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Democracia es un término acuñado en la Grecia clásica y deriva de "demos" ( pueblo) y kratos (poder). El poder, la fuerza, el gobierno del pueblo.
En su versión actual, sus componentes vitales son sufragio libre, universal y secreto. A diferencia de la monarquía o la autocracia, requiere la plena vigencia del orden constitucional, la división de poderes (que garantiza en el Parlamento la presentación del pueblo y, en la Justicia, el respeto por la ley y los límites al poder), la libertad de opinión, de expresión y de prensa, y el derecho de las minorías a manifestarse. No hay democracia sin control y alternancia del poder. La Constitución Nacional establece para el gobierno de la Nación la democracia representativa republicana y federal.
Cuando un gobernante obtiene la mayoría absoluta, sea por el voto propio o por componendas con sectas de la oposición suele caer en la tentación de la demagogia y tiende a sortear los obstáculos que le opone el sistema. Aristóteles la llamaba "corrupción de la democracia". Y la encarna el líder que divide "ellos contra nosotros ".
Así, la democracia se enferma. La gente siente que el voto no le garantiza el trabajo, salario digno, ni servicios indispensables como la salud pública, la educación universal ni siquiera, el agua segura. Progresivamente, muere la confianza en la Justicia, en los legisladores y en los partidos políticos.
Entonces aparece el demagogo, que promete maravillas y reparte ataques contra "los del pasado, los opositores, los ambientalistas, los que quieren ejercer el derecho al control. Y ese control es insoportable para el déspota. Finalmente, solo los que están con él son a su juicio "el pueblo".
Sin frenos ni controles, el demagogo se convierte en tirano. Reclama todos los poderes para dictar leyes y para hacerlas cumplir. quiere reemplazar al Congreso y a la Justicia. De ahí a la tiranía hay un paso.
Mussolini y Hitler son el paradigma histórico, entre otras cosas, porque fueron tiranías que nacieron en el corazón de la democracia moderna. Hubo muchos otros que, elegidos por el pueblo, se aferraron al poder con persecuciones, muertes o campo del horror. El dictador solo acepta el sometimiento. Por eso se rodea de obsecuentes convierte al gobierno en la "suma del poder público".
Es el caso de, como lo señala la Constitución, "los infames traidores a la Patria".
El demócrata cumple con las leyes que se dictan sin presiones políticas ni persecuciones, El demócrata pide a los ciudadanos que participen, que controlen, que exijan informes. Y los funcionarios que respetan la democracia están dispuestos a informar y a dejar que los ciudadanos participen con opiniones con sugerencias y con fundamentos.
Democracia no solo es tener mayoría de votos en el momento del sufragio. Ese es solo el comienzo. Gobernar democráticamente es construir calidad de vida para todos los habitantes de la Patria.
Ni demagogos ni tiranos, Demócratas es lo que necesita un país. Y lo que los ciudadanos reclamamos, nos merecemos, sobre todo los que como ciudadanos aportamos con ideas, con trabajo, con educación. Demócratas que pidan al ciudadano que opine, que controle, que denuncie arbitrariedades. Y no demagogos, que solo reclaman fe ciega y sometimiento. Demócratas que piensen en el pueblo como la comunidad de compatriotas, con igualdad de derechos. Y no dictadores que ven en la oposición al enemigo, para el cual no hay derechos ni justicia. El demagogo nace del desencanto social con la democracia y termina siendo un sistemático generador de violencia verbal y física.
La democracia no es el paraíso en la tierra: es el sistema que permite a la gente vivir dignamente, aspirar legítimamente a contar con educación y trabajo, y que además puede desempeñarse sin sufrir discriminaciones de ninguna naturaleza, étnicas, ideológicas, religiosas, por discapacidad o pertenencia sexual. Y eso es lo que queremos y merecemos.