PUBLICIDAD

¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
PUBLICIDAD

Torturadores de árboles

Lunes, 08 de junio de 2026 01:18

Escuchar esta nota - 00:00

Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

Cada año, cuando el frío comienza a instalarse y las hojas cubren las veredas, se repite una escena que ya parece parte del paisaje urbano: motosierras rugiendo desde temprano, ramas amontonadas en las esquinas y árboles que, en cuestión de minutos, pasan de ofrecer sombra y vida a convertirse en esqueletos de madera.

Se lo llama poda, pero muchas veces es otra cosa. Es mutilación.

Existe una enorme diferencia entre podar un árbol y torturarlo. La poda responsable es una práctica técnica, planificada y necesaria en determinados casos: para eliminar ramas secas o peligrosas, favorecer un desarrollo equilibrado o preservar la seguridad de las personas y de las instalaciones eléctricas. Sin embargo, lo que suele verse en muchas ciudades y pueblos dista mucho de ese concepto.

Basta recorrer cualquier barrio para encontrar ejemplares decapitados, copas completamente eliminadas o troncos desnudos que parecen haber sobrevivido a una guerra. Son intervenciones hechas sin criterio, sin conocimiento y, muchas veces, sin el más mínimo respeto por un ser vivo que tardó décadas en crecer.

El árbol urbano no es un adorno. Es un organismo complejo que regula la temperatura, absorbe dióxido de carbono, produce oxígeno, filtra contaminantes, reduce el ruido y ofrece refugio a innumerables especies de aves e insectos. Cada rama tiene una función y cada hoja participa en un delicado equilibrio biológico.

Cuando una poda es excesiva, el árbol entra en un estado de estrés severo. Debe gastar sus reservas para producir nuevos brotes, queda expuesto al ingreso de hongos y enfermedades y pierde gran parte de su capacidad para realizar la fotosíntesis. Paradójicamente, una mala poda genera ramas más débiles y peligrosas, exactamente lo contrario de lo que se buscaba prevenir.

Detrás de estas prácticas suele esconderse una peligrosa combinación de improvisación y desconocimiento. Cualquiera que tenga una motosierra parece sentirse habilitado para intervenir sobre un árbol. Se cortan ramas principales porque "tapan la vista", porque "ensucian la vereda" o simplemente porque "siempre se hizo así". El resultado es un paisaje empobrecido y árboles condenados a una lenta agonía.

No deja de ser curioso que, en una época donde hablamos de cambio climático, de ciudades sostenibles y de cuidado ambiental, todavía existan personas capaces de destruir en una mañana lo que la naturaleza tardó treinta o cuarenta años en construir.

Los árboles no tienen voz. No protestan ni denuncian. Permanecen en silencio mientras les arrancan la copa, les desgarran la corteza o les dejan heridas imposibles de cicatrizar. Tal vez por eso su sufrimiento pasa desapercibido. Pero cualquier ingeniero forestal o especialista en arboricultura podría afirmar que muchos de esos ejemplares están siendo literalmente torturados.

La responsabilidad no es únicamente de quien sostiene la motosierra. También es del Estado, cuando no planifica ni controla; de las empresas de servicios, cuando priorizan la rapidez por sobre las buenas prácticas; y de la sociedad, cuando naturaliza estas escenas sin preguntarse si realmente son necesarias.

Una ciudad sin árboles es una ciudad más caliente, más ruidosa y menos humana. Cada ejemplar perdido representa menos sombra para un niño que camina a la escuela, menos refugio para una calandria o un hornero y menos aire limpio para todos.

Quizás haya llegado el momento de cambiar la mirada; de dejar de ver al árbol como un obstáculo y empezar a reconocerlo como un vecino silencioso que trabaja todos los días para mejorar nuestra calidad de vida.

Porque podar no es destruir. Podar es cuidar. Y quien no conoce el arte de cuidar un árbol, no debería acercarse a él con una motosierra en las manos.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD