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El noroeste argentino ha sido el teatro de grandes desplomes de las laderas de las montañas. La naturaleza tectónica del edificio andino da lugar a relieves con fuertes pendientes. Por su parte el clima ataca esos relieves buscando degradarlos en un continuum del espacio-tiempo.
En el caso del norte argentino la dinámica de las placas oceánica de Nazca y continental sudamericana hace que el sistema siga funcionando por decenas de millones de años levantando montañas y volcanes hasta rozar los casi 7 km sobre el nivel del mar y desplazando sierras y valles en un tren tectónico que se traslada hacia oriente antes de hundirse profundamente en la llanura chaqueña.
La dinámica de la Tierra
En esa dialéctica de la naturaleza, en esa lucha de los opuestos en la construcción y destrucción del relieve, los Andes son un ejemplo emblemático de primer orden mundial.
Aun cuando no lo veamos, las montañas se mueven milímetros o centímetros cada año, lo que hace que ellas crezcan en un promedio de 1 km por cada millón de años. Y lo importante no es la tasa, la que varía a lo largo y ancho del edificio andino, sino señalar que no existe el fijismo estático del sentido común sino, por el contrario, hay un movilismo invisible que transforma el paisaje en un fluido.
En este extraordinario devenir, las montañas se elevan y los ríos las cortan profundamente. No es raro ver prominencias desde el lecho de un río hasta las cumbres de las montañas vecinas que superan los 3 y hasta 4 km generando elevadas pendientes verticales en cortas distancias horizontales. Ello genera montañas con laderas inestables que pueden ceder por distintos eventos geológicos o climáticos. Lo más común son los terremotos cuya intensidad puede hacer ceder esas laderas y desplomarlas pendiente abajo.
Cuanto más inestable sea la ladera debido a las rocas que la conforman y de su organización espacial geométrica a menor escala sísmica se puede disparar el desplome. Dicho de otra manera, un sismo de escala mayor a 5 puede disparar un colapso de montaña. Y hay casos de grandes movimientos de ladera que probablemente fueron disparados por megaterremotos. A veces solo terremotos y otras veces por la concurrencia de periodos húmedos que tenían fuertemente lubricadas a las rocas de la montaña logrando que su desplome fuera más fácil.
Fuera del control humano
Lo cierto es que estos fenómenos están fuera del control humano y una vez que se producen mueven millones a decenas de millones de toneladas de rocas que cambian la fisiografía del paisaje. Si ello ocurre en regiones montañosas aisladas es solo una anécdota geológica.
El problema es cuando el hombre interfiere con sus obras de infraestructura que pueden quedar destruidas en cuestión de minutos. Existen cantidad de ejemplos históricos de lagos naturales o embalses artificiales que cedieron por cuestiones geológicas y tuvieron consecuencias catastróficas.
Todos estos temas atrajeron a Salta en la década de 1980 al Dr. William J. Wayne (1922-2019). Este viejo geólogo de la Universidad de Lincoln en Nebraska, veterano de la Segunda Guerra Mundial, estaba fascinado con la geología andina y quería comprobar in situ la presencia de desplomes de montaña. Fue él quien descubrió en la entrada a la Quebrada de las Conchas, sobre la ruta 68 a Cafayate, que una de las laderas del cerro Quitilipi había colapsado y se formó allí un dique que bloqueó el paso de las aguas y creó un lago natural. Ese lago llegó hasta Puente Morales, tuvo una extensión de 15 km y en su fondo se depositaron arcillas donde vivieron pequeños gasterópodos. Wayne sacó las conchillas de esos invertebrados y les hizo analizar su edad la que dio 5.000 años. Conclusión, hace cinco mil años se desplomó la ladera del Quitilipi, bloqueó la quebrada generando un dique natural, se formó un lago con acumulación de arcillas en su fondo hasta que un día el dique se rompió y el lago cedió corriente abajo arrastrando todo a su paso. Esta situación, en distintas épocas y lugares, se repitió a lo largo y ancho del norte argentino, en sus valles y quebradas profundas, con ejemplos por doquier.
De mucho mayor calibre fue el desplome de la ladera del cerro El Zorrito, que bloqueó la salida del río Calchaquí, formó un lago desde Tolombón hasta San Carlos que cubrió todo el ancho del valle y en donde se depositaron arenas micáceas y arcillas. Un día el lago se vació catastróficamente, las arenas se removieron por el viento para dar las dunas de Cafayate y las arcillas quedaron como materia prima mineral para uso de los alfareros.
En la década de 1990 toda la fenomenología de roturas de laderas, avalanchas de rocas, formación de diques y lagos naturales, edades y mecanismos de los desplomes, entre otros múltiples aspectos geológicos fue impulsada por el Prof. Dr. Manfred R. Strecker de la Universidad de Potsdam y un amplio grupo de colaboradores. Decenas de trabajos científicos en revistas internacionales dieron cuenta de los avances en esta temática.
Uno de los lugares donde se puso especial atención fue en la Quebrada del Toro. Allí jirones de montaña están rotos a gran altura con ríos y quebradas que los cortan profundamente dejando en todas partes laderas altamente inestables. Muchas de ellas sufrieron colapsos gigantescos generando diques naturales y lagos que duraron milenios. Los alemanes llaman a este fenómeno "Bergsturz", "Trümmerstrom" o "Sturzstrom".
Un lago en la quebrada
Precisamente pasando la localidad de Ingeniero Maury sobre la RN 51 y en camino a San Antonio de los Cobres, aparece a mano izquierda uno de estos gigantescos desplomes de montaña. En lo alto se encuentra el Cerro Bayo, un núcleo de rocas pizarrosas marinas grises que está coronado por la caliza amarilla cretácica de la Formación Yacoraite. Todo el bloque de montaña se movió por una falla que monta a las rocas terciarias jóvenes. Probablemente un megaterremoto rompió la ladera y produjo el desplome que cerró a la Quebrada del Toro hace 30.000 años de acuerdo con las edades carbono-14 que arrojaron las conchillas que se depositaron en el gran lago que se formó en el lugar.
El "Sturzstrom de Maury" dejó una cicatriz tipo anfiteatro con un diámetro de 1 km y una masa rocosa que cayó 400 m hacia abajo antes de formar una inmensa colada de materiales rotos que bajaron a gran velocidad y formaron una lengua de más de 3 km de largo por 1 km de ancho y que movió pendiente abajo unos 30 millones de toneladas de rocas. Estamos hablando de una masa de rocas rotas que bajó a más de 100 km por hora por la ladera de la montaña y que en algunos lugares se movió en contra de la gravedad para sortear obstáculos del relieve. Una extraordinaria masa caótica de rocas fragmentadas angulosas de distintos tamaños que bajó a gran velocidad a favor de la gravedad hasta estrellarse en la ladera opuesta de la quebrada para formar ese dique natural que bloqueó las aguas del río Toro.
No se conoce con certeza la física que actúa en estos casos. Se han propuesto desde "colchones de aire" en la base del deslizamiento que evitaría la fricción hasta la fluidización acústica que propone como hipótesis que las vibraciones entre fragmentos reducen la fricción y aceleran la masa rocosa en movimiento. En algunos lugares se sabe que el calor en la base del flujo catastrófico fue tan intenso que se produjo la fusión del material por la fricción en los escombros en movimiento.
Esas rocas fusionadas han recibido nombres curiosos como "friccioncitas", "frictitas" o "hialomilonitas".
La evolución de las rocas
Probablemente haya una amplia gama de situaciones cinemáticas que expliquen esta fenomenología. En una visita al lugar se aprecia una enorme masa caótica con porciones de formaciones geológicas engullidos y desplazados ladera abajo. Se observa una gran cantidad de "harina de roca" formada por el material triturado como si hubiese pasado por una chancadora. El material involucrado son rocas rojizas del Terciario que se desplazaron en la base del gran flujo y material pizarroso gris que se superpone y que pertenece a las rocas marinas precámbricas. Como si los terrenos se hubiesen invertido estando lo nuevo por debajo de lo más antiguo.
Más allá de todas las cuestiones técnicas lo impresionante es ver cómo, desde que ocurrió el evento treinta mil años atrás, la colada del "Sturzstrom de Maury" ha sufrido una severa erosión que se facilita por los materiales blandos y triturados que la componen. Numerosas quebradas menores han ido desgarrando la superficie y no solo dejaron expuesta la anatomía interior de la avalancha, sino que dieron lugar a paisajes extraños que semejan ruinas góticas en unos casos o "penitentes de nieve" en otros. La reconstrucción del evento muestra que la masa caótica desplomada desde las montañas occidentales formó un tapón natural de al menos 1 km de ancho por unos 100 m de altura. Ese tapón actuó como un dique al escurrimiento de las aguas y formó un gran lago donde se depositaron hasta 20 metros de arcillas durante la era glaciar. El lago debió durar algunos miles de años antes de vaciarse y dejar solo relictos de su existencia.