entorno competitivo, Argentina alcanzó un hito al certificar la destrucción total de sus minas antipersonales (que tantas bajas habían causado al ex enemigo británico en Malvinas) e intervino en las discusiones sobre sistemas autónomos letales ("kill robots"), defendiendo el control humano significativo en su uso. Ese doble gesto consolidó la imagen del país como actor responsable en los foros multilaterales. La aceleración tecnológica transformó aquellas advertencias en realidad observable, con robots desplegados como tropas terrestres en Ucrania y enjambres de drones guiados por inteligencia artificial en el Estrecho de Ormuz.

En ese ámbito también pude apreciar la alta diplomacia de Itamaraty, lo que refuerza nuestra propuesta de una provincia autónoma bajo co-garantía internacional, incluyendo junto a EEUU a actores regionales como Brasil y Perú. La diplomacia brasileña aporta respaldo y legitimidad continental, mientras Perú demostró lealtad geopolítica en 1982, arriesgando su posición internacional en apoyo de la soberanía argentina. Pude presenciar el arribo de los Hércules peruanos con pertrechos en la base Aérea de El Palomar: íhermanos para siempre!

La presencia de estos países en un comité de garantes conferiría confianza mutua y justicia histórica, además de equilibrar la influencia de la otra contraparte.

El compromiso

A pesar de haber generado rechazos en sectores rígidos, como algún Centro de Excombatientes (algunos la calificaron de "rendición definitiva"), la propuesta instala un debate ineludible. Escuchar la verdad de los veteranos y rectificar la estrategia tras dos siglos de ocupación demuestra que la soberanía moderna se defiende en dos frentes: blindando el territorio continental y proyectando soluciones creativas y audaces en el tablero internacional.

Argentina dejará de ser espectadora inerte de su destino y asumirá, finalmente, su verdadera Responsabilidad Austral.

* Mariano Castelli es Oficial Superior del Ejército Argentino, abogado y Magíster en Defensa Nacional, especialista en estrategia y gestión de crisis.

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