inicia sesión o regístrate.
Ubicada a unos 120 km de la de la CABA, está Chascomús, de 43.000 habitantes. Es una ciudad chica, de esas de las que se dice que todos se conocen. O casi todos.
En esa ciudad, el 12 de mayo, a eso de las 16 horas, hubo un siniestro vial en la intersección de las calles Jacarandá y Julián Quintana entre un automóvil Ford Ka, conducido por una mujer, y una motocicleta marca Honda XR 150, en la que viajaban dos jóvenes, uno que la conducía y otro de acompañante. Ninguno de los dos usaba casco.
Un video aportado por las cámaras de seguridad de ese cruce muestra que el automóvil circula a una velocidad moderada y que, al llegar al cruce con la otra calle, es embestido por la moto, lo que hizo que el rodado quedara tirado al costado del auto y los dos jóvenes literalmente volaran por el aire, hasta caer al suelo, al otro lado del vehículo, lo que les provocó lesiones graves.
Según la información disponible, la conductora del Ford -identificada como María A. Saint Jean- no resultó lesionada. El conductor fue el más afectado por el impacto y la posterior caída, por lo que debió ser trasladado a un establecimiento de salud de la zona; había sufrido lesiones de tal magnitud en sus dos piernas, que le debieron ser amputadas. Su acompañante sufrió una fractura en una de sus piernas.
Una escena de terror
Lo que sucedió después adquiere rápidamente otra dimensión. Lo que sucedió después integra ese grupo de casos frente a los cuales nuestra capacidad de asombro es superada por la contundencia de la realidad.
La mecánica de lo sucedido fue filmada con audio por un desconocido, que estaba cerca de la esquina y de la ambulancia oficial que ya había llegado; del cuerpo de Martínez, que ya estaba acostado sobre una tabla de inmovilización hospitalaria, por decisión del personal médico interviniente; y de varios policías uniformados de la bonaerense. Pese a que tenía una fractura en una de sus piernas, vaya uno a saber por qué, Martínez fue esposado a parte de la camilla. De repente, todo parece moverse en cámara lenta. Todo, menos un hombre de edad indefinida, de mediana estatura, con el pelo blanco, vestido con una remera de color blanco y pantalones oscuros.
Ese hombre primero aparece en un segundo plano, del que lentamente empieza a salir, hasta verlo acercarse a la camilla y hacer lo que pensó hacer. Estas acciones no se improvisan; se piensan y ejecutan de inmediato.
Sigue siendo increíble todo lo que pasó desde entonces: el hombre se acerca a la camilla; se agacha; coloca una pierna en el cuello de Martínez; y empieza a aplicarle golpes de puño en la cabeza con su mano derecha, más de uno y menos de seis. No caricias a mano abierta; golpes de los que se ejecutan para dañar al otro. El audio disponible de la filmación permite oír los gritos de dolor y alguna que otra palabra inaudible de la víctima. En un momento, como si él mismo determinara que con eso era suficiente, el hombre se levanta, empieza a caminar al lugar del que apareció y se pierde de la imagen. Poco antes, se vio que uno de los policías le hace un gesto como para que se vaya.
¿La "maldita policía"?
Lo increíble es que ninguna de las personas presentes en el lugar, es decir, el o la que filmó todo esto; las dos o tres personas que llegaron en la ambulancia; los dos o tres policías que estaban a los dos lados de la camilla; ni una joven vestida de azul que estaba de espaldas a la cámara, nadie, ninguno de ellos hizo nada para impedir que el agresor se diera el gusto de golpear en la cabeza hasta que él quiso a una persona que no podía defenderse. El único gesto parecido en favor del herido provino del policía al que antes destacamos.
Finalmente, Martínez fue llevado a un establecimiento de salud de la ciudad y de ahí derivado a otro de la CABA., por la complejidad de su cuadro. Murió ahí, el 14 de mayo, dos días después del choque y de la agresión.
No hay duda que primero fue el choque entre la moto y el auto. La agresión sobrevino a él. Kevin Martínez murió, lo cual hace obligatorio hacerse dos preguntas: 1) ¿hubo autopsia del cadáver?; 2) ¿cuál fue la causa de muerte?
Efectivamente, se hizo la autopsia. Las conclusiones provisorias fueron que la muerte del joven se produjo como consecuencia de una fractura múltiple de cráneo, compatible con un impacto de alta intensidad; además, se comprobó que el cuerpo tenía hemorragia interna y politraumatismos, sin especificar dónde.
Desde un primer momento, es decir, desde que la fiscal Daniela Bertoletti intervino en el caso, la principal hipótesis fue que las lesiones más graves de Martínez se produjeron como consecuencia de la colisión entre el auto y la moto. No debe sorprender, entonces, que las conclusiones provisorias de la autopsia fueron las que se mencionaron con anterioridad. Pareciera que se quiere enfriar el caso con filtraciones que hablan de que el agresor solo podría ser acusado de "Lesiones leves con alevosía". Tales conclusiones fueron provisorias y lo seguirán siendo hasta que se reciban los estudios complementarios, por ejemplo, de alcohol, estupefacientes, etc.
¿Qué se dice de la otra parte? Alguna fuente con acceso a la causa y a la familia del agresor introduce que la moto siniestrada había sido robada el 9 de mayo pasado, lo que había sido denunciado.
El día de la colisión, los dueños de la moto la vieron y quisieron recuperarla; hubo una persecución que terminó con la colisión con el auto. Pero no hay ninguna constancia oficial de ello. Del mismo lado, se dice que los dos jóvenes habrían intentado robar a la madre del agresor, aunque de eso no hubo denuncia alguna.
Los padres y un abuelo de la víctima, así como el abogado que los representa, están seguros de que la muerte de Kevin sobrevino más por los golpes de puño en la cabeza que le propinara el agresor que por la colisión de la moto con el auto. También están seguros que deben investigarse las groseras omisiones del personal médico que estuvo presente todo el tiempo al lado de la camilla y no hizo nada para impedir la agresión al joven. Desde luego que pretenden que también sean investigados los policías uniformados de la Bonaerense que se dedicaron a mirar la agresión, probablemente para luego ser citados a declarar como testigos, lo cual es o pretende ser una humorada -nota: la misma policía que, en apenas unos meses, entre 1996 y 1997, pasó de ser la mejor policía del mundo a la maldita policía, v.gr.: no se olviden de Cabezas, Prellezo, la banda de Los Hornos, el triple crimen de General Rodríguez y otras bellezas semejantes -.
Historial del agresor
En medio de ambas miradas, una que pretende bajar el volumen de la reacción en contra del agresor, y la de la familia de la víctima, que va por todo lo contrario, se justifica detenernos en el primero. Se llama Leandro Edgardo Marzellino; tiene cincuenta años y registra varios antecedentes penales. El más importante es una condena por Abuso sexual con acceso carnal, reciente, en la cual no está detenido porque la sentencia no se encuentra firme; antes registra otras causas por Daños, Lesiones leves y Violencia familiar. Marzellino está lejos de ser un pacífico ciudadano que paga sus impuestos más toda la retórica repetida y benévola con los delincuentes instalada por años por los arquitectos de la impunidad en la Provincia de Buenos Aires, sobre todo.
Obviamente, Marzellino sabe que está siendo investigado por el hecho descripto, pero no se presentó ante la dependencia que lo investiga. Sus allegados hacen saber a los periodistas que lo hará cuando su abogado se lo pida.
Alguien debiera dar explicaciones acerca de las esposas que tenía colocadas la víctima, sobre la camilla. ¿Lo dispuso la policía? No parece, porque no conducía la moto, sino que era el acompañante. ¿Lo dispuso la fiscal? No se sabe; podría ser si Martínez era un sospechoso de haber robado la moto, pero nadie lo dijo todavía. En la práctica, en estos casos donde una persona ha resultado lesionada, pero puede tener vinculación con un hecho anterior, se emplean las esposas para impedir fugas o sustracción a la justicia.
El respeto por la vida ajena es un principio básico de toda sociedad más o menos organizada. No alcanza con que ninguno de nosotros cumpla con ello. A veces, como sucedió en el caso que hoy nos ocupa, es imperativo impedir que los otros -Marzellino- también lo hagan. Todos los antes nombrados -policías y equipo médico- debieran dar explicaciones. Si de ellas surge que no hicieron nada para evitar ser ellos los agredidos, se equivocaron de actividad. Mejor ser un Uber, un Rappi o un Pedidos.
Esta crónica tiene las características que los noticieros de la televisión denominan "noticia en desarrollo". Lo decimos porque, al momento de escribir la nota se dio a conocer que hubo alguna reacción positiva de las autoridades policiales respecto a este lamentable hecho. Los cuatro policías -dos del sexo masculino y otros dos, del femenino- que estuvieron presentes al lado de la camilla en la que estaba el joven Kevin Martínez, fueron suspendidos y acusados por no haber impedido que se lo golpeara como se lo hizo; y de no haber detenido al agresor en flagrancia, es decir, en el mismo momento de la comisión del delito. En principio, fueron acusados de la comisión de los delitos de Incumplimiento de deberes de funcionario público y de Omisión de promover la represión de los delitos.
* Recientemente, Leandro Marcelino quedó arrestado por orden de la fiscal Daniela Bertoletti, imputado por "homicidio en grado de tentativa con dolo eventual".
.