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Los tres aniversarios de Lola Mora

Artista genial y visionaria de la actividad minera, hace cien años, publicó un documento sobre los hidrocarburos no convencionales, anticipando el potencial de los esquistos bituminosos.
Lunes, 08 de junio de 2026 01:18

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El año 2026 marca tres aniversarios relacionados con la gran artista argentina Lola Mora (Salta, 1866–Buenos Aires, 1936), quien abandonó su carrera artística para dedicarse a la prospección de minerales en la cordillera de los Andes y a la extracción de petróleo no convencional a partir de esquistos bituminosos.

En 1926, publicó un folleto que constituye un documento histórico de gran valor contemporáneo. Este 2026 marca así el 160° aniversario de su nacimiento, el 90° aniversario de su fallecimiento y un siglo desde aquel trabajo pionero en lo que hoy se conoce como los hidrocarburos no convencionales.

La artista

Dolores Candelaria Mora Vega de Hernández, más conocida como Lola Mora, fue una exquisita artista salteña que brilló en la plástica universal al convertir rudos bloques de mármol en bellísimas estatuas. La "Fuente de las Nereidas", en Buenos Aires, es una muestra sublime de su arte imperecedero. Sus magníficas estatuas adornan numerosas plazas y monumentos de la República Argentina. Decenas de alegorías se distribuyen en ciudades argentinas, especialmente en Rosario, Tucumán y Jujuy.

Salta, la tierra que la vio nacer en la Finca El Dátil, el 17 de noviembre de 1866, cerca de El Tala, en el sureño Departamento La Candelaria (por eso ella se llama Candelaria), conserva una hermosa estatua en homenaje a Facundo de Zuviría en el parque San Martín, en la esquina de las calles Santa Fe y San Martín.

Los profundos estudios biográficos llevados adelante por el profesor Antonio David Sorich eximen de más detalles sobre su lugar de nacimiento.

La actividad minera

La vida de Lola tuvo un quiebre paradigmático que la llevó a cambiar radicalmente su exitosa carrera para dedicarse a un asunto completamente distinto y ajeno a su formación profesional. Dejó el arte y se dedicó a la minería y al petróleo. Intentó todas las etapas de la actividad minera desde la prospección, exploración y explotación, hasta el beneficio de las sustancias minerales.

Se internó en las montañas de la Puna en busca de oro, plata, cobre y azufre. Lola exploró yacimientos que antes habían trabajado los indígenas, más tarde los incas, los conquistadores españoles, los hombres de la colonia, y así sucesivamente por distintos mineros durante siglos.

Desafió abiertamente los cánones de la época ya que para entonces la minería era cosa de hombres. Escribía y hacía ella de puño y letra los pedidos de cateo, dibujaba los croquis, pagaba los sellados de ley, sacaba las muestras legales, realizaba los denuncios en la vieja dirección de minas, se avenía al régimen minero de ubicar las minas en el terreno, mensurarlas, amojonarlas, establecer la labor legal en los criaderos descubiertos, entre otras faenas del arte minero.

Ella, junto a unos pocos peones y a su fiel perro ovejero "Bimbo", llegaba hasta donde alcanzaba la punta de riel del C-14 y luego se adentraba a los cerros en busca de los minerales deseados. Milenko Jurcich rescató una foto de ella posando al lado de una vieja locomotora.

Visión pionera

Pero no solamente estaba interesada en los metales preciosos, sino también en el petróleo, gas y todos sus derivados. Tampoco quería competir contra las grandes petroleras nacionales y extranjeras, que ya estaban actuando en nuestro país, y para lo cual no le alcanzaban sus exiguos capitales. A ella no le interesaba el petróleo de pozo, o sea el llamado convencional, sino los que hoy en día se llaman precisamente "Hidrocarburos no convencionales". Como bien decimos, se les llama hoy en día, pero ella planteó esta cuestión en la década de 1920 y se convirtió en una auténtica pionera nacional en el tema.

Lola estaba convencida que esas rocas negras que había visto en su niñez aflorar en los cerros del sur de la provincia y que alguien posiblemente la sorprendió mostrándole como ardían al acercárseles una llama o fuente de calor, podrían llegar a ser la "piedra filosofal" para el aprovisionamiento de energía que iba creciendo geométricamente en la primera mitad del siglo XX. Lola era una mujer brillante y genial, fuera y más allá de su tiempo. Se puso a trabajar con ahínco en el estudio de los esquistos bituminosos, especialmente los que afloran en el arroyo Los Negros, en la Sierra de la Candelaria (Rosario de la Frontera, Salta). Todavía quedan allí cubiertos por el monte tupido las ruinas de la casa que habitó Lola Mora, los restos de los tanques galvanizados y los hornos a leña donde destiló los hidrocarburos. También un socavón llamado "Cueva del Negro", de donde extrajo originalmente los esquistos para las pruebas.

Los esquistos bituminosos

Gran parte de esto lo sabemos por dos vías. Una de ellas es el feliz, circunstancial y casual encuentro que tuvo Lola Mora en Salta con el poeta Rafael Alberto Arrieta (1889-1968) en el viejo Gran Hotel u Hotel Plaza, en frente de la plaza 9 de Julio, en las esquinas de España y Zuviría. Allí hoy una placa de mármol, en la ochava de la pared, recuerda hoy algunos de los grandes hitos en la vida de Lola Mora. La otra fuente documental es un folleto rústico, de 52 páginas, que publicó en Salta en 1926, bajo el título "Combustibles (Problemas Resueltos)" y que está firmado como L.M.H. (Lola Mora Hernández). Téngase presente que, a pesar de haberse divorciado de su marido por una infidelidad de aquel, seguía utilizando su apellido de casada tanto en este caso como en numerosos expedientes mineros.

En dicho folleto comienza hablando de política energética nacional y la apatía del gobierno y graba a fuego una frase profética: "Hasta el último escolar sabe que nuestras montañas están repletas de minerales, que en el subsuelo de la república toda entera, se hayan entrelazados los yacimientos de combustibles y que con estas riquezas, no sólo podemos cubrir nuestras necesidades, sino alimentar…las industrias del orbe".

Luego plantea la necesidad de no trabajar en bruto el esquisto, sino de darle valor agregado. Discute las ventajas del esquisto sobre el petróleo de pozo y hace un estudio global sobre los esquistos bituminosos en general, especialmente su distribución en las montañas de Argentina.

Finalmente expone sus ideas y explica los métodos que desarrolló para destilar los esquistos y obtener decenas de productos comerciales (gas-oíl, nafta, gas, aceites livianos y pesados, grasas lubrificantes, kerosene, sulfato de amoníaco, coque, vidrio negro, azabache, parafina sólida, fenol, alquitranes y benzol).

La minería y la humanidad

La filosofía de Lola Mora queda reflejada en un aparte titulado "Reflexiones" donde señala: "Como la naturaleza está compuesta de cuanto encierra la creación con todos los elementos para recrear y desarrollar la inteligencia del hombre dando a cada uno de ellos su utilidad y provecho para el bien de la humanidad, estamos obligados a estudiar hasta encontrar su aplicación, en la forma sencilla y múltiple con que nos presenta todos los principios, de que está dotada y sus componentes hasta llegar a un fin práctico para su aprovechamiento". Luego apunta que: "Todo está previsto por la naturaleza y dispuesto para la conservación del hombre; entonces es al hombre, que toca encontrar con sus estudios y dedicación, las grandezas que encierra la naturaleza e insistiendo sin desfallecer, seguiremos a tientas la existencia de algo más grande". Una visión antropocéntrica, cuasi religiosa.

Lola Mora le confiesa a Arrieta: "Siento en mi laboratorio, entre mis aceites minerales, la misma emoción que sentía en mi taller de escultora...". El folleto de 1926, en papel barato y tapas de cartulina naranja, publicado en alguna vieja imprenta anónima del microcentro de Salta, fue reproducido íntegramente en mi libro: Alonso, R. N., 2018. La visionaria y genial Lola Mora. Pionera Mujer en Minería y Petróleo. Mundo Gráfico Editorial, 118 p.; ISBN 978-987-698-212-2, Salta, el que fuera declarado de interés de la Cámara de Diputados de la Provincia de Salta por Resolución N° 359 del 23 de septiembre de 2018.

El viejo periodista español José Rodriguez Rebollar, que la conoció personalmente en la década de 1920, la recuerda ya entrada en años, como "una dama menuda, vivaz, movediza, cabellos blancos, de ojos vivísimos, de frente despejada y de facciones y aptitudes delicadas". En pocas palabras se refiere a Lola así: "Rindamos el homenaje que merece su alcurnia artística, su talento, su sensibilidad, su nobleza de sentimientos, su altivez espartana, su tesón y su constancia".

Lola Mora falleció pobre y olvidada un 7 de junio de 1936, en Buenos Aires, luego de gastar ingentes recursos en aras de demostrar el potencial minero y petrolero que encerraba el subsuelo argentino. Un sueño en el que también la acompañó su hermano Romualdo Mora, hoy también completamente olvidado. Sus sobrinas de Buenos Aires, en la ignorancia, quemaron los valiosos papeles y la correspondencia que ella atesoraba. En su memoria reeditamos en el libro de marras el raro opúsculo que se salvó de la hoguera y constituye una pieza de valor único para los bibliófilos y estudiosos de la obra de Lola Mora. Este año los argentinos en general y los salteños en particular tenemos el enorme compromiso de recordar y homenajear a esta mujer excepcional.

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