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Más que el vasto territorio de lo permitido, lo interesante para el análisis jurídico está en el límite. Cómo lo interpreta una sociedad determina su relación con la ley y de ahí su conducta, más o menos predecible. Desde el crédito internacional hasta su tolerancia a la corrupción.
La relación de la sociedad argentina con el límite se entiende mejor desde su prehistoria: a partir de 800 años de cruenta lucha española contra el invasor, casi por el centímetro, pareciera que heredamos una cultura de fronteras indecisas y móviles, nunca fijas. De allí el dicho colonial "la ley se acata, pero no se cumple" o "hecha la ley, hecha la trampa".
Esa mirada informó nuestro devenir histórico. Bien lo sintetizó Mafud en su "Historia de la viveza criolla": el Martín Fierro y el truco reflejan un vínculo con el sistema jurídico del orden de la indiferencia y la ruptura. Los límites dejan de ser fronteras para convertirse en desafíos, como si las columnas del non plus ultra de Hércules fueran una invitación a avanzar y no una advertencia para detenerse.
Vamos al fútbol, máxima expresión sociológica de los argentinos, para entenderlo mejor. En un largo recorrido que pasa por un gol con la mano en el margen de la excepción, estamos presenciando una inversión, que desde el deporte está mostrando a una sociedad un modo distinto de relacionarse con el límite, tan posible como eficaz.
Messi vence el tiempo y el espacio. A una edad impensada para el alto rendimiento, muestra su mejor versión en una superficie cada vez más reducida. Pero no es todo; acá viene lo mejor: es dentro de los límites que imponen las reglas, y desde un lugar insólito para muchos: la ejemplaridad. Porque no simula, no critica, no se queja; muestra con hechos y no con palabras. Lo suyo, y esto es lo notable, es expandir la frontera de la ley (hasta de la física) pero no quebrantarla.
Cumple a rajatabla con las dos máximas que informan las reglas de cualquier deporte: fair play (juego limpio) y self respect (auto dominio). Es un lugar moral desde el que invita a romper con una tradición jurídica. Porque eso es lo que está haciendo: a conciencia o no, desde el ejemplo está diciendo que se puede estirar el límite del tiempo y el espacio, pero respetando el marco que impone la ley. Expresa un acto de fe en sus condiciones, al tiempo que lo hace en las reglas y el juez que la aplica.
Es singular y esperanzador: en un mundo que parece volcarse a una regresión atávica cercana a la viveza criolla, cuestionando los límites de la ley internacional en todos los frentes, hasta en una tarjeta roja, aparece un personaje que indica desde el fútbol, al mundo, a viejos y jóvenes (sobre todo), otro camino: el de la ley y el orden. Eso es, en su expresión más profunda, la seguridad jurídica. Tanto como las leyes y los planes financieros importan las conductas, porque a fin de cuentas todo se reduce al ejemplo, de arriba hacia abajo. Disfrutemos y aprendamos.