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Cada junio, la Argentina honra la memoria del Coronel Mayor Martín Miguel de Güemes, gobernador de Salta y general del Ejército de Observación y Defensa del Norte. Herederos de la caballería ligera, Güemes, sus oficiales y gauchos aplicaron la doctrina de "obtención logística local" aprendida en el Chaco salteño, donde controlar recursos equivalía a dominar la movilidad. No venían de academias europeas, sino de fuertes fronterizos, donde nació una forma propia de lucha.
Sus fuerzas estaban organizadas como: Infantería: milicias de Salta, Tarija y Jujuy (Gorriti); Caballería: "Infernal" (Güemes) y corsarias "Coronela" (Rojas), "Valor" (Burela), "Candelaria" (Zerda), "Carmen" (Feijoo), "Nazareno" (Morales), "Gobernador" (Valda), "Güemes" (Morales), "Pirata" (Pío Rivera); Artillería: 2 cañones (Latorre) y Logística: a lomo.
Así como entonces se forjó una estrategia nacional, hoy el Norte debe forjar soluciones frente a las presiones externas. Güemes convirtió su experiencia militar en una estrategia de desgaste para impedir que un enemigo superior en número y recursos pudiera sostenerse. Privó al adversario de movilidad y abastecimiento.
Organizó al gaucho bajo el Reglamento de Corso, pensado para el combate naval pero adaptado al terrestre, y así nacieron las Divisiones Corsarias de Caballería.
Lejos de ser guerrillas improvisadas, aquellas partidas seguían una lógica precisa: quebrar la voluntad enemiga atacando recursos vitales y apropiándose de su logística. Si entonces cada quebrada era emboscada, hoy cada gasoducto inconcluso o fibra óptica ausente debilita la logística nacional.
Güemes se adelantó más de un siglo a las teorías de T. E. Lawrence, quien sostuvo que la guerra irregular no busca destruir al ejército en una batalla decisiva, sino hacer imposible la ocupación. Esa concepción es lo que hoy llamamos defensa asimétrica: transformar terreno y población en armas estratégicas para compensar la inferioridad material. Su conducción se distinguió por disciplina y autoridad. Gobernó con firmeza, gravó a las clases pudientes y exigió sacrificio máximo a sus tropas.
Esa lección de orden y claridad de rumbo sigue siendo, dos siglos después, un manual de soberanía y conducción política. Hoy, aunque el escenario no es militar, la lógica de la asimetría persiste en seguridad, economía y energía. El país enfrenta presiones externas que buscan condicionar su desarrollo industrial y energético.
La matriz energética refleja esa tensión: el Norte Argentino padece restricciones, con una demanda invernal que en 2025 superó en un 20% la capacidad de transporte del Gasoducto Norte, mientras Vaca Muerta produjo más de 90 millones de m³ diarios. Celebrar el potencial exportador del subsuelo austral es estéril si el Estado paraliza obras estratégicas como la Reversión del Gasoducto Norte. El declive del gas boliviano y la falta de conectividad encarecen costos, asfixian el valor agregado local y constituyen una vulnerabilidad que amenaza la estabilidad productiva del NOA. La soberanía se defiende garantizando la seguridad energética.
Así como Güemes entendió que la movilidad era poder, hoy la energía cumple ese mismo rol en la economía nacional. El abandono del Norte no empezó ayer. Güemes lo sufrió en carne propia: mientras combatía a los realistas, el Directorio porteño lo dejaba sin apoyo. Como señaló Jorge Abelardo Ramos, el centralismo nació mirando al Atlántico y relegando al interior a un papel de sacrificio. Esa deformación persiste: Salta produce riqueza, pero paga más caro por energía, fletes y combustible, mientras sus rutas y redes digitales siguen postergadas. La infraestructura, como antes la caballería de Güemes, es el arma que define la soberanía. Juan Enrique Guglialmelli lo expresó con claridad: "Desarrollo y defensa son dos caras de la misma moneda". Un territorio incomunicado es indefenso y económicamente inviable. La RN 40 aún conserva 212 km de ripio en Salta, y la RN 51 mantiene 87 km sin pavimentar en alta montaña, pese a que la Ley 26.776 fijó como meta su pavimentación total antes de 2035. Sin estas rutas completas, el potencial productivo del NOA queda limitado y encarecido. El Estado ha iniciado obras de pavimentación en la RN 51 (con tramos en San Antonio de los Cobres) y repavimentación en corredores complementarios como la RN 68 y la RN 81, pero mientras no se acelere la integración vial y digital, el Norte seguirá pagando el precio del aislamiento. La infraestructura, ayer caballería en quebradas, hoy rutas y fibra óptica en la era digital, sigue siendo el arma decisiva de la soberanía.
Pero la conectividad no es solo asfalto. La fibra óptica y el acceso digital son tan estratégicos como las rutas físicas. El Plan Federal de Conectividad y ENACOM avanzan en desplegar la Red Federal de Fibra Óptica en Salta, con más de 2.000 km instalados, aunque aún hay departamentos con baja cobertura. Sin redes modernas, la minería no transmite datos en tiempo real, la seguridad fronteriza pierde eficacia y la educación rural queda aislada: la logística digital es hoy tan vital como la caballería lo fue en tiempos de Güemes. Sin rutas ni conectividad, el Norte queda aislado; con ellas, se convierte en epicentro geopolítico.
El escenario global ofrece al Noroeste Argentino una oportunidad histórica de alcance continental. La región se asienta sobre reservas estimadas en más de 20 millones de toneladas de carbonato de litio equivalente, con 13 proyectos en construcción. Este boom minero sitúa a Salta en el centro de los tableros geopolíticos de las grandes potencias. Así como Güemes convirtió quebradas en trincheras, hoy el litio convierte a Salta en tablero geopolítico mundial. La defensa de la soberanía en este nuevo teatro exige conectividad, infraestructura tangible y reglas claras. El destino inevitable de Salta es consolidarse como corazón logístico del Corredor Bioceánico del Trópico de Capricornio. La interconexión física entre los puertos atlánticos de Brasil y los terminales del Pacífico chileno, atravesando el Norte Argentino, constituye la clave para quebrar el embudo portuario de Buenos Aires.
Para que este proyecto se convierta en realidad geoestratégica, es imprescindible aplicar la ingeniería del transporte con visión de Estado. La reactivación integral y modernización del ramal C-14 del Ferrocarril Belgrano, la pavimentación de los pasos fronterizos de Sico y Jama, y el diseño de nodos multimodales de transferencia de carga en territorio salteño son obras prioritarias. En fases ulteriores, el Norte debe transformarse en plataforma de valor agregado e industrialización local procesando sus minerales. La conectividad con el eje de la Zona de Integración del Centro Oeste Sudamericano (ZICOSUR) configura un bloque regional autónomo, capaz de negociar de igual a igual en el mercado internacional. En este sentido, la infraestructura se convierte en instrumento de soberanía, y el NOA en epicentro de una estrategia que trasciende lo económico para proyectarse como columna del desarrollo, defensa y seguridad argentinas.
El desarrollo de un corredor económico en el norte argentino depende de un factor ineludible: el control territorial real de las fronteras. Salta, con límites internacionales complejos y geografía porosa, es terreno fértil para el crimen organizado.
Como advierte Laura Etcharren, combatir solo el último eslabón convierte la lucha en una puesta en escena. En el NOA, el narcotráfico y otros delitos operan como agresión híbrida, explotando debilidades de nuestra infraestructura de control.
El desafío, como en tiempos de Güemes, es convertir frontera en bastión y no en vacío. Vuelos ilegales aprovechan selva y quebrada para ingresar drogas y contrabando. En 2024 se detectaron más de 200 vuelos ilegales en la frontera norte, según datos de la Fuerza Aérea. El Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial, con radares de INVAP en Tartagal y La Quiaca, mejoró la cobertura en altura, pero a baja altitud persisten puntos ciegos.
La respuesta exige una estrategia integral. Los radares son indispensables, pero insuficientes sin apoyo aéreo y terrestre. Por ello el Estado podría considerar la adquisición de aeronaves multi-tarea, como el ISR Mwari, de la Empresa Paramount: con siete horas de autonomía, sensores que detectan movimientos en tiempo real, incluso de noche, y capacidad de operar desde pistas cortas en zonas rurales. Permite vigilar fronteras y rutas clandestinas sin depender de grandes bases. Su costo refuerza el atractivo: la hora de vuelo es hasta 70% más barata que la de sus competidores. Mientras un caza resulta prohibitivo y un helicóptero carece de autonomía, el Mwari ofrece vigilancia a bajo costo, cerrando rutas invisibles que aprovecha el delito.
La seguridad en el norte requiere una estrategia combinada: radares fijos, patrullajes terrestres apoyados por drones y plataformas aéreas versátiles como el Mwari. Como señaló Martin van Creveld en La transformación de la guerra, el poder de los Estados modernos ya no se define en batallas convencionales, sino en la supremacía de la información y en la capacidad de cortar nodos logísticos criminales. El territorio salteño exige transformar la frontera en un espacio de soberanía efectiva.
La conmemoración de Güemes no es memoria: es mandato. El Norte Argentino posee recursos, ubicación estratégica y capital humano para dejar de ser periferia y convertirse en motor nacional. No faltan diagnósticos; lo que se precisa liderazgo con visión técnica, autoridad jurídica para garantizar reglas claras y estrategia política para sostener cohesión y rumbo. El mandato de Güemes sigue vigente: poner de pie al Norte y afirmar su identidad. La historia vuelve a llamarnos a la vanguardia. La soberanía no se recuerda: se ejerce.