PUBLICIDAD

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
PUBLICIDAD

El avance del terrorismo

Sabado, 18 de julio de 2026 01:29
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

Hoy se cumplen 32 años del atentado terrorista contra la comunidad judía y contra la Argentina. Un conductor suicida, identificado como libanés, hizo estallar un utilitario en la puerta de la AMIA, en la calle Pasteur de la Capital Federal, destruyendo esa sede y dejando 85 muertos y cientos de heridos en varios edificios vecinos.

Dos años antes, otro atentado similar había arrasado una cuadra de la calle Arroyo, donde estaba la embajada de Israel. Ambos fueron atribuidos a la organización Hezbollah, con sede al sur del Líbano pero que responde a la teocracia iraní.

En el caso de la AMIA fueron identificados varios funcionarios iraníes, para quienes se reclamó la captura internacional. Y los sucesivos gobiernos denunciaron sistemáticamente a Irán ante los organismos internacionales.

En 2011, un acta de entendimiento entre el gobierno de Cristina Kirchner y el entonces presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, presentada como una forma de hacer que los acusados con pedido de extradición declararan ante un tribunal argentino, pero en Teherán, mientras una "Comisión de la Verdad" integrada por juristas internacionales analizaba las pruebas del atentado contra la AMIA.

El fiscal del caso AMIA, Alberto Nisman, en enero de 2015 denunció al acuerdo, con pruebas, calificándolo como un "pacto de impunidad". Ese fin de semana apareció muerto. Claramente, en ese acuerdo la Argentina cedía la soberanía de su propio Poder Judicial. La muerte de Nisman está calificada por la Justicia como asesinato.

Tres décadas con sangre derramada, muchas familias arrasadas y sin ningún condenado.

Las interferencias de los servicios de inteligencia obstruyeron cada etapa de los trámites judiciales, embarraron la investigación e imposibilitaron la construcción de pruebas sólidas y contundentes, ya que cuando las hubo, siempre surgieron elementos para empañarlas.

De ese modo, cientos de miles de páginas de expedientes se convirtieron en hojarasca. Y las heridas siguen abiertas.

Pero en estas décadas, además, el fin de la Guerra Fría tras la caída de la Unión Soviética quedó muy lejos de aquellos sueños del Fin de la Historia, de la ilusión de un mundo capitalista y democrático, incluso de una "Paz Perpetua". El terrorismo, bajo diversas nominaciones y disfrazado de ideología y fundamentalismo, se expandió por el planeta. Pero no solo se convirtió en un enemigo identificable, huidizo y, sobre todo, instalado en los territorios de los países occidentales; esa ruptura de las reglas de la guerra clásica contagió a las fuerzas regulares de todos los países.

El antisemitismo que caracteriza a los tres atentados en nuestro país se convirtió en anti-occidentalismo. Frente a ese fenómeno, la ONU se mostró frágil y desorientada. Y las guerras, que se siguen incrementando, fueron adquiriendo perfiles genocidas. Los ataques con drones y misiles son devastadores e impiadosos contra la población civil. Y es el escenario que venimos observando en los últimos cuatro años, desde la invasión de Rusia a Ucrania, y luego en la guerra desencadenada entre Israel y EE. UU. contra Irán, que se expande por todo Medio Oriente.

La Argentina sufrió los atentados de los '90 y no pudo responder con la fuerza de las instituciones. EE. UU. respondió a la destrucción de las Torres Gemelas con una injustificable invasión a Irak. Pero los resultados hablan por sí solos. Y son desalentadores. Israel respondió al ataque genocida de Hamás, el 7 de octubre de 2023, con una respuesta militar sobre el pueblo palestino. Benjamin Netanyahu y Donald Trump, por esa vía, prolongan el conflicto.

La ONU debería salir de su letargo y los líderes mundiales, asumir que en la guerra de la era de la IA no solo fracasan, sino que terminan jugando el mismo juego del terrorismo.

Nuestras víctimas, y las de todo el mundo, se merecen, en serio, una diplomacia mundial que ponga límites a la barbarie.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD