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Las compañías norteamericanas de alta tecnología han despedido a más de 140.000 trabajadores de la más elevada especialización desde comienzos de 2026, muchos de ellos con más de 2 grados universitarios provenientes de las facultades del más alto nivel.
Las 4 grandes plataformas digitales -Amazon, Oracle, Meta/Facebook y Microsoft- responden por más de 50% de esos recortes. Lo notable es que esto ocurre cuando esos mismos cuatro gigantes han resuelto invertir este año más de 725.000 millones de dólares en la expansión de su capital, incluyendo la infraestructura energética constituida por centenares de redes y nodos de "Servers" y "Data centers" desplegados en todo el territorio estadounidense.
Al mismo tiempo, Estados Unidos experimenta una situación de casi pleno empleo, con una tasa de desocupación de 4.2%, de modo que se presenta la paradójica situación de que el sector de más elevada productividad estadounidense es, al mismo tiempo, el único que restringe su fuerza de trabajo. La razón de esta actitud es que están buscando nuevas y mayores fuentes de inversión en sus programas de alta tecnología. En suma, en Estados Unidos toda gira hoy sobre la inversión en Inteligencia artificial (IA).
Hay dudas en los mercados y también en los analistas excesivamente informados, sobre la prudencia de esta política híper-inversora. Pero donde no hay ninguna duda es entre los grandes protagonistas, ante todo las principales plataformas "high tech" y la totalidad de las "Start-ups" de Silicon Valley.
Esto es más que optimismo. Es el convencimiento absoluto entre los grandes y pequeños protagonistas de que ésta es una nueva época histórica; y a medida que avanza la fusión entre la IA y la totalidad de las actividades productivas y de servicios, las gigantescas ganancias de productividad que van apareciendo hacen cada vez más ostensible el acierto de la apuesta realizada en una tecnología que transforma la totalidad del sistema mundial en los próximos 10 años.
EE. UU va a la cabeza del mundo en lo que se refiere a la fusión entre la nueva tecnología y la totalidad de su sistema productivo, y abarca ya más de 40% del total de sus empresas, y aspira a lograr que sea el 100% en 2031.
Un debate semejante ocurre en la relación entre Estados Unidos y China y dentro incluso del propio gobierno norteamericano. Nvidia, liderada por Jensen Huang, magnate tecnológico taiwanés-estadounidense y figura central de esta nueva época histórica, urge a Donald Trump para que apueste 100% al desarrollo de los modelos "abiertos y gratuitos" IA y que sin temor alguno coloque la totalidad de los parámetros de sus descubrimientos de vanguardia en las redes globales de Internet. Es la posición exactamente opuesta a la que es un acto de fe para amplios sectores del Congreso y el Pentágono, que quieren restringirlas a toda costa, sobre todo frente a China, aduciendo preocupaciones de "seguridad nacional".
Jensen Huang y los otros integrantes de su facción (Palantir, Microsoft, Meta/Facebook) consideran esos argumentos irrisorios, porque hace a la naturaleza de la tecnología IA su carácter intrínsecamente cooperativo y no antagónico. Para Jensen Huang, Estados Unidos y China deben colocar la totalidad de sus modelos IA en la forma más "abierta y gratuita" posible; y que incluso advierte que los modelos "abiertos" de la República Popular "...son excelentes comenzado por DeepSeek; y que la industria norteamericana IA tiene mucho que aprender de sus colegas chinos".
Dice Huang que "...los grandes modelos IA son siempre los más utilizables; y por lo tanto deben ser rigurosamente copiados". Este personaje superior en todo sentido que es Jensen Huang parte de una doble premisa: la IA es intrínsecamente cooperativa y global y la única forma de competir eficazmente en el siglo XXI es profundizando la integración del sistema. Para suerte de Estados Unidos -y quizás del mundo- Trump la ha comprado con su característico entusiasmo.
El grupo de autores del "Manifiesto Súper-Optimista" de Silicon Valley - en primer lugar, Andreessen Horowitz y Elon Musk - , respaldados por el vicepresidente J.D. Vance, apoyan abiertamente la formula "abierta y gratuita" de la IA y dejan en un segundo lugar, cada vez más retrasados, a los timoratos adeptos al culto al miedo, los temores y los riesgos.
Hay que despreocuparse - dicen los "Súper-Optimistas"- de que los competidores chinos copien los modelos IA de Estados Unidos porque " de esa manera será cada más mayor la comunidad de investigadores y desarrolladores que traspasan los límites, desarrollan salvaguardias, y mejoran permanentemente los modelos originariamente norteamericanos".
Esta discusión fundamental se desarrolla hoy en el sector de punta del capitalismo norteamericano. En suma, es un sistema que hace culto del copiado y que aspira a emular lo que dice Jorge Luis Borges sobre Macedonio Fernández: "lo admiré hasta el plagio".
Lo asombroso es comprobar, por último, que la visión "Súper-Optimista" no es hoy un monopolio norteamericano, porque participa de ella también, guiada por su cultura de 5.000 años de historia, Xi Jinping, que siguiendo a Mao Tse Tung ha sostenido siempre que la única forma de "... conducir una tendencia es acelerar".