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El Bermejo: el gigante dormido que puede cambiar el Norte argentino

Mientras el mundo reorganiza sus corredores logísticos, protege sus recursos hídricos y planifica el desarrollo de las próximas décadas, Argentina posterga uno de los proyectos con mayor capacidad para transformar el Norte Grande y fortalecer la integración nacional.
Sabado, 18 de julio de 2026 01:29
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Los países no heredan su desarrollo. Lo construyen.

Mientras usted lee estas líneas, millones de metros cúbicos de agua del río Bermejo continúan su recorrido hacia el Paraná y, finalmente, hacia el Río de la Plata y el océano Atlántico. Lo hacen exactamente igual que hace quinientos años. La naturaleza mantiene inalterable su curso. Lo único que todavía no ha cambiado es la decisión de la Argentina de transformar esa inmensa riqueza natural en una verdadera estrategia de desarrollo.

Hay países que construyen su futuro administrando la coyuntura. Otros lo hacen imaginando las grandes obras que transformarán su territorio durante las próximas décadas. La diferencia entre unos y otros no radica solamente en la magnitud de sus recursos naturales ni en su capacidad económica. Radica, sobre todo, en la calidad de su pensamiento estratégico.

La historia demuestra que las naciones que cambiaron su destino nunca esperaron que el desarrollo llegara por inercia. Lo planificaron. Lo financiaron. Lo construyeron.

Belgrano promovía la navegación de los ríos, el desarrollo de la agricultura, el comercio y la educación como pilares de una nación próspera. Alberdi sostenía que gobernar era poblar, producir y organizar el territorio. Joaquín V. González comprendía que el federalismo solo podía consolidarse mediante infraestructura, integración y conocimiento. Todos ellos compartían una misma convicción: el desarrollo no era un hecho espontáneo; era una decisión política sostenida.

Hoy, nuestra agenda pública se encuentra absorbida por la urgencia. La inflación, el déficit fiscal, el tipo de cambio, la inseguridad o los procesos electorales ocupan diariamente el debate. Son problemas reales que requieren respuestas inmediatas. Pero mientras discutimos el presente, dejamos de pensar el país que queremos construir dentro de treinta o cincuenta años.

Quizás allí resida la mayor debilidad de la Argentina contemporánea. No padecemos únicamente un déficit fiscal y de infraestructura, padecemos, sobre todo, un déficit de visión estratégica.

Y pocas oportunidades representan con tanta claridad esa deuda pendiente como el desarrollo integral de la cuenca del río Bermejo.

Mucho más que un río

Durante décadas, el proyecto fue presentado como una obra de canalización. Esa descripción, aunque técnicamente comprensible, terminó reduciendo el debate a una cuestión de ingeniería hidráulica.

Pero el Bermejo nunca fue solamente un río y su aprovechamiento nunca debió pensarse únicamente como una obra. Hoy deberíamos hablar de un Sistema Integral de Desarrollo de la Cuenca del Río Bermejo. La diferencia no es semántica. Es conceptual.

Hablar de una canalización conduce a discutir kilómetros de canales, esclusas, embalses o presupuestos. Hablar de un sistema integral obliga a pensar en agua, energía, producción, logística, ambiente, integración regional y desarrollo territorial. Es decir, obliga a pensar el país.

El agua dejó de ser simplemente un recurso natural. En el siglo XXI se ha convertido en uno de los principales activos estratégicos del planeta. La seguridad alimentaria, la transición energética, la adaptación al cambio climático, la competitividad logística y el abastecimiento de las ciudades dependen, cada vez más, de la capacidad que tengan las naciones para administrar inteligentemente sus recursos hídricos. El mundo ya comprendió esa realidad, pero Argentina todavía no parece haberlo hecho.

Valor estratégico del Bermejo

Cuando comenzaron los primeros estudios integrales sobre el Bermejo, durante la segunda mitad del siglo pasado, el escenario geopolítico era completamente diferente. La minería del litio no existía, el Corredor Bioceánico Capricornio era una aspiración, el Ferrocarril Belgrano atravesaba décadas de deterioro y el agua era considerada un recurso inagotable.

Hoy la realidad es otra; el Norte argentino se encuentra en el centro de una transformación silenciosa. La consolidación del Corredor Bioceánico Capricornio abre una nueva puerta de integración entre el Atlántico y el Pacífico. El crecimiento de la minería del litio y del cobre convierte al NOA en uno de los territorios con mayor proyección económica del continente. La recuperación del Ferrocarril Belgrano Cargas y la importancia estratégica de las rutas 34 y 81 fortalecen un sistema logístico que hace apenas veinte años era impensable.

En paralelo, las sequías prolongadas y las inundaciones cada vez más frecuentes recuerdan que el agua será uno de los principales factores condicionantes del desarrollo en las próximas décadas.

Una oportunidad

Toda gran política pública necesita una visión, pero también una dimensión. Y pocas veces la sociedad argentina ha tenido verdadera conciencia de la escala del proyecto concebido para el río Bermejo. Los estudios elaborados en las décadas de 1970 y 1980 imaginaron una transformación territorial sin precedentes para el Norte argentino.

En una primera etapa, proyectaban la incorporación de más de 780.000 has. bajo riego, el abastecimiento de agua potable para 200 localidades, la construcción de un sistema de embalses con capacidad para regular caudales, generar energía hidroeléctrica y sostener nuevas actividades productivas. Naturalmente, cualquier iniciativa contemporánea debería ser revisada, actualizada y adaptada a los estándares del siglo XXI. Pero esas cifras siguen cumpliendo una función fundamental: permiten comprender la magnitud de la oportunidad que durante décadas permaneció prácticamente ausente del debate nacional.

No hablamos de mejorar una actividad económica, hablamos de transformar un territorio. Porque el desarrollo nunca es consecuencia de una sola obra, es el resultado de una infraestructura capaz de multiplicar oportunidades.

El agua organiza el territorio: allí donde el agua está garantizada florecen las comunidades. Donde existe agua administrada inteligentemente aparecen productores, industrias, inversiones, escuelas, hospitales, caminos y ciudades. El agua genera arraigo, permite que las familias permanezcan en sus lugares de origen porque encuentran oportunidades para trabajar, producir y proyectar su futuro. En tiempos donde muchas localidades del Norte argentino enfrentan un constante proceso migratorio hacia los grandes centros urbanos, pensar la infraestructura hídrica también es pensar el equilibrio territorial.

El costo de la inacción

En Argentina solemos preguntarnos cuánto cuesta construir una gran obra pública. Es una pregunta legítima, pero existe otra que casi nunca formulamos. ¿Cuánto cuesta no construirla?

La economía denomina a ese fenómeno costo de oportunidad. En el caso del río Bermejo, ese costo lleva más de medio siglo acumulándose silenciosamente. Cada año que transcurre sin una estrategia integral para la cuenca representa nuevas oportunidades perdidas para el desarrollo regional. Pero, sobre todo, significa renunciar a una herramienta capaz de modificar estructuralmente el desarrollo del Norte Grande.

Existe además un aspecto poco conocido fuera del ámbito técnico, pero de enorme importancia para la economía argentina. El río Bermejo transporta una de las mayores cargas naturales de sedimentos del continente. Gran parte de ese material continúa su recorrido hacia el sistema Paraguay–Paraná hasta depositarse, finalmente, en los canales de navegación del Paraná inferior y del Río de la Plata.

Ese proceso obliga al Estado argentino y a los concesionarios de la vía navegable a tareas de dragado para mantener la profundidad necesaria que permita operar a los buques de gran porte.

En consecuencia, una estrategia moderna de manejo integral de la cuenca - que incluya regulación de caudales, control de la erosión en las subcuencas críticas y obras hidráulicas correctamente diseñadas - podría contribuir a disminuir parte del transporte de sedimentos hacia el sistema inferior.

El Bermejo deja de ser una cuestión exclusivamente regional y pasa a convertirse en un asunto de interés nacional. Cada mejora en la eficiencia del sistema hídrico repercute también sobre la competitividad del principal corredor exportador argentino.

Inversión y retornos

Pocas iniciativas públicas reúnen simultáneamente tantos efectos positivos: más agua para producir, mayor superficie bajo riego, mayor seguridad hídrica, más energía renovable, mayor competitividad logística, integración con el Corredor Bioceánico Capricornio, fortalecimiento del Belgrano Cargas, nuevas oportunidades para la agroindustria, la forestación, el turismo y los servicios, y posibles ahorros asociados al mantenimiento del sistema de navegación fluvial.

Estamos frente a una infraestructura capaz de producir beneficios económicos, sociales, ambientales y geopolíticos al mismo tiempo. Y ésa es precisamente la característica que distingue a las obras transformadoras.

Resulta oportuno, entonces, que los legisladores nacionales de Salta, Formosa, Chaco, Santiago del Estero y Santa Fe impulsen una agenda parlamentaria común destinada a promover la actualización integral de los estudios existentes, fortalecer el rol de la Comisión Regional del Río Bermejo (COREBE), convocar a universidades nacionales, científicos, a los colegios profesionales, a las entidades empresariales y gestionar el financiamiento necesario para desarrollar un Plan Maestro para el Desarrollo Integral de la Cuenca del Río Bermejo.

Mientras usted termina de leer estas líneas, el río Bermejo continúa su recorrido hacia el Paraná y el océano Atlántico.

La historia dirá si nuestra generación decidió dejarlo pasar… o convertirlo en el punto de partida de una nueva etapa de desarrollo para la Argentina.

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