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El norte de Argentina es la región más pobre del territorio nacional, resultado de décadas de desencuentros, en los que se forjó un país desigual y polarizado. Agravado, en la actualidad, por un gobierno poco afecto a cumplir las leyes de la constitución y un modelo económico que acentúa la exclusión a los bienes y servicio básicos a grandes sectores de la población y, la bonanza de una minoría.
El norte de Argentina sobrevive, produciendo bienes que representan, el NOA 5,8%, y NEA, 1,3% de exportación anual, con una menguada posibilidad de acceder a bienes y servicios. Mientras el sur, la región pampeana produce bienes que representan el 71,5% de la exportación anual, vive en un círculo virtuoso de producción y exportación, sumado al producido en Vaca Muerta y, que según los últimos informes ya es equivalente a la renta agropecuaria.
La diferencia de la participación en los bienes exportables se trasunta en la forma de vida en cada región. Ya que la cantidad de horas de trabajo para comprar el mismo bien o servicio es diferente.
En este sentido, si usamos como unidad de medida las horas de trabajo registrado para comparar el poder adquisitivo en distintas ciudades observamos*:
* Un habitante promedio necesita diferente cantidad de horas de trabajo para comprarse una zapatilla deportiva. Así, necesitaría 21 horas de trabajo en Caba; 20, en Tierra del Fuego; 42 en Salta y 50 en Chaco.
* Para comprarse un jean, necesita 43 horas en CABA; 41 en Tierra del Fuego; 87 en Salta y 95 en Chaco, Formosa y Santiago del Estero.
À* Para comprarse un celular marca iPhone, necesitaría 501 horas; en Caba, 475 en Tierra del Fuego; 1193 en Chaco; 1162 en Formosa; 1.106 en La Rioja; 1.099 en Corrientes, en Santiago del Estero, Salta y Tucumán un promedio de 1.100 horas.
* Para comprarse un Smart TV, necesitaría 119 horas en CABA; 113 en Tierra del Fuego; 240 en Salta y 285 horas en Chaco; 277 en Formosa y 264 horas en Santiago del Estero.
El punto de partida común es tener un trabajo y, la diferencia es cuánto nos pagan por las horas trabajadas en la tarea que realizamos. Entonces, las horas de trabajo se pagan más en el sur que en el norte. Luego, las oportunidades de comprar los mismos bienes y servicios son menores para un salteño o un chaqueño que las de un porteño o fueguino. No por voluntad del que trabaja, sino por la brecha de acceso que se acentúa por haber nacido en medio de la puna o un bosque chaqueño, o cerca de un puerto o de un pozo de petróleo.
Por vivir en el norte, no sólo se debe trabajar más para comprar lo mismo que en el sur, sino que el trabajo es más riesgoso e injusto.
Decimos riesgoso y un ejemplo, de esto, es la falta desde hace décadas de nuevas rutas y el mantenimiento de las existentes. Dándose la paradoja de que es preferible contratar un vuelo express para vincular la región minera salteña, que transitar por caminos derruidos. En el mismo sentido parece ser más conveniente traer viviendas de China a Salta para albergar cientos de personas que trabajan en las minas, que construir albergues con materiales y obreros salteños.
También decíamos injusto, un ejemplo, de estos días, es la venta de libros de la encíclica "Magnifica Humanitas" del Papa León XlV; en Salta se vendieron gran cantidad de encíclicas, estas cuestan igual acá que a la vuelta de la imprenta porteña que la imprimen. Por la ley vigente, el flete debe ser absorbido por las librerías que venden los libros, luego las librerías salteñas tienen una menor rentabilidad sólo por estar lejos de Buenos Aires, no por ser ineficientes.
"El norte argentino no es pobre por falta de trabajo ni de esfuerzo, sino por una desigualdad histórica que lo obliga a correr la carrera del desarrollo con la cancha inclinada".
El riesgo y la injusticia son los primogénitos de esta suerte de "cancha inclinada" para algunas regiones en detrimento de otras.
En consecuencia, el abandono estatal de regulaciones necesarias ante los fallos de mercado, producen islotes de producción y periferias que sobreviven; generando un país dual, uno que exporta y acumula y otro que se deprime en regiones al margen del mercado externo, con recesión y bajos salarios.
El "derrame" en dinero y bienes que coproducirían las inversiones extranjeras es utópico en estas condiciones, ya que la tan mentada competencia no es posible porque partimos de condiciones diferentes, es decir, como dicen en las carreras cuadreras del campo: algunos corren con el "caballo del comisario".
La diferencia de acceso y oportunidades del interior, existen hace décadas y el actual presidente lo describió como nadie, haciendo eje en la corrupción, pero su concepción política basada en la moral como guía y el dogmatismo de sus medidas económicas no son un camino que avizore soluciones.
Entonces, en un país polarizado socialmente y con diferencias regionales notables, es difícil comprender el criterio por el cual, por un lado, rige la apertura y la desregulación económica y, por el otro la desfinanciación de las provincias según sean opositoras o aliadas al gobierno. Cuando lo primero, sería reconocer la situación general y no la particular de los intereses partidarios o financieros.
La cuestión es no reconocer que se implementan medidas que son herederas de una concepción política pensada para pocos, e ignorar que se profundiza una sociedad dual donde el noroeste y el nordeste siguen siendo el furgón de cola del tren del progreso.
(*) https://www.iprofesional.com/economia