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Los famosos estromatolitos del norte argentino

Estas estructuras calcáreas y de origen bacteriano nos remontan al origen de la vida. Tienen un gran valor para la ciencia y son un rasgo común en las rocas de nuestra región.
Lunes, 03 de agosto de 2026 01:42

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Los estromatolitos se hicieron mejor y popularmente conocidos a partir de los hallazgos que realizó en 2009 la Dra. María Eugenia Farías en ambientes actuales de la Puna, entre ellos en los "Ojos de Mar" de Tolar Grande en Salta.

La palabra se volvió un vocablo de uso común. Sin embargo, arrastra una larga historia ya que el norte argentino tiene formaciones geológicas repletas de esos estromatolitos. Aparecen mayormente en las rocas calcáreas que se depositaron en la época de los dinosaurios y que reciben el nombre de Formación Yacoraite en Argentina y Formación El Molino en Bolivia. Aunque también se encuentran ejemplos soberbios en las rocas que se depositaron a continuación, esto es durante el Paleógeno.

Para explicarlo de manera simple, los estromatolitos son tapices algales formados por una mezcla de carbonatos y materiales terrosos que se acumulan en capas finas arrepolladas. El nombre estromatolito ("Stromatolith") se lo puso en 1908 un geólogo alemán, el Dr. Ernest Louis Kalkowsky (1851–1938) a partir de las palabras griegas "tapiz" y "roca". Sin embargo, esas rocas arrepolladas, con extrañas formas de cerebros o de coliflores, habían sido observadas desde muy antiguo en distintas geografías. En la vieja Europa eran consideradas como "caprichos" o "juguetes" de la naturaleza o bien "piedras figuradas". Su apariencia podía llevar a múltiples interpretaciones sobre su origen y se creía ver allí lo que se quería ver.

El feto "extraterrestre"

Un caso emblemático se produjo en Salta, en la década de 1980, que desató una curiosa polémica periodística. Un minero de Cafayate, don Ricardo Liendro, aseguró que había encontrado un "feto petrificado" y lo promocionó en el viejo diario El Intransigente. Hasta un ginecólogo local se animó a escribir un informe sobre el supuesto feto, que comenzó siendo humano y de una remota antigüedad y se terminó transformando en el feto de un extraterrestre. A tal punto fue la cosa que el ufólogo español J. J. Benítez lo incluyó en uno de sus libros al que tituló: "Mis enigmas favoritos".

La historia original fue rescatada parcialmente por el Dr. Domingo Jakúlica (1921-2006) en su libro "Los geólogos no somos de piedra", una obra autobiográfica que publicó en su tiempo la Fundación Capacitar.

Vestigios del Arcaico

Los estromatolitos son sumamente importantes por todo lo que ellos representan. Son la evidencia de vida más antigua que se conoce en el planeta. Aparecen en rocas australianas del más remoto periodo Arcaico y se acercan a los 3.450 millones de años de antigüedad. Desde entonces han permanecido presentes en todos los periodos geológicos llegando hasta la actualidad.

Precisamente son un extraordinario ejemplo viviente en las playas de Shark Bay en Australia donde hoy pueden ser apreciados y estudiados. Ello se considera el mejor ejemplo mundial de aplicación del "Principio del actualismo", esto es, aplicar lo que ocurre hoy para explicar los procesos del pasado. El presente como una herramienta o llave del pasado.

En Shark Bay, en aguas celestes y cristalinas, se pueden investigar a las cianobacterias vivas que crecen unas arriba de otras a razón de un milímetro por año. Forman montículos y columnas de hasta medio metro de alto, que crecen lentamente entre las líneas de marea. Son firmes al tacto, cálidos bajo el calor del sol y ligeramente pegajosos. Se presentan como una especie de tapices biológicos, con una "piel" viviente y fotosintetizadora tan delgada como una hoja de papel.

El origen de la vida

Cuando conversamos de todo esto, es importante reflexionar qué estamos hablando del origen mismo de la vida con esos comienzos tan humildes de bacterias sin núcleo, es decir procariotas. La liberación de oxígeno libre por la fotosíntesis fue uno de los saltos más importantes para la evolución. La aparición de las células eucariotas llevó a la aparición de organismos más complejos (el hombre entre ellos) y a la formación de la capa de ozono, el delicado escudo protector de toda la vida sobre la Tierra.

Los exobiólogos, científicos que trabajan en la búsqueda de alguna remota posibilidad de vida extraterrestre, piensan que tal vez en alguna galaxia haya un mundo tenebroso y no desarrollado donde toda la exuberancia de la vida se detiene en la fase estromatolítica.

Los estromatolitos son verdaderos "fósiles vivientes" que han desafiado sin extinguirse a todos los cambios climáticos y catastróficos que soportó la Tierra a lo largo de su extensa historia. Tocar esos estromatolitos en la bahía australiana de Shark Bay es como remontarse en el tiempo y acariciar algo que debió ser igual unos tres billones de años atrás, en el origen de la vida del planeta Tierra.

En el norte argentino hay ejemplos por doquier de esas playas de estromatolitos, la mayoría de la época de los dinosaurios. El cañón del río Juramento, en una navegación de rafting, pasa por viejas playas exhumadas que muestra capas llenas de estromatolitos. Se conjugan allí el levantamiento tectónico andino que puso a las rocas en posiciones casi verticales y la erosión del río que los dejó a la vista. En las mismas capas aparecen marcas del oleaje fósil (conocidas como ondulitas) y también huellas de dinosaurios. Un extraordinario muestrario de estromatolitos se encuentra en las rocas del perilago del dique Cabra Corral. Rocas con formas de grandes almohadones aparecen por doquier. Todas ellas son esos curiosos estromatolitos a los que generalizadamente se los engloba como "algas fósiles" pero que como dijimos son acumulaciones carbonáticas de viejos tapices microbianos.

En el Valle del Tonco, donde se encuentran conservados los mejores ejemplos de huellas de dinosaurios, hay también una vieja playa exhumada de estromatolitos, que están fuertemente marcados por el oleaje. Los estromatolitos están claramente pisados por los dinosaurios. Ese es uno de los mejores ejemplos de la conservación de una fotografía en el tiempo de lo que fue un paisaje de esa época de aguas azules y cálidas donde hoy reina el desierto calchaquí.

Los estromatolitos, cuando se aprende a distinguirlos, se los encuentra por todas partes en las calizas amarillas de nuestra geografía. No solo formando parte de los estratos rocosos sino también diseminados en los rodados de los ríos. Tienen las más variadas formas, ya que algunos se parecen a cerebros con su neocórtex, otros a almohadones, otros a coliflores o repollos e incluso se los ha confundido con troncos fósiles, esto último debido a las capas milimétricas superpuestas que recuerdan los anillos de crecimiento de los árboles.

La historia de los descubrimientos de estas rocas en nuestra región viene desde antiguo. Por ahora fue el sabio francés Alcides D'Orbigny (1802-1857) quién los observó en Bolivia en la década de 1830 y solo les llamó "calcáreos ondulados". Más tarde, en la década de 1920, dos alemanes, Gustav Steinmann (1856-1929) y Carl H. Fritzsche (1895-1968) les llamaron "Pucalithus", creando una palabra del quechua y del griego, traducida como "roca roja".

El conde Guido de Bonarelli (1871-1951), explorador del petróleo salteño, se limitó a llamarlos un "fósil problemático". Los estudios más importantes realizados en Salta, que pasaron desapercibidos a los estudiosos del tema, fueron los llevados a cabo por el italiano Joaquín Frenguelli (1883-1958) en su enciclopédico trabajo de 1937 sobre la Quebrada de las Conchas. Incluso bautizó a uno de los estromatolitos como "Gymnosolen saltensis" en homenaje a Salta. A partir de entonces los estromatolitos fueron mencionados en la literatura geológica como algo accesorio que estaba allí presente.

El Dr. Carlos Console Gonella (1980-2022) brillante geólogo tucumano fallecido muy joven, retomó los estudios con nuevas ideas sobre la importancia que tenían los estromatolitos, ahora englobados bajo el amplio término de microbialitos. Los microbialitos son útiles para interpretar los viejos ambientes, correlacionar formaciones geológicas lejanas, ver si las capas están normales o invertidas y rescatar su valor como rocas almacenadoras de hidrocarburos. Los microbialitos conservan la memoria del clima, de la química y de la biota de las aguas en que se formaron y de allí su importancia mayúscula en la interpretación de los ambientes antiguos. Un grupo tucumano muy activo del INSUGEO-UNT-LILLO, continúa la obra de Console Gonella y han publicado importantes contribuciones sobre el tema, entre ellos Micaela Della Vedova, Gabriel López-Isla, Patricio Villafañe, Agustín Romano, Diego Herrera, Juan Lezama y Luis R. Horta.

Como puede verse, estas estructuras calcáreas y de origen bacteriano, que tienen un gran valor para la ciencia, son un rasgo común en las rocas de nuestra región. Aparecen por doquier como rodados en los cursos de los ríos de Escoipe, El Toro, Juramento, Calchaquí, Humahuaca y otros, incluso en bloques de gran tamaño. Un tema del mayor interés es que, cortados y pulidos, los estromatolitos quedan como una bella y curiosa roca ornamental que luce similar en color y textura al travertino. Su aprovechamiento, junto a otras rocas de aplicación, puede formar parte de un programa de minería social y artesanal para ser llevado adelante y a bajo costo por cualquier municipio del norte argentino.

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