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Hubo una extraordinaria mujer sueca que no pasó a la historia. Sí en cambio lo hizo su esposo el barón Erland Nordenskiold. Ambos exploraron juntos y a la par las recónditas selvas del norte argentino tropical y se internaron en Bolivia hasta recorrer miles de kilómetros a lomo de mula o en canoas y barcazas a través de la selva amazónica.
En esos tiempos decimonónicos o de comienzos del siglo XX la ciencia y la exploración eran un terreno vedado para las mujeres. Ella lo hizo. Libros y biografías publicados o guardados en archivos suecos así lo testifican. Su marido era famoso. Una larga dinastía de científicos y exploradores polares del ártico y del antártico llevaban ese apellido.
Los Nordenskiold eran una familia de la aristocracia finlandesa y sueca que venía desde la época de un viejo mineralogista del siglo XVIII que dio origen a la estirpe. El hijo de este, Adolf Nordenskiold, fue el primero en dar la vuelta por el ártico en una memorable expedición polar que estuvo llena de aventuras y desventuras. Su hijo Erland brillaría como antropólogo de las selvas vírgenes sudamericanas. El primo Otto quedaría anclado en la Antártida y fue salvado de milagro luego de dos años invernales, junto al joven alférez José María Sobral, un marino argentino que pasaría a la historia por aquel afamado suceso.
Olga Vilhelmina Adelöw Widlund de Nordenskiold (1887-1957) nació en Upsala y era hija del carpintero Vilhelm Ferdinand Adelöw y de Johanna Karolina Widlund. Casó con el noble sueco Erland Nordenskiold el 2 de abril de 1910 y adquirió su título de baronesa. Pero su verdadero título se lo ganó cuando se internó en la remota selva amazónica boliviana y se convirtió en una fiel exploradora de la antropología, etnografía y arqueología de los pueblos indígenas.
Acompañó a su marido en las más extraordinarias aventuras, especialmente en el viaje que realizaron entre 1913 y 1914. Todo lo cual quedó documentado en un voluminoso libro que escribió Nordenskiold y al que tituló (en sueco) "Investigaciones y aventuras en Sudamérica" (Estocolmo, 1915) que fuera traducido al español y publicado en Bolivia (APCOB, 2001). La tapa del libro sueco muestra un dibujo de ambos a caballo.
Olga era una mujer rubia y hermosa que desentonaba con el peligroso lugar que visitaron y que ya se había cobrado la vida de varios exploradores europeos. La afición fotográfica de su marido hizo que ella quedara retratada montada a caballo, navegando en canoas, posando con indígenas de tribus indómitas o en cuevas llenas de pinturas rupestres. Un extraordinario archivo de imágenes fotográficas que hablan por sí solas del coraje de la sueca vestida a la usanza de los viejos exploradores.
Al parecer nada la amilanaba, ni las alimañas, ni las fieras con las que se cruzaron y convivieron. Una mujer valiente y decidida que dejó una profunda huella que hasta ahora no ha sido reconocida. La lectura de las obras de su esposo es suficiente prueba de hasta donde llegó en sus recorridos, investigaciones científicas y aventuras.
Uno de los compañeros de viaje de los Nordenskiold fue el militar sueco Johan Berg que fue asesinado por sus propios guías durante la expedición. Se conserva una fotografía de Berg en las ruinas de Incallacta, en 1913, pocos meses antes de ser asesinado. Berg recibió instrucciones de ir a Trinidad para recuperar municiones, película y correo. Al partir, también llevó consigo parte de las colecciones de la expedición que se perdieron. Está enterrado en una tumba anónima en el cementerio de Santa Ana en plena selva amazónica boliviana. Dado que Berg estaba a cargo de las mulas su pérdida obligó a los viajeros a moverse en canoas.
Otro compañero de viajes era el sargento Albert Jonsson quien tuvo que interrumpir la expedición y regresar a casa antes de tiempo. El grupo se completaba con un hermoso perro de gran tamaño al que llamaron "Toy" y que era un curioso atractivo para los nativos, además de nueve mulares y un caballo. Dice Nordenskiold sobre su perro: "…Pero sobre todo admiran a Toy. Todo el pueblo quiere verlo. Cuando sale a la calle, lo acompañan todos los niños y perros del pueblo. Ningún perro se puede comparar en tamaño con él. En toda Bolivia, Toy no ha encontrado un rival que se le iguale".
Olga y Erland Nordenskiold, junto a Berg y Jonsson, llegaron a Buenos Aires en 1913 donde fueron recibidos y agasajados por la embajada sueca. Recordemos que esas misiones, como todas las anteriores, eran solventadas por banqueros, magnates y filántropos suecos que ejercían el mecenazgo. Luego los expedicionarios emprendieron el viaje en tren a Salta y llegaron hasta Embarcación.
Cuando arribaron a Tartagal se deslumbraron con los bosques de grandes árboles que anunciaban la exuberancia del trópico. Siguieron la travesía por Piquirenda y Aguaray antes de internarse en territorio boliviano. Cruzaron el río Pilcomayo y siguieron hacia el norte por la frontera etnográfica de los Chiriguanos hasta llegar a unas ruinas incaicas (Incahuasi) que eran parte de la avanzada del imperio incaico hacia el Gran Chaco. Registraron no solo lo arqueológico sino todo lo etnográfico, fotografiando a las gentes que habitaban en los territorios que iban visitando.
Tomaron contacto con los Chané. Luego de cruzar el río Grande, un afluente del Amazonas, se dirigieron a Cochabamba. En el ínterin hicieron un alto en Saipina. Nordenskiold había oído que allí había cuevas, ruinas y asentamientos, y quería investigarlos. Se investigaron y documentaron varios sitios, entre ellos las ruinas de Batanes y las pinturas rupestres de Saipina. Estas pinturas les resultaron sumamente llamativas y pasaron varios días registrando los dibujos, donde hay figuras geométricas, zoomorfas y antropomorfas.
Publicó en el libro cuatro fotografías, algunas con personas de escala. En una de ellas está fotografiada Olga, que va remarcando con tiza los contornos de las figuras para poder fotografiarlas. Con el valle de Saipina como punto de partida, también visitaron el valle de Chilón y el valle de Mizque.
En Cochabamba entraron en contacto con pueblos de origen quechua y aimara. Luego los exploradores cruzaron la cordillera de Tunari y se internaron a los ríos amazónicos. Algunos de los lugares que visitaron no habían sido visitados nunca por el hombre blanco. Otros registraban el paso por allí del naturalista checo Thadeus Haenke a comienzos del siglo XIX o bien del geólogo y paleontólogo francés Alcides D'Orbigny en la década de 1820.
Los Nordenskiold entraron en contacto con los Yuracaré, los Mosetones y los Chimane. Erland tuvo dificultades para contactar con los Mosetones y reconoce que su esposa Olga encontró mejor forma de congraciarse con la idiosincrasia de esos pueblos. La ruta fue difícil y, como consecuencia, el material fílmico se estropeó al mojarse el embalaje, por lo que existen muy pocas imágenes de los mosetones.
A fines de noviembre de 1913 alcanzaron las aldeas de los Chimane. Dice que estas gentes no se adornaban y solo vestían sencillas camisas de algodón tejidas a mano. También usaban tela de corteza de árboles. Señala que daban una impresión casi perezosa y parecían completamente desinteresados en los recién llegados, algo que él, sin embargo, creía que era parte de su cultura, así como de la de muchos otros pueblos indígenas. Nordenskiold observó que solo vio a los Chimane en familias. Nunca se reunían en grandes grupos. Sin embargo, le impresionaron mucho su agricultura y cultivo, así como su tejido. No fumaban tabaco, sino que solo lo usaban como medicina.
Navegaron los ríos Beni, Madidi, Mamoré y Guaporé y se internaron en las remotas selvas de Brasil y conocieron a muchos otros pueblos amazónicos. En Guayaramerín donde arribaron en un barco fluvial pudieron acondicionar las muestras y colecciones para enviarlas a Suecia. Eran los duros tiempos del caucho y miles de indígenas eran llevados a trabajar en la extracción de la goma vegetal. Algunos por propia voluntad y otros esclavizados y cazados por personajes que tenían empresas para proveer de mano de obra a los explotadores. Nordenskiold reniega del trato aberrante que se les daba en las barracas gomeras y ruega que algún día se encuentre un sustituto químico artificial que termine con la crueldad que allí pudo observar.
El registro de pueblos indígenas que visitaron es impresionante y entre ellos se cuentan los araonas (cavinas), ava guaraní (chiriguanos), ese ejja (chama), chacobos, baure, siriono, quechuas, aimaras, chané , mosetone, chimane (tsimané), yuracaré, maropa, pausas, chiquitanos, aikanã (huari) , wanám (huanyam), lecos, Tambopatas-marayos, entre muchos otros. En 1914 los sorprende la noticia del estallido de la Primera Guerra Mundial y deciden regresar a su patria. Vuelven desde la selva a Cochabamba, desde allí cruzan a Oruro, atraviesan la cordillera de los Andes y bajan al puerto de Antofagasta donde se embarcan de regreso.
Durante la expedición, Olga y Erland visitaron alrededor de veinte grupos étnicos diferentes, recolectaron cerca de 2.000 objetos y tomaron más de 300 fotografías. La mayoría de estos elementos se encuentran en el Museo de la Cultura Mundial de Gotemburgo. Olga Nordenskiold fue una de las fundadoras de la Sociedad Sueco-Hispano-Americana de Gotemburgo en 1920. Falleció el 3 de enero de 1959 a los 70 años de edad y sus restos descansan en el cementerio de Vasterljung en Suecia. Olga como mujer y científica debe ser reivindicada como una heroína antropóloga de las selvas sudamericanas.