PUBLICIDAD

¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
PUBLICIDAD

La crisis de la socialdemocracia

Miércoles, 27 de mayo de 2026 01:53

Escuchar esta nota - 00:00

Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

Hay una fotografía que conviene retener. La Casa de Willy Brandt, sede berlinesa del SPD, la noche del 23 de febrero de 2025. Olaf Scholz felicita al ganador, Friedrich Merz, mientras los suyos hacen las cuentas: dieciséis por ciento. El peor resultado del Partido Socialdemócrata alemán desde que Alemania es Alemania. Casi diez puntos por debajo de la AfD, esa derecha radical que hasta hace una década era una rareza de manual. El partido que llevó el nombre de Brandt, Schmidt y Schröder al centro de la política europea quedó tercero, lejos, y casi nadie en su entorno sostiene que se trate de un mal momento pasajero.

La escena no es alemana. Es de época. En el Reino Unido, Keir Starmer ganó las elecciones de 2024 con la segunda mayoría laborista más amplia de la historia y, menos de dos años después, las encuestas lo ubican en tercer lugar detrás de Reform UK y de los conservadores. En Francia el Partido Socialista sobrevive como apéndice de coaliciones que ya no encabeza. En Italia el Partido Democrático lleva una década intentando entender qué le pasó. En España, Pedro Sánchez resiste, pero su resistencia es justamente eso: una operación de supervivencia, no una hegemonía. Y en Chile el Partido Socialista cayó al 5,47% en la última elección de diputados, raspando el umbral legal que separa la existencia de la disolución.

Cuando un fenómeno se repite con esta consistencia en sociedades tan distintas, deja de ser una sumatoria de errores nacionales y empieza a parecerse a otra cosa. La socialdemocracia no está atravesando una mala racha. Está dejando de existir como la fuerza política dominante que fue durante medio siglo.

La explicación rápida —la que circula en columnas y en estudios de paneles— es que se le evaporó la base. Es cierto, pero queda corta. La clase trabajadora industrial, esa que llenaba las sedes sindicales y votaba en bloque por el partido obrero del país, se fue diluyendo desde los años setenta con la desindustrialización, la tercerización y la financiarización de las economías occidentales. Los socialdemócratas lo entendieron tarde y respondieron con una operación que, en su momento, pareció ingeniosa: girar hacia las clases medias profesionales urbanas, abrazar el mercado, suavizar el discurso redistributivo. La tercera vía de Blair, el Neue Mitte de Schröder, la modernización de Felipe González en su segundo aire. Funcionó durante una ventana corta. Después, las clases medias urbanas se las disputaron los verdes, los liberales y las izquierdas más radicales. Y la clase trabajadora original, la que había sido abandonada en el camino, encontró quién la representara: la derecha radical antiinmigración.

"La socialdemocracia no está atravesando una mala racha: está dejando de existir".

El problema no fue solo sociológico. Fue ideológico. La socialdemocracia clásica tenía un relato. Decía que el mercado por sí solo produce desigualdad, que el Estado debe corregir esa desigualdad mediante impuestos progresivos y servicios universales, y que la democracia es el instrumento que organiza ese pacto. No era una utopía. Era una arquitectura. Cuando esa arquitectura se desmontó pieza por pieza - la apertura comercial, la disciplina fiscal europea, la flexibilización laboral, la desregulación financiera - la socialdemocracia se quedó administrando un modelo que ella misma había contribuido a construir y que contradecía su razón de ser.

Lo que vino después fue una larga gestión sin proyecto. Gobiernos socialdemócratas que recortaban gasto social en nombre de la responsabilidad fiscal, que pactaban con el centro y la derecha, que aceptaban como inevitables las reglas que sus propios votantes percibían como injustas. La frase de Margaret Thatcher - no hay alternativa - terminó siendo asumida por quienes habían nacido para encarnar la alternativa. Y un partido que renuncia a su razón de ser no se muere de un día para otro: se desgasta lentamente hasta que sus votantes descubren que pueden encontrar lo mismo en otro lado, con más convicción y menos hipocresía.

Aquí es donde el caso chileno se vuelve revelador, porque condensa el fenómeno en escala reducida. El Partido Socialista chileno gobernó casi todo el período democrático posterior a Pinochet, llevó dos veces a Michelle Bachelet a La Moneda, construyó cuadros, formó una generación entera de la clase política. Hoy raspa el cinco por ciento. No por un escándalo, no por una traición personal: por agotamiento. Porque el electorado que lo sostenía dejó de creer que el partido representara algo distinto de lo que ofrecían los demás, y porque los temas que ahora movilizan —seguridad, migración, costo de la vida— los aborda mejor, con menos pudor, la derecha republicana. La socialdemocracia chilena no fue derrotada en una batalla. Se fue quedando sin público.

Queda la pregunta de si esto es reversible. Hay quienes apuestan por un retorno a las fuentes: más redistribución, más Estado, recuperar la voz de la clase trabajadora hoy refugiada en la ultraderecha. Hay quienes proponen lo contrario: aceptar que el siglo de los grandes partidos de masas terminó y construir coaliciones líquidas, temáticas, postideológicas. Ninguna de las dos rutas tiene evidencia clara a su favor. La izquierda dura no ha logrado en ninguna parte sustituir a la socialdemocracia como fuerza mayoritaria. Y las coaliciones líquidas tienden a desarmarse en la primera derrota.

Lo que sí parece claro es que la pregunta ya no es cómo recuperar a la socialdemocracia. La pregunta es qué fuerza, con qué relato y con qué base social, ocupará el espacio que ella deja vacío. Porque ese espacio existe, y si no lo llena algo que se parezca a una izquierda democrática, lo llenará otra cosa. Eso, las elecciones del último año en media docena de países, ya lo están mostrando.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD