inicia sesión o regístrate.
Esta nota fue redactada en la mañana del lunes 13 de julio, un día antes de la primera semifinal, entre España y Francia, y a dos de la segunda, entre Argentina e Inglaterra. Como el lector advertirá rápidamente, las tres historias elegidas parecen pequeñas comparadas con estos grandes choques del deporte más popular y a la vez, el juego más hermoso del mundo.
El primero de julio, en uno de los partidos de los dieciseisavos de final, jugaron ese equipo africano y el seleccionado de Inglaterra. Ya consumada la victoria de éste, el entrenador del equipo del Congo, el francés Sébastian Desabre, se presentó a la conferencia de prensa y empezó a responder las preguntas de los periodistas acreditados.
En eso estaban hasta que todos fueron interrumpidos por el jefe de prensa del seleccionado congoleño, para decir: "Anunciamos que el entrenador ha perdido a su padre. Mis más sinceras condolencias." Las cámaras tomaron la expresión conmocionada del entrenador, que dijo gracias, se levantó de la mesa y abandonó la sala de prensa, sin continuar la conferencia.
No se sabe qué fue lo que pasó después con ese jefe de prensa. Alguien debería haberle hecho saber que lo que hizo fue un golpe bajo, inoportuno, carente de buen gusto y sobre todo, de humanidad. Cualquier otro en su lugar hubiera esperado que finalizaran las preguntas, llamar aparte al entrenador y darle semejante noticia, frente a frente, y ahí sí, darle la mano y expresarle condolencias.
Esto pasó poco después de finalizado el encuentro eliminatorio entre las selecciones de Francia y Paraguay. El triunfo francés, conseguido cerca del final del tiempo reglamentario por un tiro penal ejecutado por Kylian Mbappé, hizo que el seleccionado de ese país pasara de ronda y así eliminara al equipo sudamericano.
El partido ya había terminado y se generó un incidente tomado por las cámaras de la transmisión oficial. Se ve cuando el arquero paraguayo, Orlando Gill, se acerca a Mbappé para saludarlo, pero éste sigue sus pasos sin mirarlo; Gill, molesto, teniendo todavía el balón entre sus manos, se lo arrojó suavemente en la espalda. Eso fue todo, pero ahí. Algo más sucedió lejos del estadio en el que se jugó ese partido, primero en el Paraguay y después aquí, en nuestro país.
Evidentemente molesta por lo que sucedió con Mbappé dentro de la cancha y con el resultado, una senadora de la República del Paraguay, Celeste Amarilla, se refirió al futbolista en su cuenta de "X", diciéndole, entre otras lindezas, "camerunés colonizado"; que "en vez de leche materna chupaba cocos"; "que jugaba con los monos", etc.
No le bastó con eso. En una extensa publicación posterior, ensayó una extraña justificación diciendo que había estudiado en su país, el Paraguay, en un colegio francés desde los dos hasta los diecisiete años; que hablaba ese idioma; que cantaba "La Marsellesa" - el himno nacional de Francia- y que en ese colegio se honraba tanto la bandera francesa como la paraguaya.
Para que nadie lo dudara, se detuvo nuevamente en el futbolista diciéndole, como si lo conociera: "El problema es entre vos y yo. Nunca dije nada de Francia. Mi problema es contigo". Olvida la senadora que su pasado estudiantil no explica para nada sus recientes expresiones racistas, vertidas contra una persona de piel negra, por su ascendencia africana.
Obviamente, el presidente del Paraguay y la presidencia del Senado que todavía integra Amarilla coincidieron en decir que las afirmaciones de la nombrada no representaban al país. El futbolista dijo algo parecido en respuesta a la senadora. Lo mismo hizo el presidente francés. Por su parte, la Federación Francesa de Fútbol anunció que presentaría una denuncia penal contra tales comentarios racistas. Al respecto, se sabe que ya se inició una investigación penal en una fiscalía francesa.
Pero, por tercera vez, la senadora Amarilla redobló su apuesta racista ante sus propios pares, en el recinto del Senado paraguayo. Qué quiere que le diga. Sorprende que siga en funciones, sin corrección alguna precisamente de sus colegas senadores. En nada ayuda a su país y a lo que dijo representar: un pueblo hermano latinoamericano. Nada que ver con el equipo, que hizo todo lo que pudo frente a un rival que, hasta el miércoles era considerado por la crítica como candidato firme a ganar la Copa en la cita del domingo próximo.
Mire cuántas coincidencias hay entre esta historia y la anterior. Las opiniones a las que nos referiremos fueron publicadas después del partido entre Francia y Paraguay. Se repite la mención al futbolista francés Mbappé. Ahora se agrega al seleccionado francés. Lea y piense qué le parece lo que dijo la doctora -es médica- Hebe Casado, vicegobernadora de Mendoza, en su cuenta de "X": "Muy bien Paraguay. El equipo africano flojo de modales. No lo aguanto a Mbappé".
La primera respuesta provino del Embajador de Francia en la Argentina, señor Romain Nadal, quien declaró a la señora vicegobernadora persona no grata; le prohibió pisar la sede diplomática, ni compartir actividades con autoridades de su país, a menos que se retracte. Además, ese diplomático dijo que el racismo no es una opinión, es un delito; y que no hay lugar para el racismo en la cooperación franco-argentina.
Al igual que la senadora paraguaya, la vicegobernadora de Mendoza, no se detuvo en sus tan particulares expresiones. Así, en declaraciones al diario "Los Andes", de esa provincia, dijo que sus dichos - de los que nunca se retractó - responden al folclore futbolero (sic); lo que sigue es textual: "El que no lo entiende de esa forma es porque debe tener algún problema no resuelto".
No sé si a usted le pasa lo mismo con estas expresiones soberbias de una funcionaria de alta jerarquía, auto percibida como infalible y con las cualidades necesarias para diagnosticar algo que está mal en los demás.
Todavía falta algo más. La señora vicegobernadora dijo que quiere pruebas y que le expliquen dónde hubo discriminación: por qué se considera que decir africano es un insulto. Insistente, agregó que si alguien toma esa palabra como racista, es porque considera a los africanos algo inferior y que ella no los consideraba inferiores. No repetiremos lo que ya nos parece esta clase de afirmaciones.
Lamentablemente para ese discurso frágil e inconsistente, poco antes de estas expresiones públicas, la vicegobernadora había compartido en "X" un cuadro que da cuenta de los doscientos ochenta y nueve (289) jugadores que no visten la camiseta del país en que nacieron. Debajo del cuadro, el título decía: "Francia es la selección de África". Está todo dicho.
En su propia provincia, la señora Casado recibió duras críticas por lo que dijo. Entre otras, le dijeron desubicada, maleducada y racista. Recién después de esta aparición desafortunada, se supo que había empezado a actuar en política en el PRO y que, desde mayo del año pasado, se fue a La Libertad Avanza. De paso, alguien recordó que ya había generado polémicas con otras declaraciones sobre la educación pública y ciertas carreras universitarias.
La FIFA, entidad máxima del fútbol mundial, empezó desde hace tiempo una campaña que sabe que será larga contra el racismo en ese deporte. Hay gestos, como por ejemplo detener un partido apenas el árbitro escuche los cantitos "amistosos" en alguna parte del estadio; se hacen formaciones especiales de los equipos, para difundir el mensaje contra el racismo y hacer saber que se juega a fondo; se sancionaron a futbolistas por cometer actos racistas contra colegas; etc. Habrá que insistir en eso y ponerse en frente de expresiones como las que fueron materia de esta nota. No es momento de relativizarlas, de ninguna manera.