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Santilli genera cautas expectativas de un cambio que llegue a las provincias

Miércoles, 01 de julio de 2026 01:31
Diego Santilli.

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La incorporación de Diego Santilli supone un cambio sustancial en el perfil del funcionario, y una intención de cambio en el gobierno, que así insinúa un "retorno a la política".

En primer lugar, la trayectoria recorrida por el reemplazante de Manuel Adorni es abismalmente diferente de la biografía de su antecesor. Santilli es político profesional, que sabe negociar y sabe cómo hacer los negocios. No solo lo demostró en su gestión como ministro del Interior; así se despeñó en todos los cargos políticos que ocupó.

A su lado, Adorni es un bisoño, apenas un gruñón que convirtió irregularidades graves en escándalo, simplemente, por llevar a su mujer en el avión presidencial, lo cual no corresponde, y por usar aviones privados y explicarlos con ingenuidades. Así desencadenó una catarata de denuncias penales, construida por la falta de tacto propia de los principiantes.

Otro rasgo diferencial lo representa el nuevo vocero Ignacio Devitt, a cargo también de la subsecretaría de Relaciones Parlamentarias e Institucionales y la de Proyectos Estratégicos y la de Análisis y Planificación. Por lo pronto, este politólogo con experiencia en administración empresaria, en sus primeros contactos con el público se mostró informado, idóneo y con gestos de amabilidad.

El tiempo dirá qué se mejora y qué rumbo se va tomando.

Santilli, como era de esperar, no ahorró elogios para Javier Milei, al que calificó como el "presidente más transformador de la historia argentina".

Para hablar de la historia, primero hay que conocerla. Y para hablar de transformación no hay que apresurarse a anunciarla, sino que hay que esperar a que la sociedad la descubra por sí sola.

Más de la mitad de los gobernadores acompañaron a Santilli a su llegada a un cargo que puede servirle de lanzamiento personal hacia una nueva escala política.

El jefe de Gabinete se ganó ese apoyo en sus meses de ministro del Interior, mérito de su capacidad de cerrar acuerdos, alentar esperanzas y tranquilizar a los gobernadores en tiempos de ajuste.

En principio, ese puede ser el principio de una arquitectura política (y electoral) apuntalada en las provincias con gobiernos afines. Habrá que ver cuáles son los beneficios para los provincianos.

Si la política sigue siendo pensada, mayoritariamente, como negocios de poder, el apoyo de los gobernadores no necesariamente va a traducirse en apoyo de la ciudadanía.

En otras palabras, lo ideal sería que Santilli favoreciera un acuerdo para una reforma tributaria, previsional y, también, de los sistemas de recaudación y distribución de los ingresos entre Nación y Provincias, porque esa es una de las vigas maestras para un desarrollo federal que se traduzca en calidad de vida.

Un reciente informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA indica que las provincias más vulnerables del país están en el NOA y el NEA. En las áreas rurales, hay poblaciones enteras en condiciones de precariedad absoluta. Y en los barrios periféricos de las ciudades proliferan los jóvenes con escasa educación y sin expectativas. La política de ajuste centrada en el gasto social y en los despidos masivos en entidades como el INTA o la CNEA, y ni qué hablar del recorte a la investigación universitaria no genera expectativas en toda esta gente, y lo mismo pasa con el recorte a la obra pública.

¿Tendrán interés los gobernadores en avanzar en esta dirección en su vínculo con Santilli? ¿O la buena onda solo los proveerá de garantías para el financiamiento del modelo clientelar, predominante en las provincias?

Milei desplazó a Adorni porque era un peligro para su proyecto personal. Habría que ver si el nuevo jefe de Gabinete (y los gobernadores) avanzan ahora hacia el federalismo productivo, y con contenido social. Parece una quimera, pero debería ser un objetivo.

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