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Duty Free en la frontera, competencia desleal

Viernes, 31 de julio de 2026 02:32
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El reciente Decreto 438/2026, que habilita la instalación de tiendas libres de impuestos "Duty Free Shops" en los pasos fronterizos terrestres -entre ellos Salvador Mazza y Aguas Blancas—, fue presentado desde Buenos Aires como una gran noticia para el norte salteño. En un primer momento generó expectativa: más movimiento, más inversión, una frontera "revalorizada". Sin embargo, cuando en el Centro Empresario de Tartagal revisamos "la letra chica" de la medida, la realidad que asoma es muy distinta a la que se anunció y merece ser dicha con claridad y sin especulaciones.

El esquema de concesiones que habilita el decreto está pensado, en los hechos, para que grandes grupos empresarios, muchos de ellos ajenos por completo a la región, instalen un local, contraten una dotación mínima de personal y operen bajo un régimen de excepción impositiva total. No hay en esta lógica ningún mecanismo que garantice derrame económico real hacia la comunidad ni compras a proveedores locales, ni encadenamientos productivos, ni inversión sostenida en el tejido comercial del departamento San Martín. Es una isla fiscal dentro de un territorio que necesita lo contrario: integración y arraigo económico. Mientras tanto, el comercio Pyme de Tartagal y de toda la región, el que abre sus puertas todos los días, el que sostiene empleo genuino, el que paga Ingresos Brutos, tasas municipales, cargas patronales y convive con costos de servicios e inflación como cualquier otro comercio del país deberá competir, a pocos kilómetros de su local, con un mega comercio exento de impuestos.

No hace falta ser especialista en economía para advertir la asimetría: no es competencia, es una desventaja estructural impuesta por decreto. Y cuando el Estado habilita semejante diferencia de condiciones entre quien invierte capital extrarregional bajo un régimen de privilegio y quien invierte su vida en un comercio de barrio, la pregunta que corresponde hacer no es si habrá "más movimiento" en la frontera, sino a costa de quién.

Este tipo de decisiones vuelve a poner en evidencia un problema de fondo: se diseñan en Buenos Aires, sin conocer ni consultar la dinámica social, laboral y comercial del norte salteño. Se legisla sobre la frontera sin sentarse con quienes la habitan y la sostienen económicamente desde hace generaciones. El resultado es una medida que puede lucir exitosa en un comunicado de prensa nacional, pero que, en el territorio concreto en Tartagal, en Salvador Mazza, en todo San Martín se traduce en más presión sobre un entramado Pyme que ya viene golpeado.

Desde el Centro Empresario de Tartagal no nos limitamos a la crítica: proponemos una alternativa concreta y de fondo. Exigimos la reglamentación y aplicación efectiva de la Ley de Zonas de Frontera y de los regímenes impositivos diferenciales ya previstos en la normativa vigente, pero que hoy permanecen sin implementación real en nuestra región.

La verdadera solución para el desarrollo del departamento San Martín no pasa por una franquicia aislada, gestionada por capitales externos y con beneficios fiscales para unos pocos. Pasa por extender el alivio impositivo y los beneficios fiscales a todos los comercios y pymes locales: a los que levantan la persiana todos los días, a los que generan y sostienen el empleo genuino de nuestras familias, a los que apuestan por Tartagal incluso en los momentos más difíciles. Si el Estado nacional reconoce que la actividad comercial fronteriza merece un tratamiento especial, ese tratamiento debe alcanzar a quienes ya construyeron la economía real de la región.

Desde el Centro Empresario de Tartagal hacemos un llamado firme pero dialoguista al Gobierno Nacional y al Gobierno Provincial: es momento de sentarnos a debatir, con los actores locales en la mesa, políticas inclusivas que protejan el empleo genuino, fortalezcan el entramado comercial de Tartagal y de toda la región de frontera, y no profundicen una desigualdad que, tarde o temprano, termina pagando el pueblo que sostiene esta economía todos los días. La frontera puede y debe crecer. Pero ese crecimiento tiene que incluirnos, no dejarnos afuera.

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